#SomosUSO
La USO rechaza categóricamente la decisión de #Halliburton de desvincular a más de 100 trabajadores
Expresamos nuestra total solidaridad y acompañamiento a los compañeros afectados y a sus familias:
Este atropello demuestra la urgencia de reactivar de inmediato la industria petrolera.
La parálisis del sector destruye empleos y pone en vilo los derechos laborales, en jaque la soberanía y seguridad energética del país.
Defender estos puestos de trabajo es defender el futuro de la nación.
No permitiremos que las multinacionales descarguen la crisis sobre la espalda de los trabajadores.
#EnLaUSONosMovemos
@Halliburton@ECOPETROL_SA@MartinRaveloR@DanielSossa9@UltimaHoraBLU@NoticiasCaracol@NoticiasRCN@CaracolRadio@lafm
Cuenta la Unidad Investigativa de @CaracolRadio que en el @FondoFenoge, adscrita al @MinEnergiaC, autorizaron un incremento salarial del 32% para la nueva directora, Melba Rocío Pérez. Ganará 61 millones 800 mil pesos.
¿No se trataba de recortar el gasto público?
Me escriben desde Pereira y me piden que les ayude a visualizar sus graves problemas por el terremoto.
Le reenvío el mensaje que me enviaron al presidente @DELAESPRIELLAE, para que ojalá tome serias medidas al respecto:
@JACOBOSOLANOC Y el tigre tan berraquito que parece, se mamo de ir a encabezar -con la tropa- el recibimiento del abatido delincuente que apenas 30 horas antes pisoteaba como a una basura?
🚨 Imágenes impactantes de Bangladesh.
Un hombre persigue a su esposa con un machete mientras ella corre desesperada, semidesnuda, cargando a su bebé que llora de terror.
Todo porque, según testigos, ella no llevaba hiyab al llevar al niño al médico.
Esto no es “cultura”. Esto es barbarie. Esto es odio disfrazado de honor.
Que ninguna mujer tenga que huir por su vida del padre de sus hijos.
Que ningún niño tenga que crecer viendo cómo su padre intenta matar a su madre.
¡Basta ya! 🤨
#ViolenciaDeGenero #MachismoAsesino #Bangladesh
Josefo para nosotros, sus amigos y compañeros, Josefe para su familia, fue una persona excepcional.
Cuando estudió su doctorado entre 1966 y 1970 en la prestigiosa Universidad de Clearmont en California, el participar en las marchas contra la guerra de Vietnam lo transformó de ex jesuita en defensor del concepto de nación.
Siendo profesor de la Universidad de Antioquia, el movimiento estudiantil y profesoral de 1971 lo convirtió en luchador por la autonomía universitaria.
Con la inteligencia superior y el apasionamiento que lo caracterizaron dedicó el resto de su vida junto a su partido a procurar la segunda independencia nacional y a dejar su imprenta en las batalla por una educación con fundamento científico.
Colombia sufre más por su falta de capitalismo que por su exceso, y parece poco probable que Abelardo contribuya a crear más y mejores empresas en su gobierno.
https://t.co/RbBmkiFUtE a través de @estoescambio
EL TERREMOTO DEL OLVIDO
Angel Maria Ocampo Cardona
El terremoto del 10 de agosto de 2026 no solo derrumbó edificios: derrumbó la ilusión de que nuestras ciudades podían seguir creciendo sin memoria. Lo que se vino abajo en Cali, Pereira y Manizales no fue únicamente obra de la naturaleza, sino el resultado acumulado de décadas de decisiones tomadas como si el territorio no tuviera historia, como si la tierra no recordara.
En Cali, la ciudad olvidó sus ríos. Se sabía desde los años 50 que la urbe debía crecer hacia el piedemonte y no hacia los humedales del Cauca. Lo dijeron Wiener y Sert, lo advirtió la Sociedad Colombiana de Ingenieros, lo repitieron expertos durante décadas. Pero la ciudad eligió olvidar. Se construyó sobre arenas finas, limos saturados y cauces enterrados. Se rellenaron humedales, se enderezaron ríos, se levantaron barrios enteros sobre suelos que nunca dejaron de ser agua. Cuando llegó el sismo, el subsuelo hizo memoria: los antiguos cauces respondieron como líquido y las estructuras mal calculadas cedieron. No fue sorpresa; fue consecuencia.
