Buen día, me he desaparecido un tiempo, están acolapsada con tanta mierda que difunde este gobierno, poco apoco volveré a ventilar mentiras. Hoy les traigo este videito de trabajadores de centros comerciales ....
Presentan denuncia ante la Contraloría General de la República por entrega de información falsa del Presidente de la República en cadena nacional.
El abogado Luis Mariano Rendón presentó hoy una denuncia formal ante la Contraloría General de la República en contra del Presidente José Antonio Kast Rist, por infracción al principio de probidad administrativa consagrado en el artículo 52, inciso segundo, de la Ley Orgánica Constitucional de Bases Generales de la Administración del Estado.
La denuncia se funda en que, durante su segunda cadena nacional del 5 de agosto pasado, el Presidente afirmó que su Gobierno había recibido un país con "218 mil robos violentos solo el año pasado". Según constató el medio de verificación Fast Check Chile al día siguiente, esa cifra es falsa: los registros oficiales del Centro de Estudios y Análisis del Delito indican que los robos con violencia o intimidación durante 2025 fueron 69.777 casos, cifra que aun sumando los robos por sorpresa llega a 109.419, en ambos casos muy por debajo de lo sostenido por el Mandatario.
Según Rendón, «no se trata de un desliz oral, sino de una afirmación que quedó consignada en el comunicado oficial de la Presidencia y fue reproducida por numerosos medios citando esa fuente, y que sirvió para exagerar la situación heredada y magnificar los resultados que el propio Gobierno se atribuye. No se pueden usar los medios y recursos públicos para mentir, falsear supuestos avances del actual gobierno mediante la fórmula de mostrar un pasado mucho peor a la realidad, engañando así a la ciudadanía. Esto no tiene nada de inocente», concluyó.
🔴 ¿Para quién subieron más las remuneraciones en Chile?
Trabajadores: +3,2%
Ministros: +26%
Presidente: +61%
Tope asesores presidenciales: +81,5%
Para algunos, al parecer, el crecimiento sí llegó.
El problema nunca fue subir los sueldos. La pregunta es a quiénes y cuánto.
Hasta el momento los mayores beneficios se los lleva el presidente y su grupo cercano.
#CNNPrime | Nuevo estado de excepción constitucional anunciado por el gobierno: ¿Cuáles son sus riesgos?
Luis Cordero, exministro de Seguridad: "Es finalmente el reconocimiento a la transformación de las Fuerzas Armadas a cuestiones de orden y seguridad pública interior y eso implica transformar desde el mandato constitucional, pero en segundo lugar implica transformar la etapa de preparación y hacer una iniciativa de esas características, sin dimensionar esos aspectos, tiene un riesgo muy grande".
@tv_monica
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EL TONTO, EL MENTIROSO Y EL SINVERGÜENZA
En un país que podría ser el suyo, un Presidente debía resolver una encrucijada. Tenía tres candidatos y tres ministerios vacantes. El primero era un tonto, el segundo, un mentiroso y el tercero, un sinvergüenza. Cualquier parecido con la realidad, por supuesto, sería sólo mala suerte del lector.
Convocó entonces a su comité político. La discusión fue intensa. No porque dudaran de las capacidades de los postulantes, sino porque todos parecían extraordinariamente calificados para la política contemporánea.
El tonto debería ir a Educación propuso uno. Nadie defiende mejor la ignorancia que quien jamás ha sospechado que existe algo por aprender.
La idea tenía lógica. Después de todo, un ministro brillante podría despertar ciudadanos críticos, y eso siempre resulta incómodo. En cambio, un incompetente convierte el conocimiento en un trámite, la lectura en castigo y el pensamiento en una actividad sospechosa. Al cabo de unos años ya no hacen falta censores: basta con una población que dejó de hacerse preguntas.
Otro levantó la mano.
El mentiroso debe ser vocero de Gobierno.
El argumento era impecable. ¿Quién mejor que un experto en alterar los hechos para explicar la realidad? Allí la mentira deja de ser un defecto moral y adquiere categoría institucional. Las cifras siempre mejoran, las promesas nunca se incumplen, simplemente fueron “mal interpretadas”, y los errores pasan a llamarse “desafíos”. El idioma entero comienza a trabajar para ocultar la realidad.
