Este artículo explica por qué en las universidades americanas suelen mandar los peores académicos. Lo que ocurre sería esto:
Los profesores buenos (los que publican mucho, investigan bien y generan conocimiento) no quieren dejar su trabajo de investigación para ser administradores (decanos, rectores, etc.). Les gusta la libertad de investigar, tienen prestigio y no quieren perder tiempo en reuniones, papeleo y burocracia. Aunque los administradores ganan más dinero, para ellos es como un “castigo”.
En cambio, los profesores mediocres (los que no logran publicar lo suficiente ni conseguir plaza fija) ven la administración como su salvación. No tienen futuro como investigadores, así que se meten en cargos administrativos, donde sus habilidades burocráticas y de “política interna” les sirven.
El resultado es que las universidades terminan siendo dirigidas por personas que fracasaron en lo más importante (la investigación y la enseñanza), y ahora controlan y ponen reglas a los que sí lo hacen bien.
Una de incentivos preversos: si los dos progenitores trabajan no tienes prioridad en las guarderías de Catalunya, al revés, al tener más ingresos penaliza y te hace ir detrás de aquellas familias en las que uno se queda en casa. En otras comunidades no es así. En Andalucía si los dos trabajan sumas más puntos a la hora de conseguir plaza.
El criterio de renta mantiene los incentivos a cobrar en B, dejar de trabajar y no subir de categoría laboral. Tienes mucho que perder en ayudas y nada que ganar. Luego que por qué se empobrece la clase media y se cronifica la dependencia de las ayudas.
me cuesta entender cómo alguien puede escuchar los discursos del papa y encontrar ahí algo mínimamente transformador. son mensajes de una superficialidad desarmante, apelaciones morales abstractas, lugares comunes sobre la bondad y la convivencia, y una visión conservadora >
Lamento ser yo el que os diga que los 100000€ mensuales de este tratamiento no salen del presupuesto de señoritas de compañía y cocaína, sino de otras partidas de Sanidad. Un beneficio inmenso para unos pocos que repercute en el resto por fines propagandísticos. (1/2)
No todo el mundo está preparado para correr un maratón (aunque te haga ilusión subir la foto con la medalla).
Pero a los organizadores les da igual, quieren recaudar, aunque ahora tengamos 25 corredores hospitalizados y hubiera más de 200 asistencias durante el Maratón de Madrid.
Pienso que no debería enseñar bioética quien no tenga estudios específicos de bioética. Como no debería enseñar biología molecular quien no la haya estudiado previamente.
La bioética no es un hobby. Tiene un estatuto epistemológico y metodología específicos.
#ideasbioética
Este artículo habla de la crisis de los veintitantos, también llamada crisis del cuarto de vida Esta crisis sería un período de duda, confusión de identidad y malestar psicológico que muchos jóvenes experimentan entre los veinticinco y los primeros treinta años. Según un análisis de catorce estudios científicos publicado en 2024, no se trata solo de problemas externos como el dinero, las deudas, la vivienda cara o la presión de las redes sociales. Aunque esos factores influyen, los elementos internos pesan tanto o más en la intensidad del malestar.
Los principales desencadenantes internos son la falta de propósito, la búsqueda de sentido en la vida y la ansiedad ante el futuro. Las personas suelen sentirse vacías o como si estuvieran viviendo una vida que no es realmente suya, aunque por fuera todo parezca funcionar. La confusión sobre quiénes son -más allá de los papeles que les han asignado familia, estudios o sociedad- se convierte en el núcleo del problema. La crisis se agrava especialmente cuando no hay espacio ni permiso para cuestionarse, dudar y explorar con calma quiénes quieren llegar a ser.
🚩🚩 DORMIR 6 HORAS AL DÍA NO ES SUFICIENTE
Tras 14 días durmiendo 6h/noche, tu rendimiento cognitivo cae igual que tras 24h sin dormir
📉 Lo peor:
– El deterioro es progresivo y acumulativo
– Es lineal (cada día rindes peor)
– Y no te das cuenta: la somnolencia subjetiva apenas sube.
