La felicidad está subestimada. Nos la pintan como éxtasis, pero casi siempre es calma. Es la ausencia de urgencias. Un domingo por la tarde sin nada que resolver.
Se creen un partidazo porque madrugan para ir a trabajar y pueden comprar cosas materiales.
Pero no saben comunicarse, no saben canalizar sus emociones, no ofrecen paz y se niegan a sanar sus traumas.
“-¿Ya murió? ¿Y de qué?
-No lo supe. Tal vez de tristeza. Suspiraba mucho.
-Eso es malo. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace.”
— Juan Rulfo, Pedro Páramo.