Periodista. Ex corresponsal La Vanguardia en Asia (10 años) y Europa (10 años). Colaboro con @eldiarioes y @RevistaAlterEco. Autor de #LaCaraOcultaDeChina
Views for @FT: "In practice, even with massive investment the #west could not decouple from #China in the short run because of Beijing’s stranglehold over many critical industrial materials. The challenge is not just how much it would cost, but about China’s ability to intervene to stop such decoupling because of its existing control over the supply of everything from rare earths processing to active pharmaceutical ingredients. "
https://t.co/qjuvzblfPE
El despegue del vehículo eléctrico en una década: China es el gran motor en números absolutos, pero sorprende la adopción en los países nórdicos y no sorprende para nada el rechazo en Estados Unidos, donde incluso su peso entre los nuevos coches vendidos ha bajado.
La Universitat d'Alacant exhibeix per primera vegada un valuós fons fotogràfic inèdit sobre la Guerra Civil format per imatges de l'agència Keystone
https://t.co/7iQ8V0wAEC @UA_Universidad
🧵 China's April data is out. The domestic demand rebound story? It's not happening.
Retail sales: +0.2% YoY (down from 1.7%) Goods sales: actually negative (-0.1%) Fixed asset investment: -1.6% Industrial output: slowing to 4.1%
The numbers don't lie. 👇
The one thing keeping China's economy afloat right now?
Exports. Net exports hit ~$85B in April alone.
When domestic consumers won't spend and businesses won't invest, you sell to the world. But that's a strategy with a ceiling — especially in today's trade environment.
What's really happening is a tale of two Chinas:
🔴 Domestic demand — quietly contracting 🟢 High-tech exports — genuinely world-class
This isn't a blip. There's no fundamental shift in the growth model. The bifurcation is deepening, not closing.
Luxembourg has become the first country in the world to make all standard public transport completely free, covering buses, trams, and trains nationwide.
Funded through taxes instead of fares, the policy aims to ease heavy traffic and cut emissions by encouraging people to leave their cars behind. By removing ticket costs and barriers, public transport is treated more like an essential public service, simple, accessible, and open to everyone, including visitors and cross-border commuters.
The results have been noticeable: more people are using public transport, roads are less congested, and urban air quality has improved. While premium first-class rail still requires payment, everyday travel is now seamless, just get on and go.
This bold approach has positioned Luxembourg as a global example of how making transport free can help shift habits toward greener, more sustainable travel.
Dominio histórico europeo en China llega a su fin.
En las décadas de 1990-2010, los fabricantes de automóviles europeos como VW, BMW y Mercedes entraron en China, construyeron una producción local masiva y capturaron una enorme cuota de mercado. VW en particular se convirtió en una fuerza dominante. Las marcas extranjeras, lideradas por europeas y japonesas, mantuvieron posiciones fuertes durante años (a menudo más del 50-60% combinadas), mientras que las marcas chinas locales empezaban mucho más débiles.
China no "lloró" ni se quejó de que los coches europeos estuvieran “matando” a la industria local. En cambio, utilizó las joint ventures para la transferencia de tecnología, protegió el mercado con aranceles y regulaciones, invirtió en sus propias capacidades y permitió que la competencia impulsara las mejoras. Las empresas chinas aprendieron fabricación, diseño, cadenas de suministro y branding.
En los años 2010-2020, las marcas nacionales (especialmente en vehículos eléctricos/NEV) crecieron con fuerza. La cuota de mercado de las marcas chinas locales en China pasó de alrededor del 30-40% a más del 60-70%, mientras que la de las extranjeras cayó bruscamente.
En el primer capítulo de El Arte de la Guerra, llamado “El Cálculo Inicial”, Sun Tzu presenta uno de los conceptos más importantes de todo el libro: las “Cinco Cosas” y los “Siete Cálculos” (五事七计).
Sun Tzu dice que la guerra es “asunto de vital importancia para el Estado: el terreno donde se decide la vida o la muerte, el camino hacia la supervivencia o la ruina”. Por eso, antes de pelear, hay que analizar todo con cabeza fría.
Su famosa frase es: “Quien calcula mucho, gana; quien calcula poco, pierde; ¡imagínate quien no calcula nada!”.
La idea es clara: primero ganas en la estrategia y después vas a la batalla.
