Ojalá despertara ahora y me diera la vuelta, rodando hasta tu lado de la cama, susurrándote: "Tuve una pesadilla, ¿me abrazas?", y restregarme en tu pecho, en tu aroma a mío.
Una de las lecciones más extrañas del tiempo es que muchas cosas no mejoran ni empeoran. Solo pierden intensidad. El amor, la rabia, la vergüenza, la ambición. No desaparecen, se vuelven menos ruidosos. Y en ese volumen más bajo, uno empieza a escuchar cosas más importantes.