Estuve en Suiza y había un debate político en mi cantón:
¿Debe el servicio municipal subir la tasa y recoger las basuras a diario, o es mejor congelar la tasa y seguir recogiendo los residuos en días alternos?
Había un debate —un cruce de argumentos—, una reflexión y una opinión en cada casa.
Me gustaría que el debate político en mi país fuese así. Una reflexión serena sobre nuestros retos colectivos. Pero, ¿qué ocupa los diarios y las conversaciones?
Que una exministra ha sido condenada por insultar a un juez. Que un ministro llevaba prostitutas a sus viajes oficiales. Que un expresidente ocultaba una fortuna en joyas de dudoso origen. Que un ministro está siendo juzgado por utilizar a la Policía para obstruir investigaciones judiciales. Que un diputado amañaba contratos públicos. Que la familia del primer ministro está sentada en el banquillo. Que asesores, comisionistas y tipos carcelarios campan e influyen en los poderes del Estado. Que los diputados —que habrían de ser para todos ejemplo de rectitud— utilizan nuestras lenguas, nuestra historia y nuestra diversidad no para celebrarlas sino para enfrentarnos a los unos contra los otros.
En este cenagal, cada cual toma su patético bando. «Los míos». «Los tuyos». «A favor». «En contra». Y los medios —inclusive los públicos— azuzan esta reyerta que, como un cáncer, está concomiendo mi país.
¿Cómo soportar este nauseabundo hedor en que se ha convertido el debate público? ¿Cómo podría alguien honesto querer implicarse en algo así?
Puedo aceptar que nos gobiernen mediocres, si son rectos. Pero cada caso es una herida. Cada noticia lacera el espejismo menguante de la ilusión que me gustaría sentir por mi país.
Quisiera tener líderes con grandes valores, aunque no sean exactamente los míos. Instituciones que, al frente, tienen hombres y mujeres respetables y elevados de espíritu. Quisiera no leer los insultos y las zafiedades que a menudo encuentro por aquí en la boca de las más altas magistraturas del Estado y la soberanía nacional. Quisiera ver la ética por encima de las ideologías.
Pero siento tristeza.
—¿Señor Gómez-Obregón?
—Sí.
—El resultado de la prueba es negativo.
—¿Eso es positivo?
—No, es negativo.
—Pero, ¿es positivo que sea negativo?
—Sí, es positivo.
—¿Pero no era negativo?
—Es negativo, pero es positivo.
—Eh… ¿tengo que estar contento o triste?
—Contento.
—Ah, ¡qué susto…!
(Caso real con mi médico de cabecera, que me hizo reflexionar sobre la importancia de la comunicación clara y los intrincados meandros de mi cuadriculada cabeza).
Hola @metrovalencia , la cancel•ladora de la parada de Sant Miquel dels Reis en sentit Benimaclet fa dies que no funciona, diu que tots els títols són invalids, quan en altres cancel•ladores els títols funcionen bé.
Per favor, arregleu-ho en poder.
Gràcies!
Is it weird that AI coding assistance is not giving me identity fracture?
A lot of software developers are feeling disoriented and threatened these days. Programming by hand is clearly going the way of the buggy whip and the hand-cranked auger. Which is how we're finding out that a lot of people have their identities bound up in being good at hand-coding and how it feels to do that.
That's not me. It's not me at all. Rather to my surprise, I don't miss coding by hand, not any more than I missed writing assembler when compilers ate the world and made that unnecessary. (That was in a couple years back around 1983, for you youngsters.)
Maybe the fact that I'm not feeling any of this disorientation disqualifies me from having anything to say to people who are. On the other hand...if you can learn to emulate my mental stance and be completely unbothered, maybe that would be a good thing?
So. If you're a programmer, and you're feeling disoriented, try this on for size:
I like being a wizard. I like being able to speak spells, to weave complex patterns of logic that make things happen in the world. Writing code is a way to manifest my will.
Yes, I've piled up a lot of arcane knowledge over the 50 years I've been doing this. But languages of invocation, they come and they go. Been a long time since I've had any use for being able to program in 8086 assembler, and that's okay. I have better spells now, and these days some rather powerful familiars.
What I'm inviting you to do is think of yourself as a wizard. Not as a person who writes code, but as a person who is good at assuming the kind of mental states required to bend reality with the application of spells.
And if that's who you are, does it matter if the spells are painstakingly scribed in runes of power, versus being spoken to an obedient machine spirit?
It's all one; it's all the manifestation of will. Arcane languages come and go, machine spirits appear and then diminish to be replaced by more powerful ones, but you? You are the magic-wielder. Without you, none of it happens.
Same as it ever was. Same is it ever was. And so mote it be.
Yo solo sé hacer dos cosas bien:
1. Diseñar y programar software
2. Escribir y comunicar
En ambas, acabo de ser superado por las máquinas. Desde hace unos meses diseñan, programan y escriben mejor que yo. Y mucho más rápido.
