Medellín tiene que superar el narco-cliché.
“Me recordó a los 80 cuando coronaban los mafiosos”, dijo irresponsablemente una periodista en Blu Radio sobre la celebración en Medellín tras el triunfo de Abelardo de la Espriella. No hablaba de una denuncia, de una investigación ni de una relación entre la campaña y el narcotráfico. Hablaba de gente celebrando “la fiesta de la democracia” con pitos, vuvuzelas y pólvora.
Que a la periodista no le guste la pólvora es perfectamente válido. A mí tampoco me gusta. Hace ruido, asusta a los animales, contamina, es peligrosa y las alboradas son una costumbre que Medellín debería dejar atrás. Creo que muchos paisas estarían de acuerdo con varias de esas críticas.
Pero una cosa es cuestionar la pólvora y otra muy distinta convertir una celebración electoral en una evocación de mafiosos. ¿Cuál es el vínculo? ¿Qué elementos permitían insinuar que Medellín celebraba como cuando un narco coronaba un embarque de cocaína? Ninguno. Había ciudadanos celebrando el triunfo de su candidato, con una estética que puede disgustar, pero sin relación alguna con el narcotráfico.
Esa asociación dice más de quien la formula que de la ciudad. Es el viejo reflejo de mirar a Medellín y sacar el mismo libreto de siempre. Hay ruido, entonces narcos. Hay pólvora, entonces Pablo Escobar. Hay una multitud celebrando, entonces los Ochoa. Como si esta ciudad estuviera condenada a ser interpretada eternamente desde su peor trauma.
Medellín no niega lo que vivió. Nadie olvida los años de terror, las bombas, los asesinatos, así como las empresas y las familias destruidas por el narcotráfico. Precisamente por eso es tan irritante que se use esa memoria dolorosa como una metáfora fácil y perezosa para criticar una noche de celebración política.
Además, el daño no termina en una frase de radio. Esa asociación se replica en redes, titulares, búsquedas y conversaciones. Se vuelve parte del archivo digital con el que el resto del mundo mira a Medellín. Un turista, un empresario o un estudiante que busca información sobre la ciudad vuelve a encontrarse con el mismo estigma de siempre: Medellín igual narcos.
Y así, por una comparación perezosa e irresponsable, se borra todo lo demás: la ciudad que ha resistido, trabajado y cambiado. La ciudad de empresas, universidades, cultura, innovación y millones de ciudadanos que no aceptan ser comparados con Pablo Escobar.
Que critiquen la pólvora. Perfecto. Que critiquen a Abelardo de la Espriella. Perfecto. Que critiquen a Medellín. Perfecto. Pero que piensen un poquito y dejen de usar el narco-cliché como atajo retórico para hablar mal de esta ciudad. Nuestros hijos no tienen ni idea quién fue Pablo Escobar y no merecen cargar con ese estigma por el resto de sus vidas solo por haber nacido en Medellín.
La crisis de fertilidad no se arregla con slogans ni con ministerios. Se arregla cuando la sociedad vuelve a tratar a los hijos como una parte central de una vida buena, no como un accidente financiero que hay que postergar hasta que todo sea perfecto.
El problema es que el momento perfecto no llega. Primero hay que estudiar, luego trabajar, luego comprar casa, luego estabilizar la pareja, luego viajar, luego ahorrar. Cuando por fin parece razonable tener hijos, muchas parejas descubren que la biologia no esperaba. Y nadie les habia explicado con suficiente claridad que la fertilidad cae antes que las ganas de ser padres.
Tambien hay un error cultural enorme: presentar a los hijos como el final de la libertad. Mi experiencia es la contraria. Los hijos te quitan libertad superficial, pero te dan una libertad mas profunda: la de dejar de vivir solo para ti mismo. Te obligan a ordenar prioridades, a pensar en decadas, a construir algo que te trasciende.
Los gobiernos pueden ayudar con impuestos, vivienda, guarderias y horarios laborales mas humanos. Pero la solucion no sera solo economica. Es cultural. Tenemos que volver a decir sin complejos que formar una familia es una de las grandes aventuras de la vida, no una renuncia. La tecnologia reproductiva ayuda mucho, pero no reemplaza una cultura que anime a empezar antes.
Así se ven 18.687 niños
Ese es el número de niños reclutados y violados por las FARC, los amigos de Cepeda.
Colombia no olvida.
Abelardo Presidente. 🫡 🇨🇴
En la segunda vuelta JUAN MANUEL SANTOS le devolvió la alcadia a Petro, le metio un hacker a OIZ y al parecer se robó las elecciones. En la segunda vuelta Petro y Bendertti se metieron a la costa a la picota etc y terminaron amañando eso. LA SEGUNDA VUELTA ES PELIGROSISISIMA PILAS !!!
