○ Doctor Sergio Fajardo,
Le escribo con franqueza y sin animadversión personal. Precisamente porque hablar de una “calamidad” para Colombia exige algo más que buenas intenciones: exige autoridad política y claridad frente a la realidad del país.
Usted ha sido evaluado por Colombia en tres oportunidades electorales y en las tres el resultado ha sido el mismo. No es una descalificación moral, es un dato democrático. El país ya habló. Por eso sorprende que, desde esa trayectoria, hoy pretenda erigirse en árbitro del riesgo nacional, como si la reiteración de derrotas no dijera nada sobre la viabilidad real de su propuesta.
Durante años usted ha insistido en presentarse como la alternativa moderada frente a los “extremos”. Sin embargo, esa narrativa se agotó. No porque la moderación sea un defecto, sino porque en los momentos decisivos terminó traduciéndose en ambigüedad, silencio o cálculo. La polarización que hoy vive Colombia no nació del carácter fuerte de algunos, sino de la incapacidad del centro para asumir costos cuando era necesario hacerlo.
Mientras usted sigue advirtiendo, Abelardo de la Espriella está confrontando sin rodeos el riesgo concreto que hoy enfrenta el país: la continuidad del proyecto de Gustavo Petro encarnado en Iván Cepeda.
Esa no es una discusión teórica ni un ejercicio de equilibrio retórico; es una disputa de poder que definirá si Colombia corrige el rumbo o se hunde más en el deterioro institucional, la inseguridad y el colapso de servicios básicos como la salud.
Usted habla de confrontación social como si fuera una amenaza futura. Pero la confrontación ya existe. Los territorios capturados por estructuras criminales, la degradación del debate público y la naturalización del desorden no los provocó Abelardo de la Espriella. Son consecuencias de un gobierno frente al cual usted ha preferido la distancia prudente antes que la oposición clara.
Colombia no necesita más llamados abstractos a la moderación desde un centro cómodo y testimonial. Necesita decisión, carácter y voluntad política para enfrentar al petrismo sin complejos. Y hoy, le guste o no, la contienda real no es entre extremos simétricos, sino entre quienes están dispuestos a frenar ese proyecto y quienes lo cuestionan solo en el lenguaje, pero no en la práctica.
Si quiere debatir, hagámoslo con honestidad intelectual: no sobre caricaturas de “calamidad”, sino sobre quién tiene hoy la fuerza, la claridad y el coraje para impedir que Colombia siga deslizándose hacia un modelo fracasado.
Porque en esta coyuntura histórica, profesor Fajardo, la verdadera calamidad no sería el carácter fuerte, sino la repetición indefinida de la indecisión.
Atentamente,
@AlbertoSierrave
@GustavoBolivar A pero para callar por Ucrania, irán, Venezuela, que payaso eres honestamente, es más mire al cauca y el Catatumbo, ya no volvió ni a contar las muertes de los líderes sociales ,���
@petrogustavo A pero cuando reducen salís a decir que es gracias a tu gestión, deja la payasada y salí a decir algo del secuestro de la médica en Sevilla