Metro descarta riesgos, pero la empresa fabricante sí reconoce el alto riesgo del asbesto
En 2014 Alstom adjudicó el proyecto de overhaul a los NS74 pero cuando detectaron asbesto (2015) rechazaron continuar el proyecto, y Metro lo hizo internamente
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El estacionamiento gratis no existe, sólo cambia quién lo paga
Si el conductor no paga, el costo lo paga toda la comunidad: vecinos, peatones y quienes ni siquiera tienen automóvil
Llamarlo “gratis” es ocultar quién financia ese espacio, que además no puede usar
Baquedano 👇
Aquí otro caso de Xenofobia.
En esta oportunidad @RedSaludCChC debe tomar acciones contra esta persona. Alejandra Vera quien funge como secretaria en Avansalud, filial de Redsalud.
Hace referencia a la tragedia de los terremotos en Venezuela burlándose diciendo "Ni la naturaleza los quiere ..😂😂"
@BraulioJatarA favor su atención.
Félicitations à la FIFA pour avoir attribué la Coupe du Monde à un pays capable de retenir pendant 7 heures un joueur qui n’a jamais fait parler de lui autrement que par ses performances sur le terrain.
Quand le meilleur buteur de l’Irak, qualifié pour le plus grand événement sportif de la planète, peut être traité comme un suspect à son arrivée, difficile de ne pas s’interroger sur l’accueil qui sera réservé à certaines sélections (Iran) et à leurs supporters.
Pendant des années, chaque aspect de l’organisation au Qatar a été scruté, commenté et critiqué. J’espère que les États-Unis feront l’objet du même niveau d’exigence et de la même couverture médiatique.
Bravo, Monsieur Infantino.
@ElGolGarracol Que Colombia tiene grandes jugadores y siempre los tendrá pero que el corazón no les late fuerte cuando toca y el pecho se pone fríiiito
KAST Y SU METÁFORA
Cuando la mentira necesita clases de literatura.
En Ardiente Paciencia, la maravillosa novela de Antonio Skármeta llevada al cine como “IL Postino”, hay una escena tan simple como brillante: Mario Ruoppolo, un cartero humilde y entrañable, intenta comprender qué demonios es una metáfora. Escucha a Pablo Neruda hablar de poesía y queda fascinado con esa capacidad misteriosa de decir una cosa para expresar otra. El pobre Mario, hombre sencillo, confundido y sin demasiada formación, tarda en entender que la metáfora no es un engaño, sino una forma más bella de aproximarse a la verdad.
Décadas después, en Chile, hemos asistido a una reinterpretación bastante más precaria de aquella lección literaria. El presidente José Antonio Kast decidió explicarle al país que su promesa de expulsar a 300 mil inmigrantes ilegales el 11 de marzo era, en realidad, una metáfora. Una figura literaria. Un recurso expresivo. Una licencia poética de campaña. Casi un homenaje involuntario a Neruda, aunque con menos poesía y más cinismo.
La frase merece un lugar privilegiado en la historia universal del descaro político. Porque no estamos hablando de una expresión ambigua dicha al pasar. Kast hizo campaña con una cuenta regresiva diaria y obsesiva, diciéndoles a los inmigrantes que cada jornada era “un día menos” en Chile. No había metáfora alguna. Había un mensaje explícito, directo y calculado para provocar miedo, entusiasmo y aplausos.
Pero ahora descubrimos que todo era simbólico. Figurativo. Alegórico. Una especie de performance lingüística que los ciudadanos, en su infinita torpeza, no supieron interpretar.
La explicación presidencial tiene algo profundamente revelador: no intenta defender el incumplimiento; intenta ridiculizar a quienes creyeron en la promesa.
La culpa no sería de quien mintió, sino de quienes fueron suficientemente ingenuos para pensar que hablaba en serio. Es una operación política elegante en su brutalidad: transformar la mentira en malentendido y la responsabilidad en exceso de credulidad ajena.
Mario Ruoppolo no entendía las metáforas porque era un hombre simple. Kast parece no entenderlas por una razón mucho más inquietante: porque cree que cualquier falsedad puede convertirse retrospectivamente en recurso literario si se pronuncia con suficiente aplomo frente a una cámara.
Una metáfora no consiste en decir “expulsaré 300 mil personas” para luego aclarar que nunca se quiso decir eso. Si así funcionara el lenguaje, los estafadores serían poetas y las campañas electorales concursos de surrealismo. Neruda utilizaba metáforas para ampliar el sentido de las cosas; ciertos políticos las usan para escapar de sus propias palabras.
Y hay algo todavía más irónico en todo esto. Durante años, sectores de la derecha chilena acusaron a sus adversarios de relativismo, posverdad y manipulación lingüística. Venían a restaurar la seriedad, la honestidad brutal, el lenguaje directo. Nada de ambigüedades progresistas. Nada de dobles lecturas. Hasta que la realidad golpeó la puerta del Palacio de La Moneda y descubrimos que las promesas tampoco eran promesas: eran literatura experimental.
Tal vez el presidente debería revisitar IL Postino. No por sensibilidad artística —virtud escasa en la política contemporánea— sino para entender algo elemental: las palabras importan. Sobre todo cuando quien las pronuncia aspira a gobernar un país. Porque cuando un candidato promete algo de manera explícita y luego sostiene que era una metáfora, no está demostrando sofisticación intelectual. Está confesando, sin vergüenza alguna, que jamás consideró obligatorio decir la verdad.
Y quizá allí radique la tragedia moderna: Mario Ruoppolo confundía las metáforas con amorosa inocencia. En cambio, José Antonio Kast pretende confundir la mentira con metáfora, simplemente porque cree que la ciudadanía olvidará lo que escuchó, y si lo creyeron, es total y absolutamente problema de ellos.
@MisColumnas
@PresidenteKast Pana, la estás cagando y 0 autocrítica. Lo que tanto criticabas ahora x 2 en tu gobierno, excusas para no afrontar responsabilidades suena muy chavista, y siempre lo pensé así.
@Eneatipo7@PresidenteKast Carta para enmarcar y enviar al 70 % de los gobernantes de este continente. Gracias, René, para mí eres un crack! El Ronaldinho de la escritura jeje (estamos en época de mundial de fútbol)
Teníamos un tipo en el trabajo que desaparecía todos los días a las 3 de la tarde.
Portátil cerrado y se iba así como así.
Regresaba a las 4:30 y no decía nada, así siguió durante seis meses.
Pensamos que tenía diálisis o algo por el estilo. No preguntamos.
Los plazos se retrasaban, recuerdo que una vez se perdió dos llamadas de clientes.
El jefe finalmente preguntó: «¿A dónde vas?». Brian: «Manejando algo personal».
Jefe: «¿En horario de la empresa?».
Brian: «Son las 3 de la tarde». Como si eso lo explicara todo.