🔸2004: Abelardo abogó por no extraditar paracos e incluirlos en negociaciones. La izquierda lo critica por eso.
🔸2008: Uribe extraditó a los paracos. La izquierda lo critica por eso.
🔸2025: Petro nombra a los paracos como gestores de paz. La izquierda lo aplaude por eso.
Malo si sí, malo si no, depende de si Petro es quien lo hace.
Les ruego el favor de que oigan esta ponencia del doctor Carlos López de la Academia Colombiana de Medicina: no es un asunto político o ideológico: es un asunto real, de la vida de los pacientes. La reforma a la salud está convirtiéndose en un ejemplo de la indolencia, está matando seres humanos, dejando tras de sí un reguero de muertes que eran evitables.
Muchos Petristas piden el voto por Cepeda argumentando que no nos convertimos en Venezuela,
¿Qué tan cierto es?
La verdad es que en todo lo que estuvo al alcance de las decisiones de @petrogustavo sí nos convertimos en Venezuela.
1. En salud, con la Nueva EPS regresamos a un modelo peor que el del Seguro Social, con un aumento en las tutelas del 26,4% y el crecimiento exponencial de muertes por falta de atención.
2. Señal Colombia, un canal que por Constitución debe ser cultural y educativo, se convirtió únicamente en propaganda oficialista, al punto que la Misión Electoral de la Unión Europea declaró que interfirió en las elecciones.
3. Igual que como pasó con PDVSA, redujeron dramáticamente la producción de Ecopetrol y las utilidades en un 40% (la utilidad cayó a cerca de 9 billones de pesos en 2025, frente a aproximadamente 15 billones el año anterior).
4. La inversión privada cayó un 35%.
5. El empleo en el sector privado cayó 12%, mientras los contratos de prestación de servicios públicos crecieron un 400%.
6. Las Fuerzas Militares han sido lentamente desmanteladas; Los mejores generales han salido y ¿Cuántas aeronaves militares se han estrellado?.
Las cifras oficiales hablan de un total de 233 aeronaves que no están operativas.
Como si fuera poco la inteligencia fue entregada a las disidencias de las FARC.
7. La inversión en infraestructura se paralizó completamente.
8. La deuda pública creció exponencialmente y se rompió la regla fiscal.
En perspectiva, nos convertimos en Venezuela más rápido que en el primer gobierno de Chávez.
Lo que pasa es que, a diferencia de Venezuela, que no tenía un banco central autónomo, el Banco de la República contuvo la inflación, mantuvo el poder adquisitivo y evitó el colapso del peso.
Por esta razón, la prioridad de @IvanCepedaCast , como la ha indicado el mismo @petrogustavo, es acabar la independencia del Banco de la República y controlar la emisión de dinero, en ese momento cuando peso solo sirva para hacer origami, ya será muy tarde para darnos cuenta que nos convertimos en Venezuela.
De igual forma, necesitan reformar la Constitución para terminar de acabar con el sistema pensional, el ahorro y el sistema productivo; disparar los impuestos a los trabajadores para terminar de acabar la clase media trabajadora y crear una masa crítica de pobres que dependa totalmente de una libra de arroz que le regale el Estado, como en Cuba, Nicaragua y Venezuela.
La crisis de Ecopetrol tiene a la junta enredada y malgastando $21 mil millones para definir la situación de Roa. A los colombianos les sale cara la indecisión de una junta liderada por una psicóloga sin experiencia petrolera que contrata a ter... https://t.co/95XBM6G4bL
Llamemos a las cosas por su nombre.
Cuando una persona, en medio del dolor o la desesperación, decide quitarse la vida, la medicina interviene para impedirlo.
Cuando ese mismo acto pasa por un protocolo legal…
lo llamamos eutanasia.
Pero la naturaleza del acto no cambia.
Sigue siendo una decisión tomada desde el sufrimiento extremo.
La diferencia no es clínica.
Es administrativa.
Y ahí está el problema.
Porque si aceptamos que el dolor puede justificar la muerte, entonces dejamos de tener una medicina orientada a tratar… y pasamos a una medicina que selecciona cuándo vale la pena seguir viviendo.
Eso no es compasión.
Es rendición.
La función del médico no es validar el deseo de morir,
sino intervenir precisamente para ayudar al paciente cuando ese deseo aparece.
#NoeliaCastilloRamos
#CasoNoeliaCastillo
#DecisiónNoelia
#NoeliaCastillo
Iba a decir que lo RTVC es el símbolo de la degradación moral del gobierno Petro, pero luego me acordé de lo de Juliana Guerrero y después pensé en lo de la UNGRD y luego lo del niño Kevin y también la forma en que trataron el asesinato de Miguel y después recordé todo lo de la compra de congresistas y la sarta de mentiras habituales del presidente y luego la participación en campañas políticas con recursos de MinSalud y entonces me cansé de hacer la lista.
