Hay momentos que definen una vida entera. El 11 de septiembre de 1973, con 18 años, Camilo Escalona salió a la calle bajo el estruendo del golpe militar. En el umbral, su madre lo despidió con un mandato de fuego: "No quiero que a mi casa vuelva un cobarde". Cumplir esa brújula moral costó caro: la persecución y 15 años de doloroso exilio antes de volver a verla.
Ante su muerte a los 71 años, ese coraje en tiempos aciagos se alza como su mayor legado. El joven impetuoso se convirtió en el hombre de Estado y Presidente del Senado que entendió, tras vivir el abismo, que la democracia se defiende con institucionalidad y realismo.
Chile despide hoy a un estratega clave que jamás claudicó ante el miedo. Escalona cumplió con creces el juramento de aquella trágica mañana: caminó con la frente en alto y nunca regresó como un cobarde.
#HonorYGloria
Aclarando ciertas cosas
Daniel Matamala
“Es un buen momento para ir aclarando ciertas cosas”, dijo, la mañana del martes 18 de agosto, el presidente José Antonio Kast.
“Mucho se ha dicho, mucho se ha escrito, mucho se ha comentado, sobre todo en diversas columnas, que yo podría ser el representante de un gobierno iliberal”, dijo el presidente. “¿Alguien podría decir que hemos abusado de alguna facultad para socavar el régimen democrático?”.
“No”, se respondió inmediatamente a sí mismo.
Apenas unas horas antes, la noche del lunes 17, el gobierno había publicado un proyecto de reforma constitucional que socava el régimen democrático.
El martes, Kast dijo que “ahí estará establecido en qué casos algún derecho, pasando por el Senado, por el Parlamento, o por los tribunales, pueda ser afectado momentáneamente”.
Pero, el lunes, había firmado un proyecto que le entregaría poderes omnímodos para, por sí y ante sí (sin “pasar por el Senado, el Parlamento o los tribunales”), conculcar las libertades públicas e instaurar lo que uno de los intelectuales más respetados de la derecha liberal, Arturo Fontaine, califica como una “dictadura constitucional”.
Durante toda su carrera política, desde su aparición en la Franja del Sí en 1988, Kast ha tenido una relación estrecha con regímenes autoritarios.
Fue oposición a todos los presidentes democráticos de Chile, Piñera incluido.
Solo con Pinochet Kast fue oficialista; sigue defendiendo esa dictadura hasta hoy, a la vez que celebra como referentes a autócratas como Orbán, Bukele y Bolsonaro.
Pero hasta ese lunes, era posible sostener que ese autoritarismo no había definido el ejercicio de la presidencia.
Eso se rompe cuando el presidente pide para sí mismo facultades que le permitirían arrestar, exiliar o espiar a voluntad, no a sospechosos de un crimen, sino a los 20 millones de chilenos.
Las semanas siguientes han abundado en frases desprovistas de cualquier contenido inteligible.
Por ejemplo, el presidente asegura que “no quiere pasar a llevar algún derecho fundamental de las personas”.
Que es, literalmente, lo que dice el proyecto: este suspende o restringe derechos fundamentales de las personas, partiendo por su libertad personal. Dice que no quiere hacer exactamente lo que está haciendo.
La historia nos da lecciones valiosas para estos momentos críticos. El manual para erosionar la democracia usa calco: identifica una amenaza existencial, atiza el miedo ante esa amenaza, y convence a la población de que la única solución es entregar poderes extraordinarios a un líder.
Enfrentado a las generalizadas críticas de parlamentarios, alcaldes, expertos e intelectuales de la derecha democrática, el ministro de Seguridad los descalificó como “opinólogos”.
Y el presidente del Partido Republicano copió el manual al pie de la letra. Sobre el debate: “El dilema es binario”, y “presentar dudas sobre la agenda de seguridad es no entender hasta dónde puede llegar el crimen organizado”. Sobre los expertos: “la desconexión no tiene límites”; “ninguno de los expertos sentirá balazos hoy en la noche afuera de su casa”.
Sobre los argumentos de fondo: ninguna respuesta racional.
Exigencia de poder absoluto, ataque a los derechos individuales, maniqueísmo, antiintelectualismo. La cartilla del bingo autoritario se llena día a día con más casillas marcadas.
Y aquí no se trata de “moderar” la reforma. Es una trampa. Los ataques contra la democracia no se “moderan”. Se rechazan de plano.
Y justo ahora… el Foro de Madrid.
El gobierno confirmó que tanto el presidente Kast como el ministro Arrau serán oradores en la cumbre de la derecha radical en Santiago. Son viejos compañeros de ruta. Kast es uno de los fundadores del Foro, una versión en español de la Political Network for Values, el órgano fundado por el autócrata húngaro Viktor Orbán (quien se describe orgullosamente como “iliberal”) y que el propio Kast presidió.👇🏼
An Uber passenger left his wallet in my car tonight. I noticed there was a lot of bills in there, but I didn't pull it out. I went back to return it. He thanked me, I said no problem. I was only a block or so down the road before I noticed it. No biggy. Have a good one sir.
I was about to get in my car when he said, wait up! Come back here. There was several hundred dollars in here. I was a bit nervous, but I walked back, and he pulled out the money, counted it.
@Eneatipo7 Teniendo todos esos antecedentes a la vista,hay gente que lo vota como parlamentario ,para mi es un chiste, como varios más y Senadores que son para la risa .viva el circo.