Quien me vuelva a citar Irlanda al hablar del PIB le suelto este gráfico 🤣
Su PIB está muy condicionado por cuestiones contables. Así que mucho cuidado
Está todo el mundo hablando de La Casita de Bad Bunny pero tengo la sensación de que casi nadie sabe su historia y su genealogía, lo cual es un poco perverso porque la historia de La Casita es tan intrincada como una peli de terror psicológico.
La cosa —y la casa— tiene un principio, que está en Long Island en 1947. Allí un tipo llamado William Levitt miró un campo de patatas y vio, en lugar de patatas, el futuro de la clase media estadounidense, que para él tenía forma de diecisiete mil casas iguales. Literalmente Iguales.
Levitt había aprendido en la Marina a construir barracones a toda velocidad y aplicó la misma idea al baby-boom de posguerra: dividió la construcción de una casa en veintisiete pasos, puso a un hombre a hacer solo el paso nueve durante el resto de su vida natural, y empezó a escupir viviendas a razón de una cada dieciséis minutos. El que ponía los grifos no sabía clavar un clavo y el que clavaba no había visto un grifo, y entre todos, sin que ninguno entendiera la casa entera, levantaron un suburbio del tamaño de una provincia. Se llamaba Levittown.
Que tú dices pues muy bien, vivienda barata y rápida. Y sí, eso lo era. Y racista también, porque el contrato de esas casas idénticas incluía una cláusula que prohibía venderlas a cualquiera que no fuera de raza blanca. Estaba escrito. Con tipografía. O sea, la utopía de la clase media pero no me pongas negros ni hispanos cerca.
Así que tanto Levittown como todas las urbanizaciones que se construyeron en las afueras, también las que no tenían la cláusula explícita, se llenaron de blancos que huían de las ciudades —esto tiene nombre técnico, White Flight, la fuga blanca, que suena a maniobra militar y en el fondo lo era— dejando los centros urbanos a quienes no podían comprar un chalecito. El resultado fue un paraíso siniestro de céspedes idénticos donde todo el mundo era exactamente igual porque por contrato no podía ser de otro modo.
Unos quince años después, un funcionario de Puerto Rico se fue a Toa Baja, al norte de la isla, y desplegó sobre una mesa los mismos planos. Otro Levittown. La promesa de la clase media estampada en hormigón, y todo dentro de algo llamado Operación Manos a la Obra, donde las manos eran las de los boricuas y la obra de los gringos.
Aquí no había cláusula racial porque sería algo absurdo en un lugar tan mezclado como Puerto Rico y, claro, también porque en la isla la exclusión funcionaba por canales económicos, no por los del color de la piel. O no solo. El caso es que el módulo de Levitt entró y dentro de cada casita idéntica un puertorriqueño se instaló a desear exactamente lo que un señor de Long Island había decidido que un estadounidense debía desear.
Pasan sesenta años. La arquitecta Mayna Magruder Ortiz mira una vivienda real en Humacao, ahora al este de la isla, mira los planos de Levittown, y hace lo que hacen los arquitectos, que es copiar. Según algunas revistas de arquitectura, Mayna Magruder combina la herencia del XIX con la urbanización de posguerra, pero el resultado es una casa que está por todo Puerto Rico. Rosa pastel. Cornisas amarillas. Sillas de plástico monobloc, las que pesan ochocientos gramos y aguantan a un obispo, las que tu tío apila de seis en seis al final de la fiesta, el grado cero de la civilización con clima benévolo. También tiene la misma cubierta plana, salvo que aquí no es tejado sino un sitio para bailar, porque alguien decidió en una reunión que esa cubierta que durante toda la historia de la arquitectura caribeña sirvió para no morir bajo la lluvia, fuese ahora un escenario con aforo.
Pero lo que más conocemos todos es el balcón con marquesina. El balcón de la casa obrera puertorriqueña era el órgano social de la vivienda, el sitio donde se enfriaba la cerveza, se vigilaba al vecino y se conspiraba contra el casero, el único lugar donde la clase trabajadora hacía la cosa verdaderamente subversiva, que es estar junta sin pagar entrada.
En La Casita de Bad Bunny el balcón también tiene aforo. Quince personas. Y las quince son Ester Expósito, Los Javis, Lamine Yamal, una cantante llamada Judeline cuyo nombre se evapora a mitad de pronunciación, influencers cuya influencia también está en proceso constante de evaporación, además de unas cuantas chicas desconocidas, blancas y europeas pero disfrazadas de caribeñas a las que un ojeador —y la palabra es exacta— ha elegido para que puedan competir entre ellas por quién sale más segundos en las pantallas gigantes, cinco, trece, veintiuno. Ah, y Marta Ortega, presidenta de Inditex, que baila dentro de la réplica de una casa de clase trabajadora mientras por los altavoces suena un tema sobre la gentrificación de la isla, sobre la mudanza forzosa, sobre la bandera celeste de los independentistas, y nadie en el estadio detecta el cortocircuito porque no hay cortocircuito, el aparato fue diseñado para que la crítica del aparato circule por sus propias cañerías sin tocar jamás una pared.
