Remedios para la tristeza por Santo Tomás de Aquino:
1. Disfruta de algo que te guste.
2. Llora un poco.
3. Comparte tu dolor con un amigo.
4. Contempla la verdad.
5. Descansa y báñate
Hoy no hay luces.
No hay incienso.
No hay gloria.
Hoy, el altar está desnudo.
La cruz, en alto.
Y el corazón, roto.
Hoy es Viernes Santo.
El Hijo de Dios cuelga de un madero, desfigurado, escupido, traicionado, olvidado. El mismo que multiplicó el pan, el que perdonó a la adúltera, el que lloró con Marta, el que tocó al leproso… ahora es un desecho humano que agoniza entre dos ladrones.
No fue un accidente.
No fue un descuido de la historia.
Fue una decisión de amor.
Pero, ¿cómo puede el amor verse tan cruel?
¿Dónde está el consuelo en tanto dolor?
Lo buscamos… y lo encontramos en sus ojos, entrecerrados por la sangre, pero aún abiertos a la humanidad. En su boca reseca que, en lugar de maldecir, perdona: “Padre, perdónalos…” En su pecho abierto, del que brota no solo sangre, sino misericordia sin fin.
Este día nos confronta.
Nos arranca las máscaras.
Nos pone frente al espejo de la Cruz.
Porque el que cuelga ahí es el inocente por los culpables.
El justo por los injustos.
El amor por los indiferentes.
El Cordero por los lobos.
Y cada clavo no es solo un hierro romano… es nuestra envidia, nuestro orgullo, nuestra tibieza, nuestra traición.
El Viernes Santo no se entiende.
Se contempla.
Se llora.
Se adora.
Hoy, Dios ha muerto.
Y lo ha hecho por ti.
No lo olvides.
No lo endulces.
No lo suavices.
¡Graba esa cruz en tu alma!
Porque ese madero… es tu salvación.
Jesús sabe lo que viene… y no huye.
Permanece.
Ama.
Se prepara para darnos la mayor muestra de amor.
No lo dejemos solo.
Velemos con Él. Aunque sea un rato.
Con el corazón abierto.
Y dispuestos a dejarnos amar hasta el extremo.
Está noche Jesús no dormirá.
Es la víspera. Mañana empieza todo.
Y Él lo sabe.
Mañana parte el Pan por última vez con sus amigos. Mañana les lava los pies. Mañana entrega su Cuerpo y su Sangre, instituye el sacerdocio, da sentido a toda su vida.
¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías, cuando las tuyas están llenas de heridas?
¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?