El análisis con el que más cosas he aprendido hoy es este del FT:
The decapitation dilemma
Va un breve resumen:
Durante décadas hemos respetado una regla no escrita en la guerra: se combate al ejército enemigo, pero no se trata de asesinar a sus líderes como en las películas. Desde el Duque de Wellington negándose a disparar contra Napoleón en Waterloo por considerarlo "poco caballeroso", hasta las órdenes ejecutivas de la era Reagan que prohibían los asesinatos, el mundo respetaba esta norma por reciprocidad y soberanía.
Esto ha saltado por los aires gracias a la doctrina israelí y a Trump. Asesinar o raptar al líder rival no solo ya no es tabú, sino que se exhibe como un trofeo de guerra
El FT cita a un experto, Luca Trenta, que habla de cómo ha evolucionado esto:
-Fase 1 (Guerra Fría): Operaciones encubiertas y negación oficial (ej. intentos de la CIA contra Fidel Castro).
-Fase 2 (Post-1986): Ataques justificados como "daño colateral" o "defensa propia" (ej. bombardeo de Gadafi o la invasión de Irak contra Saddam Hussein).
-Fase 3 (Actual): Abandono total de la discreción. El asesinato se convierte en un espectáculo político y una herramienta estratégica explícita.
Finalmente, el analista se pregunta si es una estrategia provechosa. Y encuentra algunos motivos para ponerlo en duda.
- Si matas a toda la cadena de mando, te quedas sin interlocutores. ¿Con quién negocias la paz? El caos resultante puede ser peor que el régimen anterior.
- Destruyes el concepto de soberanía al reventar la base del "sistema de Westfalia" que ha mantenido el orden internacional durante 400 años.
- Creas las bases para una suerte de sistema feudal, pasando de una política de "intereses nacionales" a una de "intereses personalistas", donde la guerra se ve como una pelea física entre líderes y sus cortes de poder.
- Tiene efectos a menudo no deseados sobre el regimen descabezado: puede radicalizar a los sucesores, generar un efecto "rally 'round the flag" en la población local.
Prominent Chinese rights lawyer Xie Yang has been sentenced to 5 years after a secret trial. Before his arrest, Xie had tried to help a pregnant teacher forcibly held in psychiatric detention for speaking up against the censorship of a university lecturer: https://t.co/LheJlybfwI
Lean esto. Es muy importante. Es el discurso de este 20.01.2026 en Davos del primer ministro canadiense @MarkJCarney. Esto irá a los libros de historia. Más allá de tener las referencias correctas y estar muy bien escrito, Carney tiene el valor y la lucidez de llamar de una vez a las cosas por su nombre.
Es un placer —y un deber— estar con ustedes en este punto de inflexión para Canadá y para el mundo.
Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno.
Pero sostengo, aun así, que otros países —en particular las potencias medias como Canadá— no están indefensos. Tienen el poder de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.
El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.
Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben.
Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable: la lógica natural de las relaciones internacionales reimponiéndose. Y, ante esa lógica, existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad.
No lo hará.
Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?
En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista?
Su respuesta empezaba con un verdulero. Cada mañana, este tendero coloca un letrero en su escaparate: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. No lo cree. Nadie lo cree. Pero lo coloca de todos modos: para evitar problemas, para señalar conformidad, para llevarse bien. Y como cada tendero en cada calle hace lo mismo, el sistema persiste.
No solo mediante la violencia, sino mediante la participación de la gente común en rituales que, en privado, sabe que son falsos.
Havel llamó a esto “vivir dentro de una mentira”. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar —cuando el verdulero quita su letrero— la ilusión empieza a resquebrajarse.
Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus letreros. Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos impulsar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.
Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima.
Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas.
Así que pusimos el letrero en la ventana. Participamos en los rituales. Y, en gran medida, evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad. Ese pacto ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición. En las dos últimas décadas, una serie de crisis —financiera, sanitaria, energética y geopolítica— dejó al descubierto los riesgos de una integración global extrema.
Más recientemente, las grandes potencias empezaron a usar la integración económica como arma. Aranceles como palanca. Infraestructura financiera como coerción. Cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar. No se puede “vivir dentro de la mentira” del beneficio mutuo mediante la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Las instituciones multilaterales en las que se apoyaban las potencias medias —la OMC, la ONU, las COP—, la arquitectura de la resolución colectiva de problemas, están muy debilitadas.