💣 Dormir poco no te adapta… te deteriora.
Hay palabras que no deberían poder decirse sin que algo se derrumbe y, sin embargo, se dicen.
Borrar una civilización entera como si fuera una pieza en el tablero. Se dice desde el poder, pero también desde una desmentida brutal de lo humano. Donald Trump nombra la desaparición y no pasa nada. No pasa nada.
Eso también inquieta. La velocidad con la que algo así atraviesa el lenguaje sin hacer estallar nada. Como si no hubiera cuerpos, historia, deseo, duelo, infancia, lengua, memoria… como si todo eso se pudiera borrar.
No hay palabra inocente. El lenguaje no es solo un medio, también es acto. Y cuando se enuncia la aniquilación, algo de eso ya empieza a operar.
Tal vez lo más violento no es solo la amenaza, sino lo rápido que se vuelve posible. Entonces ya no se trata solo de un hombre, ni de un país, ni de una guerra. Se trata de la caída de ciertos límites.
¿Qué pasa cuando el horror no hace ruido?
Escribir es también una forma de no ceder, de poner palabras donde el discurso empuja al borramiento, de sostener una pregunta donde todo quiere cerrarse en una certeza violenta. Porque el lenguaje puede destruir, pero también puede abrir.
Y hoy, más que nunca, se trata de no dejar que el pensamiento sea arrasado junto con todo lo demás.
LAS BICICLETAS ME ESTÁN QUITANDO EL PAN (O NO)
Ayer leí que un ciclista es un desastre para la economía.
No compra coches. No paga seguros. No necesita gasolineras. No usa aparcamientos de pago. No engorda. No va al cardiólogo. No compra estatinas.
Vamos, que un ciclista, no aporta nada al PIB.
Aunque yo me reí.
Porque el ciclista es uno de los mejores clientes que tiene un traumatólogo.
Clavículas, muñecas, caderas...
¿Sabes cuánto cuesta una placa de clavícula? Más que la bicicleta.
Pero tengo que reconocer una cosa: cada vez da menos negocio. La gente la está dejando.
Por suerte, nos ha llegado la salvación.
El patinete eléctrico.
Ese aparato glorioso que combina la inestabilidad de un monopatín, la velocidad de una moto y la protección de tu cara en el asfalto.
El resultado es una colección de fracturas de codo que no habíamos visto en décadas. Hablando con los representantes, me comentan que estamos batiendo récords de implantes de prótesis de cabeza de radio.
Y lo mejor: ninguna ventaja cardiovascular.
El ciclista al menos compensaba. Se rompía la clavícula, pero tenía el corazón de un atleta.
El del patinete no.
Llega a urgencias con una fractura de radio y la tensión por las nubes. Negocio redondo.
Traumatología y cardiología en el mismo paciente.
Ese economista debería estar orgulloso del rumbo que está tomando nuestra sociedad. El patinete no solo genera fracturas. Genera placas, tornillos, rehabilitación, revisiones y segundas cirugías.
Eso sí es aportar al PIB.
Cada vez que veo a alguien subirse a un patinete eléctrico sin casco... siento estabilidad laboral.
#LaTraumatologaGeek
Yo en mis 20 durmiendo en casa de un amigo: «No te preocupes por no tener una cama de invitados, dormiré con mi ropa en el suelo de la cocina o en la bañera o doblado en un armario o en el gran arbusto fuera de tu puerta principal o en un contenedor»
Yo en mis 40: «Gracias por la oferta de una cama de invitados, pero prefiero conducir tres horas de vuelta a mi cama»
Estos resultados son exactamente lo que se busca.
La gran brecha en España es (y será) entre propietarios y no propietarios.
Y quienes no sean capaces de pasar el corte, se quedarán en un bucle infinito sin patrimonio ni ahorros.
