- Ciudadano Argentino, usted es el ciudadano más cascoteado del mundo. Sin embargo, todos sus problemas están en perfecto equilibrio. Si tiene un minuto se lo puedo mostrar.
@ziberiaI El team invierno nunca vivió un invierno de verdad, de menos 10 grados y lluvia y nieve todos los días. Mugre, frío y todo gris, bien comunista.
La dirigencia de River algún día deberá hacer autocrítica. La clasificación a la copa empezó a jugarse cuando teníamos 14 jugadores para hacer la pretemporada. Cuando se decidió sostener a un técnico que no iba más. Cuando se optó por dejar el futuro en manos de un interino.
@GenRiver Además pibes del club como Subiabre y Lencina. Que los tiraron a la cancha cuando todo estaba podrido. ¿Qué les querían pedir? Si se manejaron mal, es trabajo del DT y los referentes de enderezarlos. ¿Qué mensaje les damos a los chicos de inferiores?
@GenRiver Hay que pedir la cabeza de Longoria. Inmediatamente. Sabíamos que era mierda antes de llegar. Esas cosas en Argentina no funcionan nunca. B*ca lo intentó mil veces y con ex jugadores y desfilaron todos. Bianchi inclusive.
Hay que simplificar las cosas.
La bronca que siento no es solo por un resultado. Viene de más atrás. Viene de ver cómo, de a poco, este club gigante se fue desdibujando en lo que más importa: el fútbol. Se fue alejando de lo que supimos ser.
Y no, no se trata de salir a matar a quienes alguna vez nos dieron alegrías inolvidables. Nadie olvida lo que fuimos. Pero tampoco podemos seguir tapando todo, como si no pasara nada. Como si no viéramos lo evidente: que este proyecto está agotado, que se perdió el rumbo, y que hace rato River dejó de parecerse a River.
La política de refuerzos fue un papelón. Sin ideas, sin visión, sin un plan real. Se trajeron ex jugadores del club, grandes, varios rotos, sin ritmo o cerca del retiro. Se eligió la nostalgia por encima de la necesidad. Se apostó por lo fácil, por lo conocido. Y en el medio, algún que otro negociado dejó su huella.
Hoy estamos atados a contratos millonarios con jugadores que no suman nada. Compramos mal. Regalamos futuro. Cada vez que aparece un pibe que ilusiona, lo venden al toque. Nunca se construyó un equipo. Solo facturaron.
Seguramente nos hablen de las obras. Del Monumental, de las tribunas nuevas. Y sí, es verdad, el estadio está hermoso. Pero River no se agranda con cemento. Las tribunas no cantan solas. Y un club no vive solo de infraestructura.
Porque mientras todo eso pasaba, River dejó de hacer lo más importante: hacer feliz a su gente. Esa que no falla nunca. La que acompaña, la que se banca todo y llena cada cancha. A esa gente, este River no le devuelve nada.
Lo más doloroso es que esta dirigencia tuvo todo. Plata, tiempo, espalda política. Tenían todo para seguir en la senda de la excelencia. Y sin embargo, nos dejaron una sensación de mediocridad difícil de digerir.
Lo que antes era un modelo, hoy es una suma de errores. Lo que era unidad, se rompió. Y lo que era orgullo, hoy es frustración.
Y no, no se trata de ganar siempre. Eso lo tenemos claro. River ya nos enseñó que perder también es una opción cuando hay un camino. Pero esto no es eso. Esto es otra cosa.
Esto es perder la esencia. Perder la identidad. Traicionar lo que somos.
Y eso me cuesta mucho perdonar.