What happened to me is bigger than one artist or one stage. When the billionaire class can decide which voices are allowed on stage and which ones are too dangerous to hear, everyone should be paying attention.
So we're going on tour. All proceeds will benefit organizations supporting the Palestinian people and movement.
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Start your week with some new photos from Artemis II!
Though our journey around the Moon has ended, we're still retrieving plenty of new images. Keep an eye on our Artemis II multimedia gallery for image highlights from the mission: https://t.co/XInWMJwMYY
"La riada del barranco del Poyo pasó por encima de la guardería Chip y Chop. La directora, Ana Carreres, con la información que tenía, decidió cerrar ese día la guardería. Tengo que decir que también avisó a las demás escuelas infantiles de la zona y...
From @TheAthleticFC: Real Madrid have been known not to take defeats well. This is the most successful club in Champions League history, with a record 15 titles, but they are also bad losers. https://t.co/I1XJbNsk59
Master Chef no cocina platos, cocina personas
Nadie diría que MasterChef es un programa político. Se presenta como un entretenimiento culinario, una inocente laboratorio de creatividad donde unos aspirantes compiten por conquistar el paladar de un severo jurado. Sin embargo, lo que parece un certamen gastronómico es en realidad la restauración televisiva del viejo mito meritocrático disfrazado de cocina moderna. El formato reproduce, sin pudor, la vieja moral del trabajo de la clase media : el fracaso siempre es personal, nunca estructural. “No has puesto suficiente pasión”, “te falta actitud”, “este plato no transmite”. Se legitima asi una visión del mundo en la que el éxito depende solo de la entrega individual, nunca del contexto, ni de los privilegios, ni de la alteración de las reglas del juego.
MasterChef no enseña a cocinar; enseña a aceptar las reglas de un orden. Y así, mientras el espectador idiotizado cena frente al televisor, MasterChef le ofrece un menú ideológico invisible pero eficaz: disciplina, individualismo, competencia, y un culto reverencial al talento.
Históricamente, cocinar fue una práctica vinculada al ámbito doméstico, a la economía del cuidado y a la cultura material de lo cotidiano. MasterChef desencaja la cocina de ese espacio despojándolo de su dimensión comunitaria para convertirlo en competencia reglada. Lo que antes era transmisión de saberes populares se convierte ahora en un campo de batalla donde solo “los mejores”- según los parámetros del jurado- merecen permanecer. De este modo, la televisión logra transformar una actividad cultural profundamente colectiva en una narrativa de individualismo.
El concursante ideal no es el más sabio ni el más libre, sino el más sumiso a la exigencia de superarse continuamente. Y así, en cada corrección televisada, el público asiste no a una lección de cocina, sino a una dramatización de la obediencia: se elogia la humildad, se perdona el error, pero nunca se cuestiona la estructura que genera la desigualdad entre quien juzga y quien es juzgado.
En esta moralización de la cocina el sufrimiento adquiere valor pedagógico: el aspirante después del error llora y al final agradece. El espectador , en silencio, asimila en su casa la idea de que el éxito es consecuencia de la voluntad, y el fracaso: efecto natural de la insuficiencia personal.
El verdadera contenido de MasterChef no es culinario , es político. Su producto no es el alimento. Lo que se cocina ante las cámaras no son platos sino individuos perfectamente adaptados al mandato de rendir y agradecer.
Hay un momento que casi todo el mundo conoce: estar leyendo y de repente, darse cuenta de que llevas tres párrafos sin leer, que los ojos han seguido las líneas, pero la mente se ha ido a otro sitio, a algo sin nombre ni utilidad aparente. La reacción habitual es volver, concentrarse, retomar. Pero hay dos preguntas que casi nadie se hace: ¿dónde fue la mente mientras no estabas mirando? ¿Y qué encontró allí?
The world, Europe, and Spain have faced this critical moment before. In 2003, a few irresponsible leaders dragged us into an illegal war in the Middle East that brought nothing but insecurity and pain.
Our response then must be our response now:
NO to violations of international law.
NO to the illusion that we can solve the world’s problems with bombs.
NO to repeating the mistakes of the past.
NO TO WAR.
https://t.co/KpRjBfwY4B