Ha sido un gobierno malo e inescrupuloso que no merece continuidad.
Antioquia merece y exige respeto.
Lo que a algunos tanto les choca de Antioquia , es que se ve el desarrollo, la pujanza, el progreso, pero sobre todo, es que hemos sido el muro de contención del comunismo en Colombia 🇨🇴.
Aquí no nos arrodillamos o aliamos con los criminales. Los enfrentamos.
Reducir esta tierra a estigmas como “la narcoeconomía” es desconocer la historia de millones de antioqueños trabajadores y valientes que hemos sido precisamente víctimas del narcotráfico y la violencia.
En cambio, quien hoy nos ofende sí que se ha dedicado a defender a los peores criminales, que le han hecho un gran daño a Antioquia y a Colombia 🇨🇴.
Porque ser Antioqueño no es un estigma, es un gran orgullo. Antioquia es trabajo, resiliencia y dignidad.
Que el odio en el corazón de otros y el resentimiento, nunca nos haga olvidar el valor de nuestra tierra y su gente.
A diferencia de unos muy pocos, desde Antioquia si nos alegramos por todo lo bueno que le pase a las demás regiones de Colombia 🇨🇴. Somos un solo país.
Seguiremos resistiendo a los ataques.
Que viva Antioquia y que viva Colombia 🇨🇴.
En los países comunistas el medio ambiente terminó devastado, pero el ecologismo se presenta como una bandera de izquierda.
Durante décadas de “comunismo real” no apareció una sola mujer con poder real en esos gobiernos, pero el feminismo se asume como patrimonio de la izquierda.
En el siglo XX, el comunismo acumuló guerras, represión y muertes a una escala gigantesca, pero el pacifismo se identifica con la izquierda.
Los regímenes comunistas persiguieron y exterminaron a homosexuales, pero el movimiento LGBT se considera de izquierda.
Y mientras tanto, las élites comunistas vivieron con privilegios que jamás permitieron a su propia población, pero el discurso contra la desigualdad también se atribuye a la izquierda.
LA MALA FAMA.*
Mis deficiencias son muy graves:
Yo nací blanco, o como dice en la cédula, trigueño, y quien nace asi ya es considerado racista, aunque no sea así.
Nací en una familia trabajadora, entonces soy burgués. No voto por esta "izquierda" , lo que me hace fascista.
Mi pensamiento sexual me convierte en homofóbico. Valoro mi identidad y mi cultura, lo que me convierte en xenófobo.
Creo que el macho y la hembra de la especie Homo Sapiens fueron, en la mayoría de los casos, grandes socios y mutuamente responsables del éxito de la especie, lo que me hace misógino.
Me gustaría vivir con seguridad y ver criminales en prisión, lo que me convierte en un torturador.
Quiero que respeten mi forma de pensar y mis creencias y no me hagan pensar que lo anormal suele ser relativo, lo que me hace un represor.
Creo que los subsidios eliminan el esfuerzo por trabajar y socavan la dignidad de las personas, por eso soy insensible.
Creo que cada uno debe ser recompensado según su productividad, mérito y capacidad, lo que me convierte en un egoísta antisocial.
Fui educado en valores y principios, lo que me convierte en un oponente del bienestar social. Creo en Dios, por eso soy un fundamentalista religioso.
Creo que los culpables de violación, ladrones, traficantes, estafadores, deben ser encarcelados, pagar la deuda, no tener ayuda, perdón para volver a casa, habeas corpus, ni tobilleras, pero, trabajar para pagar su custodia, su ropa, agua, luz y comida. Entonces, se me considera prejuicioso y contrario a los derechos humanos.
Esta es una pequeña y breve reseña de mi mala reputación. Pero, al menos, estoy seguro de que somos varios. Si también tienes esta mala reputación, compártela.
Agradezco a todas mis amistades y personas conocidas que aún se atreven a relacionarse conmigo, a pesar de todos mis defectos ….transito por la derecha
@_Dianapaez@musictrendscol@Imaginedragons@paramo_presenta Eso no fue culpa de la logística. Nosotros llegamos a las 6.30 y a las 7 ya estábamos en nuestros puestos.
Creo que tal vez muchos se confiaron; súmale las protestas y trancones que se generaron. Ahí está el retraso en el ingreso.
Benedetti dice que la ponencia del magistrado Ibáñez es una exageración, un formalismo o una jugada política. Pero no: es una advertencia.
Y es precisamente por pensar como él —que cumplir la ley es secundario y que los procedimientos son “formalismos”— que este país se volvió un terreno fértil para la ilegalidad elegante.
