No le debes respeto a quien te faltó al respeto primero.
No le debes empatía a quien se burló de cosas que sabía que te dolían.
Y mucho menos le debes lástima a quien sabía perfectamente lo que hacía y, aun así, no le importó.
Me despierto y disfruto de mi libre albedrío. Amo las consecuencias de mis actos. Soy la gota que derramó el vaso. Tiré la piedra y levanté la mano.
Si fui, si dije, si hice… ¿y qué?