La lección es clara: disfrutemos y dejemos de enfadarnos por cosas que tienen arreglo. Mañana tiene tanto valor como hoy, no dejemos de vivir por el que dirán y, sobre todo, ser felices por encima de todo.
En 2015, los bomberos de Vancouver se encontraron con una anomalía imposible: a uno de sus rascacielos le faltaban 4 plantas Y ERA MAS ALTO POR DENTRO QUE POR FUERA.
¿Cómo es posible?
Esta es la historia: en mayo de 2015, el cuerpo de bomberos de Vancouver ejecutó un simulacro en el rascacielos de viviendas QuayWest I.
El equipo interior subía por las escaleras del edificio para encontrarse con el equipo exterior, que iba en una plataforma extensible. El encuentro debía producirse en la planta 32.
Cuando los bomberos del interior (verde) llegaron a la planta marcada con el 32, se encontraron con que el equipo exterior (rojo) estaba 4 plantas más arriba. Y sin embargo, los bomberos de fuera habían contado las plantas y TAMBIÉN estaban en la planta 32.
¿Dónde se habían perdido esas cuatro plantas?
Pues se habían perdido en una tormenta lingüística.
Por un lado, una de las plantas se había perdido en la triscaidecafobia: el miedo al número 13.
Porque ese miedo hace que MUCHOS edificios por todo el mundo NO TENGAN PLANTA 13. Como se ve en este ascensor de 1932, de la planta 12 pasa a la planta 14. Es una rareza total.
No es que la planta 13 no exista, claro, es que la han cambiado de nombre. A veces lo sustituyen por un 12A o la letra M (la decimotercera del alfabeto).
Pero esta superstición solo explicaría que en el rascacielos de Vancouver faltase UNA planta, no CUATRO.
Aquí es donde llegamos a la tormenta.
Si habéis visto "Arrival", recordaréis que la peli se articula sobre la hipótesis Sapir-Whorf, que establece el denominado principio de relatividad lingüística; es decir, que nuestra comprensión y conceptualización de la realidad está determinada por el lenguaje.
La hipótesis Sapir-Whorf, vigente en su categorización débil, dice que "la lengua de un hablante tiene cierta influencia en la forma que este conceptualiza la realidad". Esta "cierta influencia" nos lleva a China y a los lenguajes cuya escritura se basa en el ideograma.
En mandarín, donde "persona" se escribe con un carácter que parece un ser humano (人), y en el que el carácter de "prisionero" simula a esa silueta encerrada en una jaula (囚), la relación entre el lenguaje y la realidad es sensiblemente más directa. Así, en chino, el número 4 se pronuncia /sì/, algo muy parecido al sonido /sǐ/, que es el sonido de la palabra "muerte". Aunque los ideogramas son muy distintos (四 es cuatro y 死 es muerte), la identificación sonora es prácticamente idéntica.
Como la relación lenguaje-significante es más directa, para un chino, el sonido "muerte" significa más muerte que para un occidental.
Y como "cuatro" suena igual que "muerte", es frecuente que en los edificios de extremo oriente, se elimine toda referencia a la planta cuatro, pero también a la 14, la 24, la 34 y cualquier número terminado en cuatro.
Que es exactamente lo que le sucede al rascacielos QuayWest I, que tiene esta FRIKADA de panel de ascensor donde faltan 5 plantas.
Pero si este miedo al 4 es una cosa de Extremo Oriente, ¿por qué pasa en Vancouver?
Porque, sencillamente, Vancouver es una de las ciudades con la comunidad oriental más numerosa de Occidente. Y, de hecho, el arquitecto del QuayWest es un señor llamado James Cheng.
Las entradas 22 meses antes del concierto.
Las giras que se anuncian el mismo día que salen las entradas.
Los códigos no para comprar, sino para hacer cola.
Los abonos de festivales sin tener un cartel anunciado.
Los bots que arrasan en cada venta.