Quedaba el sinvergüenza.
Algunos propusieron Hacienda. Otros, Obras Públicas. Hubo incluso quienes sugirieron que cualquiera de los dos ministerios serviría perfectamente, pues ambos administran presupuestos, licitaciones y contratos.
El sinvergüenza escuchó en silencio. Sabía que no importaba el cargo mientras hubiera suficientes recursos para confundir el interés público con el patrimonio familiar.
Sin embargo, alguien hizo una observación inesperada.
Estamos distribuyendo mal el talento. ¿Y si los tres ocupan todos los ministerios al mismo tiempo?
Se produjo un silencio respetuoso. Era, sin duda, la propuesta más vanguardista. Después de todo, la especialización ha pasado de moda. Hoy un tonto también puede mentir con convicción, un mentiroso puede administrar millones sin ruborizarse y un sinvergüenza suele aprender rápidamente a parecer respetable. Las fronteras entre los perfiles hace rato se volvieron difusas.
El Presidente sonrió satisfecho. Había encontrado el gabinete perfecto: uno donde cada ministro pudiera reemplazar al otro sin que nadie notara la diferencia.
La ceremonia de juramento fue impecable. Prometieron servir al país con honestidad, transparencia y dedicación. El tonto leyó el compromiso sin entenderlo. El mentiroso lo recitó sin creer una palabra. El sinvergüenza ya estaba calculando cuánto costaría el cóctel y quién pagaría la cuenta.
Los aplausos fueron largos. Los analistas hablaron de renovación, liderazgo y gobernabilidad. Los partidos celebraron los equilibrios alcanzados. Los medios destacaron el gesto republicano. Y las encuestas registraron un aumento inmediato de la confianza ciudadana, porque todavía existe una extraña capacidad colectiva para entusiasmarse con los envases antes de revisar el contenido.
Quizá esa sea la mayor ironía. Nos escandaliza descubrir que un tonto gobierna como un tonto, que un mentiroso miente o que un sinvergüenza roba. Lo extraño sería esperar lo contrario. Los gobiernos no suelen convertirse en aquello que prometen; terminan pareciéndose a las personas que elegimos para conducirlos.
El problema nunca ha sido decidir qué ministerio corresponde a cada uno. El problema comienza mucho antes: cuando una sociedad deja de considerar esas tres características como incompatibles con el poder y empieza a verlas como simples estilos de liderazgo. Ese día, la sátira deja de ser literatura, para convertirse en acta de sesión del Consejo de Ministros.
@MisColumnas
EL HOMBRE INÚTIL
Hay una ironía extraordinaria en nuestra época. Nunca la humanidad había sido tan inteligente y, sin embargo, nunca el individuo había dependido tanto de aquello que no sabe hacer.
Llevamos en el bolsillo un teléfono capaz de traducir idiomas, resolver ecuaciones, guiarnos por cualquier ciudad del planeta, responder preguntas complejas y almacenar más información que la biblioteca de un rey medieval. Nos sentimos más capaces que nunca. Pero basta que la batería se agote para descubrir una verdad incómoda: gran parte de esa inteligencia nunca fue nuestra.
Era arrendada…
Durante miles de años, sobrevivir significó aprender. No porque alguien quisiera cultivar el conocimiento, sino porque la ignorancia podía costar la vida. Había que orientarse por las estrellas, reconocer el clima, reparar herramientas, sembrar, cocinar, construir, memorizar caminos, escribir cartas, encender fuego y resolver problemas con lo único que siempre estaba disponible: la propia inteligencia.
No eran héroes.
Eran simplemente personas autónomas.
Hoy sabemos utilizar tecnologías prodigiosas, pero cada nuevo avance parece exigir una pequeña renuncia. Dejamos de memorizar porque el teléfono recuerda. Dejamos de orientarnos porque el GPS decide. Dejamos de calcular porque una aplicación responde. Dejamos incluso de observar, convencidos de que siempre habrá una cámara registrando todo aquello que nuestros ojos ya no miran con atención.