Sin embargo, no estoy preocupado por mi futuro.
Justo al contrario: estoy más ilusionado que nunca. ¿Por qué? Una de las razones la explica fabulosamente aquí Eric S. Raymond, leyenda viva de la historia reciente de la tecnología.
La otra es más sutil, pero está cincelada en mi forma de verme y de ver el mundo: yo creía que solo hacía bien dos cosas, pero en realidad solo he hecho bien una: adaptarme.
Crecí en un mundo en el que «qué sabes» era más importante que «cómo eres». El mundo que viene, en cambio, es justo al revés.
Sé diseñar y programar software, pero me adapto a la realidad de que ya apenas lo haré: desde ahora hablo con máquinas que lo hacen por mí.
Sé escribir y comunicar, pero me adapto y acepto que puedo asistirme de máquinas para hacerlo mejor o más rápido.
Pero a veces programo, diseño o escribo por el puro goce de hacerlo. Por una pulsión catártica. Por rabia, por euforia, por lo que sea. Y ahí —como aquí y ahora— ninguna máquina me desplazará.
Seré más humano que nunca.
(En la imagen, una de las varias cartas que he enviado este año. Cartas postales. De papel. Manuscritas. A personas que son importantes para mí, más allá de los años y las máquinas. Con fotografías, con recuerdos. A esto dedico el tiempo que la IA me ahorra: a ser humano).
«Cada punto de contacto entre la ciudadanía y su gobierno, reconstruido por alguien que de verdad sabe cómo crear cosas que la gente quiere usar».
Quiero esto en mi país.
No es solo el qué; es, sobre todo, el quién: un técnico —no un político— cuyo prestigio viene de éxitos en La Vida Real™️, no de la ficción de los despachos oficiales ni de trepar a machetazos en el escalafón de los partidos.
¡Lo público no puede seguir siendo liderado por mediocres enchufados por afinidad! Pero, ¿quién en su sano juicio aceptaría un puesto similar en España?
Entrar en la política es un serio desprestigio personal. Lo público y su cultura repelen a todo gestor que valore la eficiencia. En las empresas asumimos riesgos, pero los puestos clave en la Administración están copados por jurídicos. Todo está regulado y es imposible —o exasperante— moverse y avanzar. ¿Qué de puede hacer, entonces? Observatorios.
Quienes peor me hablan de la Administración son quienes trabajan en ella. La generación de nuestros padres tenía un proyecto sugestivo: desplegar un Estado democrático y el modelo autonómico. Pero, ¿y ahora qué? ¡La Administración son personas que necesitan retos e ilusión para avanzar!
Eso, para empezar.
Y un mensaje a todos los cretinos que hemos colectivamente aupado a las más altas magistraturas del sistema:
La ideología no puede ser «conservador o progresista», «rojo o facha», «público o privatizado».
La ideología debe ser el coraje: «vamos a reconstruir cómo 48 millones de españoles se relacionan con el Estado, y voy a liderarlo caiga quien caiga; aunque me cueste el puesto, la cárcel o me deje la vida».
¡Que ya basta de intentar dividirnos y enfrentarnos!
No planifiquen una nova estació urbana de rodalies a l'eixida de València que falta fa per a descongestionar l'Estació del Nord i te casquen una en Bonaire amb una freq. d'1 hora. I tot perquè diuen que fer-la ahi "és molt complicat".
Se descollonen de mosatros
💸 ¡Vamos a mejorar un trámite digital sin gastar un euro!
Muchos trámites parecen diseñados en el séptimo círculo del averno. Y cuando se lo digo a mis amigos funcionarios, me salen por bulerías con el mismo cante jondo de siempre:
—Es que no hay dinero.
Pero payo… ¿cuándo lo ha habido? ¡Gestionar es un arte que florece justo en la escasez!
He aquí una idea muy loca:
✨ Podemos mejorar los trámites digitales de nuestro país sin gastar (apenas) ✨
¡Veámoslo con un ejemplo!
Y ve situando tu dedo —tú, sí; te lo digo a ti 🫵— sobre el botón de «retuit» para difundir este evangelio, que he echado medio sábado en él. 😜
📣 ¡Necesitamos que llegue a nuestros gobernantes y gestores!
¡Vamos allá! 🥳🧵👇
A raíz de lo de María Pombo, en las redes, miles de personas han dado argumentos sobre por qué leer es beneficioso, como era lógico, pero lo que más me ha sorprendido es la cantidad de intelectuales y escritores afirmando que no por leer se es mejor persona que otra. Efectivamente, nadie es mejor que otra persona por leer… porque nadie es mejor que otra persona. Me parece un debate tan de influencer que no sé cómo tanta gente ha podido caer en el error.
