Me costó mucho soltarte, pero al final sí lo hice. Releí ese mensaje varias veces antes de borrarlo. Te extrañé de la manera más silenciosa posible. Cuando veo algo que me recuerda a ti, deseo que estés bien, donde sea que estés. Gracias por no llamar, porque si habría contestado.
No voy a volver a ser joven, por eso sí mando mensajes larguísimos, doy los abrazos que me nacen, lloro cuando lo necesito, me río fuerte sin pena, amo con toda la intensidad posible y sé que de eso nunca me voy a arrepentir.