Como resultado, muchos países están llegando a las mismas conclusiones. Deben desarrollar mayor autonomía estratégica: en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú. Pero seamos lúcidos sobre adónde conduce esto. Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible.
Y hay otra verdad: si las grandes potencias abandonan incluso la pretensión de normas y valores para perseguir sin trabas su poder e intereses, los beneficios del “transaccionalismo” se vuelven más difíciles de replicar. Los hegemones no pueden monetizar continuamente sus relaciones. Los aliados diversificarán para cubrirse ante la incertidumbre. Comprarán seguros. Aumentarán opciones. Esto reconstruye la soberanía —una soberanía que antes estaba anclada en normas—, pero que estará cada vez más anclada en la capacidad de resistir la presión.
Esta gestión clásica del riesgo tiene un coste. Pero ese coste de la autonomía estratégica, de la soberanía, también puede compartirse. Las inversiones colectivas en resiliencia son más baratas que que cada uno construya su propia fortaleza. Los estándares compartidos reducen la fragmentación. Las complementariedades son de suma positiva.
La pregunta para las potencias medias, como Canadá, no es si debemos adaptarnos a esta nueva realidad. Debemos hacerlo. La pregunta es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos —o si podemos hacer algo más ambicioso.
Canadá fue de los primeros en escuchar la llamada de atención, lo que nos llevó a cambiar de forma fundamental nuestra postura estratégica. Los canadienses saben que nuestra vieja y cómoda suposición de que nuestra geografía y nuestras membresías en alianzas conferían automáticamente prosperidad y seguridad ya no es válida.
Nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado “realismo basado en valores” —o, dicho de otro modo, aspiramos a ser principistas y pragmáticos. Principistas en nuestro compromiso con valores fundamentales: la soberanía y la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza salvo cuando sea coherente con la Carta de la ONU, el respeto de los derechos humanos. Pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser incremental, que los intereses divergen, que no todos los socios comparten nuestros valores.
Nos estamos comprometiendo ampliamente, de forma estratégica, con los ojos abiertos. Afrontamos activamente el mundo tal como es, no esperamos al mundo tal como quisiéramos que fuera. Canadá está calibrando sus relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores. Estamos priorizando un compromiso amplio para maximizar nuestra influencia, dada la fluidez del mundo, los riesgos que esto plantea y lo que está en juego de cara a lo que viene. Ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza.
Estamos construyendo esa fuerza en casa. Desde que mi gobierno asumió el cargo, hemos recortado impuestos sobre ingresos, ganancias de capital e inversión empresarial; hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial; y estamos acelerando un billón de dólares de inversión en energía, IA, minerales críticos, nuevos corredores comerciales y más allá. Estamos duplicando nuestro gasto en defensa para 2030, y lo hacemos de maneras que fortalezcan nuestras industrias nacionales.
Nos estamos diversificando rápidamente en el exterior. Hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea, incluyendo la adhesión a SAFE, los mecanismos europeos de compra de defensa. Hemos firmado otros doce acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes en los últimos seis meses. En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Catar. Estamos negociando pactos de libre comercio con India, la ASEAN, Tailandia, Filipinas y Mercosur.
Para ayudar a resolver problemas globales, estamos impulsando una geometría variable: diferentes coaliciones para diferentes asuntos, basadas en valores e intereses. En Ucrania, somos miembro central de la Coalición de los Dispuestos y uno de los mayores contribuyentes per cápita a su defensa y seguridad. En soberanía ártica, nos mantenemos firmemente junto a Groenlandia y Dinamarca y apoyamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia.
Nuestro compromiso con el Artículo 5 es inquebrantable. Trabajamos con nuestros aliados de la OTAN (incluyendo el Nordic Baltic 8) para asegurar aún más los flancos norte y oeste de la alianza, incluyendo inversiones sin precedentes en radar de alcance más allá del horizonte, submarinos, aeronaves y presencia terrestre.