Sin darnos cuenta, hemos comenzado a externalizar capacidades que durante milenios definieron lo que significaba ser humano.
El filósofo francés Bernard Stiegler advirtió que toda tecnología amplía nuestras posibilidades, pero también puede atrofiarlas cuando dejamos de ejercitarlas. Una herramienta no sólo resuelve un problema; también puede convencernos de que ya no vale la pena conservar la habilidad que reemplazó.
No es la máquina la que nos debilita. Es el abandono silencioso de nuestras propias facultades.
No se trata de romantizar el pasado. La medicina, las comunicaciones, la ciencia y la ingeniería han mejorado la vida de maneras extraordinarias. Sería absurdo negarlo. El problema comienza cuando confundimos comodidad con capacidad, cuando creemos que el acceso es conocimiento y cuando la velocidad simula inteligencia.
Un carpintero de hace ciento cincuenta años jamás habría entendido qué es un algoritmo. Pero podía levantar una casa. Un marinero desconocía los satélites, aunque cruzaba el océano guiándose por el cielo. Un campesino ignoraba la inteligencia artificial, pero sabía leer la tierra con una precisión que hoy pocos podrían imitar.
Nosotros conocemos la existencia de todas esas maravillas.
Ellos conocían el mundo.
Quizá esa sea la diferencia más profunda entre ambas épocas. Nosotros vivimos rodeados de información; ellos vivían rodeados de comprensión.
Tal vez el verdadero progreso no consista en construir herramientas cada vez más inteligentes, sino en evitar que ellas nos vuelvan progresivamente innecesarios.
Porque una civilización no empieza a empobrecerse cuando las máquinas aprenden a pensar.
Empieza a hacerlo cuando los seres humanos dejan de aprender a vivir sin ellas.
@MisColumnas
Impresentable.
Hoy se presentaría en el Museo O’Higginiano de Talca el libro: “Auschwitz, Colonia Dignidad y más, historias de héroes y canallas.” del escritor Gabriel Rodríguez, Premio Nacional a la Trayectoria Literaria.
Sorpresivamente, por orden del Seremi de las Culturas, la actividad fue suspendida, constituyendo un acto de censura inaceptable. Oficiaremos y exigiremos explicaciones al Ministro de las Culturas y al Delegado Presidencial del Maule. Esta acción nos recuerda a los círculos de protección de la colonia, lugar en que se cometieron los crímenes más horrendos de nuestra historia.
Arturo Squella, senador y presidente del Partido Republicano, prepone la venta de CODELCO, Correos de Chile, Puertos y otras empresas públicas.
conduce; Catalina Valenzuela para Piensa Prensa
#CNNChileRadio | Tomás Vodanovic, alcalde de Maipú: "Es sencillamente con impuestos generales de todos nuestros vecinos darle un subsidio de más de 30 mil millones de pesos a las 3 comunas más ricas de Chile. Hoy el Estado le da a Puente Alto 150 mil pesos por habitante- y le da a Las Condes más de 1 millón 150 mil pesos por habitante. Hay una alternativa; que el presidente ingrese un veto aditivo".
SE VENDE CHILE
Cuando gobernar consiste en vender el país por partes y llamar libertad al remate.
Hay una vieja diferencia entre administrar un patrimonio y liquidarlo. El administrador procura conservarlo, mejorarlo y heredarlo en mejores condiciones. El liquidador, en cambio, toma inventario, pone precio a cada activo y comienza el remate. La diferencia es sencilla: el primero piensa en las próximas generaciones; el segundo, en el próximo balance.
Por estos días vuelve a instalarse una vieja obsesión de la derecha más ideológica: privatizar Codelco, la mayor empresa cuprífera del planeta y, durante más de medio siglo, una de las principales fuentes de financiamiento del Estado chileno. No es una idea nueva. Es una pulsión permanente. Cada cierto tiempo reaparece envuelta en palabras elegantes: modernización, eficiencia, competitividad, libertad económica. Cambian los envoltorios, pero el contenido sigue siendo el mismo: vender aquello que pertenece a todos.