Es decir CADA UNO tiene de media 7.700 viviendas pero tú no puedes alquilar una habitación currando a jornada completa porque no te esfuerzas lo suficiente y pagas Netflix
Una de las experiencias vitales más importantes que he vivido en mi vida fue cuando, en la Escuela Judicial, recibí formación sobre trasplantes de órganos. Lo cuento en mi primer libro, “Así funciona la justicia”, pero lo reproduzco parcialmente aquí. Hilo 🧵 👇🏻 (1/11)
En 1995, una enfermera infringió las normas del hospital para colocar a un recién nacido en la incubadora de su hermana gemela. No se esperaba que el bebé sobreviviera.
Kyrie y Brielle Jackson nacieron 12 semanas antes de lo previsto en un hospital de Estados Unidos. Cada una pesó aproximadamente un kilo. Fueron colocadas en incubadoras separadas, práctica habitual para prevenir infecciones.
Kyrie recuperó fuerzas. Brielle no. Tres semanas después de nacer, Brielle entró en estado crítico. Su nivel de oxígeno bajó. Su ritmo cardíaco se disparó. Su piel se tornó azul grisácea. La enfermera Gayle Kasparian lo intentó todo. La abrazó. Hizo que su padre la abrazara. La envolvió en una manta. Nada funcionó.
Kasparian recordó haber oído hablar de una práctica utilizada en algunas partes de Europa, pero nunca probada en hospitales estadounidenses. Colocó a Brielle en la incubadora de Kyrie. Su padre describió lo que sucedió después: “Se acurrucó junto a Kyrie y estaba perfectamente bien. Fue inmediato. Fue absolutamente inmediato”.
En cuestión de minutos, los niveles de oxígeno de Brielle alcanzaron su punto máximo desde su nacimiento. Mientras dormía, Kyrie extendió su brazo izquierdo sobre el cuerpo de su hermana y la abrazó.
El fotógrafo Chris Christo capturó el momento. La imagen dio la vuelta al mundo y se conoció como «El abrazo salvador». Hospitales de varios países comenzaron a juntar a gemelos prematuros, una práctica que había sido rechazada durante décadas. Ambas niñas regresaron a casa sanas. Ahora tienen 30 años.
Yo quiero que alguien me expliquen por qué cuando era pequeño salía del colegio a las cinco y media, merendaba, jugaba en la calle, hacía los deberes,
veía la tele, me bañaba, jugaba en casa, leía y eran las ocho de la tarde todavía. Ahora te tomas un café a las cinco y ya son las doce.
Merece la pena detenerse aquí, porque todos los equívocos y falacias están reconcentrados:
1) Que "los hijos no son nuestros" no implica la obligación de un funcionario de darles muerte cuando lo soliciten.
2) La distinción entre facultad, libertad y derecho, es fundamental. Tenemos la facultad de andar porque tenemos piernas y un organismo capaz de moverlas. Tenemos la libertad de salir a la calle si queremos. Pero tener un derecho implica una obligación para terceros -en este caso el Estado, que ha de poner medios ejecutivos, legislativos y judiciales para garantizarlo - y la comisión de un ilícito por parte de quien intente impedirlo, con la obligación de los poderes públicos de poner sus medios represivos al servicio del castigo.
3) Y por eso, por 2), la eutanasia nunca es un asunto de la exclusiva incumbencia de un particular: implica a una sociedad y a unos poderes, y tiene por tanto una dimensión pública que es moral, ética y política. Despachar el problema apelando a una personalísima libertad es quitarse la cuestión de encima, no es analizarla.
4) Y la gran contradicción: la misma ideología que apoya el irrestricto derecho de decidir sobre la "propia vida", sostiene también el derecho al aborto libre: porque ahí el hijo sí es de la madre. De hecho, es parte de "su cuerpo".
