Cuando elijas un compañero de vida, piensa más allá del romance. Piensa en las conversaciones del desayuno, los momentos tranquilos después de un largo día, la forma en que manejan el estrés, el dinero, los errores y el crecimiento. Mira más allá de la química, mira el carácter.
El dicho dice que no hay que dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. Pero, en una época atravesada por la urgencia, puede convertirse en un imperativo persecutorio al servicio del ideal de productividad, como si aplazar fuera siempre una falla. Hacer un elogio de la pausa supone reconocer que no todo tiene que hacerse hoy y que dejar para mañana lo que puede hacerse mañana también puede ser una forma de sustraernos de esa exigencia.
A veces no es que el otro no quiera hacerse cargo. Es que todavía no puede. Y eso nos confronta con lo difícil que puede ser respetar el tiempo del otro.