En el comercio plurilateral, estamos impulsando esfuerzos para tender un puente entre el Acuerdo Transpacífico y la Unión Europea, creando un nuevo bloque comercial de 1.500 millones de personas. En minerales críticos, estamos formando clubes de compradores anclados en el G7 para que el mundo pueda diversificarse y alejarse de un suministro concentrado. En IA, cooperamos con democracias afines para garantizar que, en última instancia, no nos veamos obligados a elegir entre hegemones e hiperescaladores.
Esto no es multilateralismo ingenuo. Tampoco es depender de instituciones debilitadas. Es construir coaliciones que funcionen, asunto por asunto, con socios que comparten suficiente terreno común como para actuar juntos. En algunos casos, será la gran mayoría de las naciones. Y es crear una densa red de conexiones a través del comercio, la inversión y la cultura, de la que podamos valernos para desafíos y oportunidades futuras. Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú. Las grandes potencias pueden permitirse ir solas. Tienen el tamaño de mercado, la capacidad militar, la palanca para dictar condiciones. Las potencias medias no.
Pero cuando solo negociamos bilateralmente con un hegemón, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Esto no es soberanía. Es la representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación.
En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: competir entre sí por el favor o unirse para crear un tercer camino con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos ciegue ante el hecho de que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte —si elegimos ejercerlo juntos.
Lo cual me devuelve a Havel. ¿Qué significaría para las potencias medias “vivir en la verdad”?
Significa nombrar la realidad. Dejar de invocar el “orden internacional basado en normas” como si siguiera funcionando tal como se anuncia. Llamar al sistema por lo que es: un período en el que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coerción.
Significa actuar con coherencia. Aplicar los mismos estándares a aliados y rivales. Cuando las potencias medias critican la intimidación económica que viene de una dirección pero guardan silencio cuando viene de otra, estamos manteniendo el letrero en la ventana.
Significa construir aquello en lo que decimos creer. En lugar de esperar a que el hegemón restaure un orden que está desmantelando, crear instituciones y acuerdos que funcionen como se describen. Y significa reducir la palanca que permite la coerción.
Construir una economía doméstica fuerte debería ser siempre la prioridad de todo gobierno. Diversificar internacionalmente no es solo prudencia económica; es la base material para una política exterior honesta. Los países se ganan el derecho a posturas basadas en principios reduciendo su vulnerabilidad a represalias.
Canadá tiene lo que el mundo quiere. Somos una superpotencia energética. Poseemos vastas reservas de minerales críticos. Tenemos la población más educada del mundo. Nuestros fondos de pensiones están entre los mayores y más sofisticados inversores del planeta. Tenemos capital, talento y un gobierno con una enorme capacidad fiscal para actuar con decisión. Y tenemos los valores a los que muchos otros aspiran.
Canadá es una sociedad pluralista que funciona. Nuestro espacio público es ruidoso, diverso y libre. Los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad. Somos un socio estable y fiable —en un mundo que no lo es—, un socio que construye y valora relaciones a largo plazo.
Canadá tiene algo más: el reconocimiento de lo que está ocurriendo y la determinación de actuar en consecuencia. Entendemos que esta ruptura exige más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal como es.
Estamos quitando el letrero de la ventana. El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero, a partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esta es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina.
Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos. Ese es el camino de Canadá. Lo elegimos abierta y confiadamente. Y es un camino ampliamente abierto a cualquier país dispuesto a recorrerlo con nosotros.
Que la redacción de La Vanguardia @LaVanguardia haya elegido genocidio como palabra del año importa. Importa mucho.
Cuando el mundo parece haber pasado página con Gaza y los crímenes de guerra cometidos por Israel han quedado sin consecuencias, nombrarlo es un acto de memoria y de periodismo.
[Recap] The full verdict: Hong Kong media mogul Jimmy Lai has been found guilty of collusion and sedition in his national security trial. https://t.co/k6WmtF5Fh7
En el @CEARC_net estrenamos la #ColecciónDirasat junto a @CatarataLibros con la publicación del libro del profesor Bichara Khader “Un siglo de expolio y abandono en #Palestina”
Un libro fundamental que cuenta con prólogo de @HaizamAmirah
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Sanae Takaichi hace historia al convertirse en la nueva primera ministra de Japón, la única mujer en ostentar tal cargo hasta la fecha.
Su nombramiento no supone un triunfo progresista, sino todo lo contrario: un regreso a la ortodoxia conservadora de Abe.
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