En Pereira se han vivido cien años de silencio sobre Egoyá. La quebrada Egoyá fue sepultada hace un siglo para “modernizar” la ciudad. En 1999, esa misma zona fue la más afectada por el terremoto. En 2026, la historia se repitió. La ciudad olvidó que bajo sus calles corre un río vivo, confinado, reclamando su espacio. Olvidó también las advertencias posteriores al desastre del 99: no levantar edificios de más de dos pisos en zonas vulnerables. La memoria se perdió y el riesgo volvió a ocupar su lugar.
En Manizales, la cordillera no perdona. Los primeros pobladores aplanaron el filo de la cordillera hace más de cien años para construir la avenida Santander. Sobre esa tierra movida se levantaron primero casas de dos plantas, luego edificios hasta de veinte pisos. La ciudad olvidó que la montaña tiene memoria, que la Falla de Romeral respira bajo sus pies, que el terreno removido nunca deja de serlo. El terremoto solo hizo visible lo que la geología venía diciendo en silencio.
Lo anterior nos dice que el verdadero epicentro del terremoto es el olvido. Lo que une a estas tres ciudades no es solo el temblor, sino la falta de una cultura de memoria histórica. Olvidamos los planes urbanísticos sensatos. Olvidamos las advertencias técnicas. Olvidamos los cauces, las fallas, los humedales. Olvidamos los desastres anteriores. Olvidamos que el territorio habla, y que cuando no lo escuchamos, grita. El desastre del 10 de agosto no fue solo natural: fue cultural. Fue el resultado de una sociedad que prefiere borrar antes que aprender, que confía más en el cemento que en la historia, que cree que la memoria es un lujo y no una herramienta de supervivencia.
La esperanza es que esta es una lección para que lo vivido no se repita jamás. Si algo debe nacer de esta tragedia es una conversación colectiva sobre la memoria. No una memoria nostálgica, sino una memoria activa: capaz de orientar decisiones, de frenar errores, de exigir responsabilidad. Una memoria que entienda que los ríos no desaparecen, que las fallas no se mudan, que los humedales no se vuelven roca por decreto. Una memoria que nos permita reconstruir no solo las casas caídas, sino la relación con el territorio que nos sostiene. Porque el verdadero milagro no será levantar muros nuevos, sino levantar una ciudadanía que recuerde. @JERobledo https://t.co/s5MT4g0Qje
@Danielbricen yo creo que seria bueno para la democracia que debatiera con el ex-senador robledo sobre este tema.
Si usted tiene razón no habría motivo para no asistir y así todo el país podría ver argumentos y no insultos.
Hay algo inconsistente en el paseo de la muerte de Abelardo de la Espriella. Un contraste que deja ver una farsa macabra en su actuación. Durante su vida como abogado penalista, como defensor para usar el nombre de su ron, siempre abogó por los derechos de acusados y condenados. El presidente defendió a algunos de los más feroces delincuentes que ha sufrido Colombia: los jefes paramilitares ¿Cómo es posible que el defensor de esos tiempos velara celosamente por los derechos de delincuentes de lesa humanidad y hoy, como presidente de la república, desconozca el mínimo respeto a delincuentes muertos en combate? ¿El defensor garantista ha mudado a chafarote que mira al cielo y camina orgulloso entre los cadáveres? ¿Su fantasía de cazador de hoy es solo una puesta en escena política que usa a los muertos para el aplauso? Abelardo llamó “desgraciados” a los hombres muertos en las bolsas bancas ¿Cómo les decía el otrora abogado defensor a sus clientes paramilitares? ¿Señores, doctores, patriotas…?
