No quiero tenerte sin tus demonios,
sin tus defectos o tu oscuridad.
Si nuestras sombras no pueden acariciarse,
entonces tampoco podrán hacerlo nuestras almas.
No quiero el final feliz.
Quiero el gran final.
Como los de los prestidigitadores,
esos que te dejan con la boca abierta
y te hacen creer, por un instante,
que la magia puede existir.
Y la niña le dijo al lobo:
—Qué corazón tan grande tienes.
—Solo es mi rabia.
Y entonces ella dijo:
—Qué rabia más grande tienes.
—Es para ocultarte mi corazón.