La soledad en la vejez es una pandemia silenciosa que la prisa cotidiana nos impide ver.
A veces, unos minutos de conversación en la caja de un súper son el único contacto humano que alguien tiene en todo el día.
Un recordatorio impecable de que la empatía empieza por no juzgar los tiempos de los demás.
Perdón por alejarme cuando estoy triste, no me estorba la gente, solo no sé cómo permitirme sentir. Por eso valoro mucho a las personas que están conmigo a pesar de todo y nada.