El dólar baja, pero una de las razones cuesta: Colombia mantiene tasas del 12% que atraen capital extranjero y fortalecen el peso, mientras encarecen el crédito. ¿Qué pasa si esos capitales salen? Lea a @saraosorio4 y @marodriguezcam en @Cedetrabajo
https://t.co/teOnepOfVl
El italiano y el hotel: Ecopetrol movió por Fiduprevisora jugosos contratos en los que se menciona a un exministro del gobierno Petro https://t.co/AH7Km6BcIe
EL TERREMOTO DEL OLVIDO
Angel Maria Ocampo Cardona
El terremoto del 10 de agosto de 2026 no solo derrumbó edificios: derrumbó la ilusión de que nuestras ciudades podían seguir creciendo sin memoria. Lo que se vino abajo en Cali, Pereira y Manizales no fue únicamente obra de la naturaleza, sino el resultado acumulado de décadas de decisiones tomadas como si el territorio no tuviera historia, como si la tierra no recordara.
En Cali, la ciudad olvidó sus ríos. Se sabía desde los años 50 que la urbe debía crecer hacia el piedemonte y no hacia los humedales del Cauca. Lo dijeron Wiener y Sert, lo advirtió la Sociedad Colombiana de Ingenieros, lo repitieron expertos durante décadas. Pero la ciudad eligió olvidar. Se construyó sobre arenas finas, limos saturados y cauces enterrados. Se rellenaron humedales, se enderezaron ríos, se levantaron barrios enteros sobre suelos que nunca dejaron de ser agua. Cuando llegó el sismo, el subsuelo hizo memoria: los antiguos cauces respondieron como líquido y las estructuras mal calculadas cedieron. No fue sorpresa; fue consecuencia.
En Pereira se han vivido cien años de silencio sobre Egoyá. La quebrada Egoyá fue sepultada hace un siglo para “modernizar” la ciudad. En 1999, esa misma zona fue la más afectada por el terremoto. En 2026, la historia se repitió. La ciudad olvidó que bajo sus calles corre un río vivo, confinado, reclamando su espacio. Olvidó también las advertencias posteriores al desastre del 99: no levantar edificios de más de dos pisos en zonas vulnerables. La memoria se perdió y el riesgo volvió a ocupar su lugar.
En Manizales, la cordillera no perdona. Los primeros pobladores aplanaron el filo de la cordillera hace más de cien años para construir la avenida Santander. Sobre esa tierra movida se levantaron primero casas de dos plantas, luego edificios hasta de veinte pisos. La ciudad olvidó que la montaña tiene memoria, que la Falla de Romeral respira bajo sus pies, que el terreno removido nunca deja de serlo. El terremoto solo hizo visible lo que la geología venía diciendo en silencio.
Lo anterior nos dice que el verdadero epicentro del terremoto es el olvido. Lo que une a estas tres ciudades no es solo el temblor, sino la falta de una cultura de memoria histórica. Olvidamos los planes urbanísticos sensatos. Olvidamos las advertencias técnicas. Olvidamos los cauces, las fallas, los humedales. Olvidamos los desastres anteriores. Olvidamos que el territorio habla, y que cuando no lo escuchamos, grita. El desastre del 10 de agosto no fue solo natural: fue cultural. Fue el resultado de una sociedad que prefiere borrar antes que aprender, que confía más en el cemento que en la historia, que cree que la memoria es un lujo y no una herramienta de supervivencia.
La esperanza es que esta es una lección para que lo vivido no se repita jamás. Si algo debe nacer de esta tragedia es una conversación colectiva sobre la memoria. No una memoria nostálgica, sino una memoria activa: capaz de orientar decisiones, de frenar errores, de exigir responsabilidad. Una memoria que entienda que los ríos no desaparecen, que las fallas no se mudan, que los humedales no se vuelven roca por decreto. Una memoria que nos permita reconstruir no solo las casas caídas, sino la relación con el territorio que nos sostiene. Porque el verdadero milagro no será levantar muros nuevos, sino levantar una ciudadanía que recuerde.
Naciones Unidas adopta un nuevo mapa del mundo: esta es la cartografía actualizada que refleja mejor cómo se ve el planeta Tierra
https://t.co/EOkQvqU8HC
El italiano y el hotel: Ecopetrol movió por Fiduprevisora jugosos contratos en los que se mencionan a un exministro del gobierno Petro.
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Contratos que tienen que ver con negocios en energía solar.
https://t.co/39gKUOPT6C