Le preguntaron a Gabo que de dónde sacaba las cosas mágicas y maravillosas de sus novelas. Él dijo que todo era real, que él no inventaba nada. Todo es verdad, dijo. Y sí, un buitre tocando la campana antes de la tragedia, podría ser un invento, pero es real y verdad.
Leer a Dostoievski es recordar que el ser humano no se divide entre buenos y malos, sino entre quienes se atreven a mirar su oscuridad y quienes pasan la vida huyendo de ella.