En Venezuela se debate con inquina entre diversos grupos opositores sobre las virtudes y los pecados de diversas teorías del cambio político, muchas de ellas muy contradictorias, sobre cómo volver a reinstitucionalizar y redemocratizar el país.
Casi todos los que levantan la voz, hablan de grandes teorías de la democratización como verdades absolutas, cuando en la práctica no hay ni grandes teorías ni grandes verdades sobre cómo hacerlo y mucho menos en uno tan complejo como nuestro caso.
Lo cierto es que el debate, tal como está planteado, es inútil y solo va a profundizar frustraciones y ahondar en más divisiones y conflictos.
La razón por lo cual eso está ocurriendo, es porque toda la discusión se ha dado en el plano cuasi moral (quienes son los buenos y los malos). Esto impide enfrentarlo desde el plano de la ética política: cómo podemos contribuir todos a que el liderazgo y la sociedad logren rescatar nuestro futuro y dignidad de una forma efectiva sin incrementar una nueva ola de frustraciones en la población como la que ya hemos vivido, no una, sino múltiples veces, en el pasado?
Es importante decir esto porque quienes creen estar seguros de cuál es el mejor camino, cómo si hubiese un solo curso de acción, actúan de forma irresponsable.
Hasta ahora, en ningún país que ha enfrentado dilemas tan difíciles como el nuestro, se sabía con certidumbre si lo que se pensaba que había que hacer es lo que realmente se debía hacer y si iba a dar los resultados deseados. Siempre es fácil contar las cosas en retrospectiva.
Lo que si es cierto es que hay que arriesgarse, con organización social y política, dentro de lo posible, que es votar unidos con algún candidato que exista y también aceptar que dentro de lo factible es posible equivocarse. Pero ir a por lo imposible pensando que es posible, sabiendo que las fortalezas de tu contrincante lo hacen improbable, podría representar un “nuevo” suicidio colectivo.
Tanto la ciencia política moderna como la ciencia económica le ha sido más fácil explicar porqué se sostienen las democracias e incluso, porqué colapsan, que explicar las causas por
las que surgen. Es más no existe tal cosa como una teoría del cambio democrático (existen modalidades y trayectorias) y en el mejor de los casos tenemos patrones empíricos, que varían impulsados por diversos factores y circunstancias que varían de un país a otro.
Un poco de modestia no le vendría mal a quienes dicen saber exactamente qué hacer o lo que no se debería hacer.
Hay quienes olvidan que rara vez rescatar la democracia empieza con elecciones libres y justas sino que suelen empezar con crisis económicas, conflictos, negociaciones, aperturas electorales o liberalizaciones políticas que podrían terminar o no en un nuevo sistema que garantice ese resultado democrático. En algunos casos es gradual y en otros sorpresivo. Es una rendija.
De modo que exigir elecciones libres y justas es una aspiración democrática legítima y necesaria pero rechazar la oportunidad de alcanzarla porque las condiciones son adversas o existen vetos anti-democráticos previos a diversos candidatos es simplemente negar que si eso no existiese no hubiese necesidad de ningun cambió político.
Será que la oposición en vez de andar dando sermones sobre el bien y el mal se sienta a debatir qué hacer? Es mucho pedir ejercer las bondades del debate democrático? Allá afuera hay más de 82 por ciento de ciudadanos venezolanos que quieren un cambio: Quieren votar, quieren prosperidad y quieren comer y quieren a sus familiares de vuelta.
Y casi todos los que dicen desconfiar en el sistema electoral, que es un grupo muy grande de la población, también quieren votar.
Faltan pocos días para definir qué hacer pero la realidad es que hoy el país todavía no tiene un candidato.
Aceptemos que si seguimos por donde vamos, en este debate tan amargo, no vamos a ninguna parte.
Por este camino vamos a quedar paralizados y más divididos.
Eso seria imperdonable.
@Juliococo@antoniosmithb Creo que no hay verdades absolutas, creo más en proyecciones comprobables que en especulaciones y profecías de pitonisos, esos 6 millones o más no necesariamente íbamos a salir a protestar, ¿Quien asegura que en esos millones no hay chavistas o camaleones?
@Juliococo@antoniosmithb Yo particularmente (y en este caso de tu comentario) ni salí “huyendo”ni espero que me agradezcas, no es cuestión de Ego… aunque a algunos el ego les haga creer que son más valientes por irse y a otros por quedarse, para mi fue muy simple “libertad de elegir”