La información agregada lo dejó desconcertado, aunque su semblante apático no capturaba esa emoción que lo abatía recientemente. Apretó la madera del arco, marcando los dedos alrededor de la superficie cóncava. Mientras trataba de seguir lo que Koichi comunicaba con lenguaje de
escriben, pues se había olvidado traer los anteojos.
Arrugando el entrecejo, y forzando la vista, leía línea tras línea. Se acercará a los dos para no forzar los ojos-.
—Seres parasitarios han tomado a los pueblerinos, ¿no? Y qué con la niebla. ¿Necesitan de un clima húmedo?
La mano de su mejor amigo le indicó que estaba bien bajar la guardia; no obstante, como si hierba venenosa hubiese rozado su mano, miró fijamente el breve agarre con ojos afilados, luego al nuevo. La estática del televisor se dispersó, PADRE volvía a comunicarse con la banda para
explicar la situación.
¿Telekinesis? El nuevo parecía ser como Koichi, en el sentido de la comunicación. Entonces, ¿si era un nuevo miembro? ¿Qué pasaba con sus tutores? Demasiada información de golpe. El arco inclinó ligeramente hacia abajo, mas la guardia no bajó.
— ¿Qué le
El mensaje de Padre interceptó su teléfono móvil, en cuanto pudo leerlo una extraña sensación le embriagó. Era una especie de mal presentimiento, mal augurio, o quizás la típica sensación inquietante que ataca los nervios respecto a lo desconocido. Tooru quiso desobedecer la
depredador.
Con el arco en mano, no dudó en colocar a una velocidad hábil una flecha y con ella tensar la cuerda para apuntar a un objetivo desconocido.
— ¿Quién eres? Identifícate. —El cazador apuntaba al desconocido de cabellera rubia, quien nada más parecía ser un joven