La ponencia del magistrado Jorge Enrique Ibáñez no es un tecnicismo: es un acto de defensa de la Constitución.
Ibáñez sostiene que la Cámara de Representantes no acató las órdenes de la Corte Constitucional contenidas en el Auto 841: no reabrió el debate, no deliberó, no votó la proposición sustitutiva ni el texto del proyecto como se le ordenó.
Lo que hubo fue una simulación de cumplimiento.
Una votación exprés, antes de la notificación formal del auto, sin debate plural, sin actas válidas y sin mayoría requerida.
Eso no es subsanar. Es burlar la orden de la Corte.
Y cuando un poder del Estado desobedece a otro, no hay democracia deliberativa sino poder arbitrario.
Cumplir una orden judicial no es una opción política. Es el punto de partida del Estado de Derecho.
El Congreso no interpreta la orden de la Corte: la acata.
Y si no lo hace, lo que se rompe no es el trámite: es el equilibrio institucional.
Benedetti confunde legalidad con obstáculo. Llama formalismo a lo que en cualquier democracia seria se llama control constitucional.
Pero el respeto al procedimiento no es una manía de abogados: es la única garantía contra el abuso del poder.
Porque cuando se justifica violar la ley en nombre de la eficacia o del cambio, se abre la puerta al despotismo.
Ibáñez no defiende una coma del reglamento: defiende el límite que impide que el Congreso legisle a capricho.
Y lo hace con argumentos sólidos: las sesiones se adelantaron sin tiempo válido, la votación fue insuficiente y las actas irregulares.
Por eso dice con razón que el vicio no admite corrección.
No se puede remediar lo que se hizo a sabiendas de que estaba prohibido.
Llamar a eso “formalismo” es negar que la Constitución existe para poner freno, no para adornar discursos.
Ibáñez advierte que si la Corte acepta que el Congreso puede decidir por votación si cumple o no sus órdenes, el sistema de controles queda desvirtuado.
Y tiene razón: un poder que se autoabsuelve deja de ser público para convertirse en absoluto.
Benedetti puede descalificar la ponencia, pero lo que realmente lo incomoda es su significado:
que la Corte le recordó al Congreso que no está por encima de la ley.
Y que el deber de subsanar no es de conveniencia política, sino de obediencia constitucional.
Porque esto no fue una subsanación.
Fue una simulación.
Y lo más grave no fue el error del Congreso, sino la complacencia de quienes lo justifican.
Si cumplir la ley se vuelve un formalismo, entonces la República ya no existe.
Solo queda el poder.
Y el poder, cuando se queda sin forma, termina devorando el fondo.
“Las plazas llenas no ganan elecciones”, decía la derecha en México.
Y qué verdad tan cruda.
Hoy, en Colombia, también lo estamos entendiendo.
Hoy marchamos. Las calles se llenaron. Bogotá tembló de rabia, de hartazgo, de dignidad.
Pero también de vacío.
Porque en medio de la multitud, lo que más se sentía era la falta de dirección.
La ausencia de un liderazgo claro, valiente y coherente.
Sí, muchos salimos a defender la democracia, la libertad y la justicia.
Y sin embargo, el sentimiento es agridulce. Porque sabemos que no alcanza.
No basta con estar indignados.
No basta con gritar en la plaza.
No basta con llenar avenidas.
No basta con saber que tenemos la razón.
No basta con resistir.
Necesitamos construir.
Necesitamos cabeza, estrategia, estructura.
Necesitamos líderes que sepan unir, proponer, encauzar.
Porque la historia no la escriben las marchas: la escriben quienes logran traducir el ruido en rumbo.
La fuerza está.
La rabia está.
Ahora falta que aparezca quien la organice, la represente y la lleve al poder.
Ayer, el artista Jhon Fitzgerald hizo lo que muchos no se atreven, decir la verdad con fuerza. Entregó a la corporación @CorpoRosaBlanca su obra “Infancia Robada”, que fue instalada en el Congreso de la República, el mismo lugar por donde desfilan impunes varios de los senadores que en su momento hicieron parte de las FARC, responsables del reclutamiento forzado de miles de niños colombianos.
Esos mismos niños a quienes les arrebataron la niñez, la libertad y muchas veces la vida. Y hoy, sus victimarios ocupan curules, protegidos por pactos políticos y el silencio cómplice de muchos sectores del país.
Las víctimas no son de derecha ni de izquierda. Pero para muchos, los crímenes de las FARC no cuentan, no duelen, no importan. Sobre todo cuando los victimarios son aliados o amigos. Entonces la verdad se vuelve molesta e incómoda.
Gracias a Jhon Fitzgerald por no callar. Por usar el arte como grito de memoria y justicia. Porque lo que pasó no puede ser olvidado, ni maquillado, ni negociado.