Por suerte, todavía no existe una lista de méritos que nos vaya aupando puestos en una lista social donde, supongo que para esta influencer, la gente guapa y rica estaría en los primeros puestos y los que no sabemos combinar el azul cielo con otro color, caeríamos a la cola. Aunque la gente lo piense, lo estamos viendo hoy en día en Palestina, no existe una persona mejor que la otra. Una científica, por mucho que aporte a la sociedad, no es mejor que el cajero del supermercado. Y sí, un lector no es mejor que otro que no lee, por el simple hecho de que la vida no es una competición, ni un torneo.
Ahora, como escritor, lector y profesor de escritura, estoy cien por cien seguro de que leer y escribir mejora la vida de la gente… pero era una seguridad basada en la experiencia, en mis vivencias. He visto a gente salir de lugares muy oscuros gracias a las letras impresas, pero… ¿Podrían ser casos aislados?
Así que hice lo que se debe hacer en estos casos, acudir a la ciencia. Me propuse resolver la pregunta sobre si la lectura te hace mejor persona. He estado leyendo y escuchando a expertos en neurociencia y estas son las conclusiones que he sacado:
Leer protege tu cerebro: La lectura retrasa y detiene el deterioro cognitivo provocado por la edad. Es una gran defensa contra las enfermedades como el Alzheimer o la demencia. Y esto es muy fácil de explicar: la lectura estimula tantas partes del cerebro de forma visual, espacial, sensitiva, memorística, etc… que provoca una gran actividad en nuestro cerebro, lo que mantiene en forma ante posibles deterioros. Leer es, por así decirlo, un entrenamiento cerebral.
Leer reduce el estrés y la ansiedad: Según una investigación de la Universidad de Sussex leer tan solo seis minutos puede disminuir los niveles de estrés hasta en un 60%. La lectura permite una desconexión a nivel cerebral y también corporal. Es algo así como una kriptonita para tensión del día a día.
Leer mejora la empatía: El escritor John Steinbeck dijo una vez que "Solo puedes entender a las personas si las sientes en ti mismo". Esto es un poco lo que sucede dentro de nuestro cerebro al leer, la lectura activa las famosas neuronas espejo, neuronas que nos permiten imitar comportamientos sociales, y por lo tanto favorece mejores interacciones sociales o al menos la comprensión de ellas.
Leer mejora nuestras funciones cognitivas: Quizás las actividades cerebrales que más se ven afectadas en los últimos tiempos, como la atención, la concentración, la memoria, pueden mejorar gracias a los hábitos de lectura. Frente al vértigo del siglo XXI, donde las funciones ejecutivas están siendo arrinconadas, la lectura ofrece un refugio para fomentar estas actividades del pensamiento.
Leer modifica físicamente tu cerebro: Las personas con un hábito lector pueden ensanchar algunas áreas del hemisferio izquierdo que se encargan del procesamiento de información y de la categorización del mismo. Es decir, las partes que tienen que ver con el procesamiento de información están fortalecidas y son más eficientes.
Leer, por supuesto, mejora la creatividad: Imaginar el país de Oz o cómo es físicamente Gollum hace poner en marcha algunas áreas del cerebro diferentes regiones. Esto fortalece sus conexiones, creando vías más eficientes para el pensamiento creativo. Esto provoca una mayor facilidad para el pensamiento divergente y la resolución de problemas de una manera no convencional.
Y apuro una última conclusión que no tiene tanto que ver con la neurociencia, como con la sociología: Leer aumenta el sentido crítico. En mi opinión, tener un ojo crítico va a ser una de las habilidades más importantes en los próximos años. Almacenar conocimiento no será tan importante como saber detectar qué información es veraz o tener puntos de vista no polarizados. Esto también se entrena con la lectura.
Por último, me gustaría acabar con una última anécdota personal. Desde que nació mi hijo, le hemos leído en voz alta sus cuentos favoritos antes de dormir. Ahora, que ya lee los libros él solo, nos pide que sigamos leyendo con él, aunque cada uno lea su libro. Así que, todas las noches, antes de dormir, nos tumbamos en la cama y cada uno lee su libro. No sé si esto mejora en algo su vida, pero tengo claro que la mía es mucho mejor con ese momento.
À PUNT va encetar ahir amb un rotund FRACÀS d’AUDIÈNCIA les retransmissions d’actes taurins
L’emissió en directe de tres desencaixonades a Vila-real va obtindre un 0’8% de share i 6.000 espectadors en la vesprada de la televisió valenciana
Els valencians hem dit NO als bous👏🏾
Mis sitios web —y muchos miles más— están bloqueados en España cuando hay fútbol.
👏 ¡Un fuerte aplauso al Juzgado de lo Mercantil n.º 6 de Barcelona, a Telefónica y a todos los inútiles guionistas de este astracán, que tratando de mitigar un problema han creado otro mucho mayor!
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Del apagón solo diré que la gente salió en masa a la calle para disfrutar del día PORQUE NO SE PODÍA TRABAJAR, la felicidad empieza cuando el trabajo asalariado termina, y que los pequeños comercios aprovecharon y duplicaron los precios. Así son los “pequeños empresarios”.