Resulta curioso que quienes predican el patriotismo con mayor entusiasmo sean, muchas veces, los primeros en ponerle precio a los bienes estratégicos del país. La bandera sirve para los discursos. Los recursos naturales, en cambio, parecen servir mejor cuando cambian de dueño.
Existe una curiosa forma de gobernar que consiste en reducir progresivamente el Estado hasta dejarlo incapaz de cumplir sus funciones esenciales. Primero se disminuyen impuestos a los sectores de mayores ingresos. Después se lamenta que falten recursos fiscales. Luego se declara que el Estado es ineficiente porque carece precisamente de los recursos que se le quitaron. Finalmente aparece la solución mágica: vender los activos públicos para cubrir el déficit previamente provocado. Es el pirómano ofreciendo sus servicios como bombero.
Mientras tanto, la deuda pública aumenta, el Estado pierde patrimonio permanente y los privados adquieren activos estratégicos financiados, muchas veces, con condiciones extraordinariamente favorables. El negocio es admirable… siempre que uno sea el comprador.
Todo esto se presenta como si fuera una gran lección de economía moderna. En realidad, tiene bastante de prestidigitación. Se privatizan las ganancias potenciales y se socializan los costos. Los beneficios quedan concentrados; las pérdidas, convenientemente distribuidas entre millones de contribuyentes. Es un sistema cuya principal virtud consiste en que siempre paga otro, un tal Moya.
Después viene la segunda etapa: ocupar sistemáticamente los espacios institucionales. Directorios, superintendencias, organismos reguladores, empresas públicas, servicios estratégicos. No para fortalecerlos, sino para alinearlos. El objetivo no siempre consiste en destruir las instituciones; a veces basta con convertirlas en una elegante decoración republicana.
Y mientras todo eso ocurre, la ciudadanía continúa atrapada en una discusión cuidadosamente diseñada para no hablar de lo esencial. Se debate sobre realities, una influencer a exceso de velocidad, un tal chino y dos parvularias, enemigos imaginarios y guerras culturales importadas, mientras las decisiones verdaderamente estructurales avanzan casi sin resistencia.
Quizá el éxito de este modelo no sea económico sino psicológico. Consiste en convencer a una parte importante de la población de que vender el patrimonio común constituye un acto de patriotismo; de que debilitar al Estado fortalece la libertad; de que concentrar el poder económico dispersa el poder político; de que gobernar para unos pocos termina beneficiando milagrosamente a todos.
No hace falta prohibir elecciones para erosionar una democracia. Basta con vaciar lentamente sus instituciones, concentrar la riqueza, colonizar los espacios de decisión y persuadir a los ciudadanos de que todo ello ocurre en nombre de su propia libertad.
Porque las democracias no siempre mueren entre tanques y fusiles. Algunas simplemente se venden en cómodas cuotas con excelentes campañas comunicacionales.
@MisColumnas
Lo que ocultan los medios en Chile:
🔴 Más de $1.000 millones en costo estimado por la alta rotación de autoridades del gobierno de Jose Antonio Kast.
🔴 La improvisación del gobierno de Kast también se paga con el dinero de todos los chilenos. La salida de 37 autoridades no solo tiene un costo político. También implica un costo económico para el Estado.
🔴 Si se consideran remuneraciones durante el período en funciones, procesos de nombramiento, instalación de equipos, inducción, reasignación de tareas y el ingreso de reemplazos, la rotación podría haber significado más de $1.000 millones en recursos públicos, sin considerar el impacto por retrasos en la gestión y la continuidad de las políticas públicas.
Fuente sobre el número de autoridades fuera del gobierno @daniloherrerad
El cobre es de Chile. Y lo vamos a defender.
Impulsar la venta de Codelco, como propone el Partido Republicano, es un acto vendepatria. Y lo dicen sin pudor. Quieren hacerlo rápido, antes de perder los votos que hoy les dan mayoría y que están amenazados por desafueros por casos de corrupción.