En este mismo espacio y en otros, he denunciado a morenistas que, diciéndose de izquierda, se entregan al lujo; así como a líderes sindicales que nunca han sido empleados, siempre patrones.
No me pueden pedir callar ante el caso evidente, claro y diáfano de corrupción y, por 20 años, de impunidad, de María Amparo Casar. No pueden decir que actúo por venganza porque a mí, jamás me ha hecho nada. Ni que soy incongruente, callando la suciedad de unos y exhibiendo la de otros.
Ellos sí: se han solazado atacando a los morenistas y pegan el grito en el cielo cuando tocan a Casar, denunciando persecución y represión, aunque los hechos son incontrovertibles:
*Carlos Fernando Márquez Padilla García trabajó 130 días en Pemex.
*Desde su muerte, en 2004, su esposa María Amparo Casar cobró 125 mil pesos mensuales como pensión.
*Hasta febrero de 2024, cuando suspendieron los pagos, había cobrado alrededor de 30 millones de pesos.
*No se trata de una viuda desvalida sino de una persona con mucho éxito, parte de la élite económica, que siempre ha ganado cantidades muy superiores al promedio.
¿Por qué debíamos los contribuyentes pagarle 6 veces lo que gana cualquier otro profesional a lo largo de décadas?
Eso, además de que el Ministerio Público acusa que Márquez murió por suicidio, arrojándose desde un piso 12°, pero se habría simulado un accidente para que Casar recibiera la pensión, entre otras irregularidades.
Aunque no fuera suicidio: ¿Cómo podría ser ético que alguien cobre del presupuesto público 6 veces lo que gana cualquier otro profesional, durante décadas, por cuatro meses de trabajo de su pareja?
Sobre todo si esa persona encabeza una organización que dice luchar contra la corrupción y la impunidad.