Este artículo es muy interesante. Plantea que nuestra vida moral actual vuelve a ser muy parecida a la que teníamos en tiempos ancestrales en pequeñas tribus en las que todos nos conocíamos. La tecnología (especialmente Internet y las redes) ha re-tribalizado a las sociedades modernas, devolviéndonos a dinámicas sociales muy similares a las de las pequeñas tribus ancestrales:
Durante la mayor parte de la historia humana, las personas vivieron en pequeños grupos como las aldeas yanomami del Amazonas. En esos entornos, todos se conocían, la reputación era cuestión de supervivencia y las normas se mantenían mediante chismes, vergüenza pública y la amenaza de exclusión. Cualquier infracción (no compartir comida, insultar a alguien o tener una aventura) se resolvía públicamente en el centro del poblado. La conformidad era obligatoria porque estar “fuera” del grupo significaba quedarse sin aliados, sin pareja y sin protección.
Con el crecimiento de las ciudades y las naciones modernas, esta dinámica tribal se debilitó. El anonimato, la movilidad geográfica y el tamaño de las sociedades permitieron que la gente pudiera disentir, cambiar de círculo social o vivir como “herejes” sin ser castigada de inmediato. Este período (especialmente los siglos XIX y XX) fue, según Lynch, una especie de “edad de oro para los disidentes”. Las instituciones y la distancia social actuaban como amortiguadores que protegían la libertad individual frente a la presión del grupo.
Pero Internet y las redes sociales han revertido este proceso y nos han devuelto a una versión amplificada de la vida tribal. Ahora volvemos a vivir en una “aldea global” donde todos observamos a todos constantemente. Lo que se dice queda grabado para siempre, los conflictos se convierten en espectáculos públicos, y la reputación es global y permanente. Una persona en Nueva York puede castigar moralmente a un desconocido en Missouri por algo que dijo hace diez años. La presión por conformidad ha regresado con fuerza: la cancelación, el miedo al rechazo y la necesidad de señalar virtud son las nuevas formas de chisme y ostracismo tribal.
Es curioso que la vida digital reproduce los mecanismos más antiguos de control social: vigilancia constante, reputación como bien escaso, vergüenza pública como castigo y lealtad al grupo por encima de la verdad o la razón. La diferencia es que ahora la “aldea” es planetaria y la vigilancia es permanente. Lo que antes ocurría solo dentro de una aldea ahora sucede delante de millones de personas. La tecnología no nos ha hecho más libres ni más racionales; nos ha devuelto a la lógica tribal, pero con un alcance y una intensidad que nunca antes existieron.
La explicación de todo es proceso es que la naturaleza humana no ha cambiado. A lo largo de cientos de miles de años, los seres humanos evolucionamos para vivir en pequeños grupos tribales donde la supervivencia dependía de mantener una buena reputación, evitar el rechazo del grupo, cumplir con las normas sociales y señalar lealtad al grupo. Cuando surgieron las grandes sociedades modernas (ciudades enormes, naciones, anonimato, movilidad), esa presión tribal se relajó temporalmente. La gente podía disentir, ser “rara” o cambiar de círculo sin consecuencias graves. Ese fue un período relativamente excepcional en la historia humana.
Pero con internet y las redes sociales, la tecnología ha restaurado las condiciones ancestrales, solo que a escala global. Volvemos a vivir en una “aldea” donde todos nos observan, La reputación vuelve a ser pública y permanente, el chisme y la vergüenza pública regresan con fuerza (ahora se llama cancel culture, etc.), y la necesidad de señalar virtud y demostrar lealtad al grupo vuelve a dominar.
Podríamos decir que la tecnología ha recreado las condiciones para las que nuestro cerebro estaba diseñado: vivir en una aldea donde todos nos vigilan y donde ser rechazado por el grupo es una amenaza existencial. Por eso, aunque vivamos en megaciudades del siglo XXI, nuestro comportamiento social vuelve a parecerse cada vez más al de una tribu yanomami: chismes, alianzas, señalamiento moral, ostracismo y fuerte presión por la conformidad.
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