me coquetean como si me fueran a aguantar una vida en monogamia, discusiones que se resuelven hablando, viajes, domingos en familia, los días aburridos, las malas rachas, los cambios, las inseguridades y todo lo que implica elegir a la misma persona una y otra vez
Madurar también consiste en dejar de tomarte como un ataque que el otro te exprese lo que le duele de ti. Y en entender que compartir la vida va de escuchar, comunicar, responsabilizarse y hacer cambios
como una melodía que no vuelve a sonar igual con nadie más, como una verdad breve y eterna a la vez, porque hay historias que no nacieron para durar, sino para transformarte para siempre
Algunas personas solo nacieron para conocerse, para mirarse a los ojos y reconocerse como si ya se hubieran buscado en otra vida, pero no para quedarse; llegan como un verano intenso que lo cambia todo, que enciende la piel y despierta el alma, y cuando por fin entiendes que eso
era amor o algo muy parecido, el destino ya está marcando la despedida. Son encuentros que no fracasan, solo cumplen su propósito: enseñarte cuánto puedes sentir, cuánto puedes arder, cuánto puedes crecer; y aunque no compartan el mismo camino, se quedan viviendo dentro de ti,
Soy lo suficientemente madura para admitir que, por todo lo que me tocó vivir, a veces soy una persona difícil de llevar. Sobrepienso todo, actúo con impulsividad y puedo ser complicada de entender. Soy sensible a otro nivel y necesito paciencia. Pero también sé que mi amor no se compara con el de nadie. Puedo darte el mundo incluso cuando el mío se está desmoronando.
— Bélgica.
Soy lo suficientemente madura para admitir que a veces soy una persona difícil. Sobrepienso todo, actúo con impulsividad y puedo ser complicada de entender. Soy sensible a otro nivel y necesito paciencia. Pero también sé que mi amor no se compara con el de nadie. Puedo darte el mundo incluso cuando el mío se está desmoronando.