Y así, la marquesina donde el bisabuelo no tenía dónde caerse muerto es hoy el lugar más caro del universo al que no puedes comprar entrada, porque no se vende, solo se concede, que es la forma final del lujo, el lujo que ni siquiera te deja la dignidad de pagarlo.
En 1967 —poco después de la Operación Manos a la Obra— Guy Debord dijo que la sociedad contemporánea no era una sociedad basada en la imagen, sino que era una sociedad *que es* imagen. La Casita es esa frase hecha hormigón rosa. La sociedad del espectáculo ha localizado una cosa sin mercantilizar —la nostalgia del barrio, la silla de plástico— y la ha mercantilizado tan a fondo que la ha construido a escala 1:1, la pasea por cuatro continentes y te cobra cien euros por verla de lejos y ni siquiera te das cuenta de qué es eso que ves de lejos.
El espectáculo ha engullido la historia de La Casita, la ha digerido, la ha metabolizado y la ha regurgitado convertida en lo que siempre devuelve el espectáculo después de comer, que es más espectáculo.
"Hay que ir hacia una ciudad diseñada como un ecosistema híbrido, mitad bosque, mitad ciudad. Para ello se necesitan zonas peatonales, suelos permeables y más árboles, así no haría falta huir de ella cada fin de semana" https://t.co/02hgEIyhTN
It is crucial to understand that this is a major reason for the West’s increasing belligerence toward China over the past decade. China’s development is challenging Western monopolies. This imposes a direct squeeze on Western profits but it also undermines a core tenet of imperialism.
The West’s monopoly power allows them to impose dependency on the global South. The South is forced to export large quantities of raw materials and intermediate goods in order to pay for imports at monopoly prices.
This produces large net flows from the global South, propping up the West’s growth and profits. If the West’s monopoly power declines, this flow gets cut off. They are desperate to prevent this from happening, to the point of fantasising about going to war with China to destroy China’s industrial base.
The West’s whole model for capital accumulation depends on Southern dependency. As that arrangement becomes increasingly unstable, the Western ruling class will become increasingly violent.
Cálculo de costes/beneficios externos, que pagamos (o disfrutamos) entre todos, de tres formas de moverse:
🚘 = 0,11€ por km. de coste
🚲 = 0,18 €/km. beneficio
🚶= 0,37 €/km. beneficio
Poverty in Germany rose to 16.1% in 2025, affecting 13.34 million people, according to the Parity Welfare Association.
The rate increased from 15.5% in 2024 and is up by about 1.2 million people since 2023.
The association warned of a "crisis-like situation" and urged the government not to cut social benefits.
Y todas se descalificarán y se convertirán en vivienda de mercado. En Madrid no hay ni una sola VPO. Todo es un teatrillo para q los bienes publicos y los privados regulados vayan cuanto antes al mercado. A veces, no hace falta q ni haya fraude tolerado. Todo atado y bien atado.
"Nuestros resultados sugieren que un buen funcionamiento del sistema de transporte público es particularmente importante para la calidad de vida", análisis de dos millones de hogares en Dinamarca.
💬 Me genera ansiedad y me bloquea -no es metáfora- la burocracia de la universidad pública española. Siempre hay un papel más, un justificante más, un trámite más, un cv 'normalizado' más, un nuevo portal en el que picar -dato a dato- el cv, etc. ¡Qué inmensa pérdida de tiempo!
Again! This is fake news. China's Defense Minister @MND_China has never said anything of the sort, nor would any other Chinese official ever utter such words.
Anyone with eyes can see this clumsy statement is clearly part of the so-called "cognitive warfare" — designed to smear China and stir up trouble between China and its neighbors.
Moreover, please note that this account is a fake impersonating China’s Ministry of National Defense. It was registered in Hong Kong and is not an official Chinese government account.
Official statements by the Ministry of National Defense spokespersons are available here. Verify for yourself:
CN: https://t.co/xdJRvxLYNI
EN: https://t.co/7mklUVae4H
X: @MND_China
Una muestra más de nuestra incapacidad estratégica. La industria parece clave en esta época. Alemania está subvencionando la energía a sus empresas de manera continua. Bardella ha afirmado que, cuando gobierne, su primera medida será ofrecer energía a precio cercano al coste a familias y empresas. La semana pasada, el presidente de Confindustria pidió un plan ambicioso para la industria italiana.
España tiene buenas bazas que jugar en ese cambio, por las energías renovables y por sus posibilidades como hub energético. Un precio barato, que se puede ofrecer, es una ventaja a la hora de producir. Pero lo que hemos decidido no es impulsar la industria, sino subvencionar a las empresas energéticas por meter energía en la red. Y ya aparece de nuevo el impuesto al sol. Parece que estamos equivocando las prioridades, una vez más.
I was sent this map without a source but I thought it was impressive nonetheless. It shows the SeaWorld parking lot in yellow. The green dot is where Orcas spend their lives.