La verdadera prueba de fuego de todos los políticos y periodistas españoles que se alegran por la intervención de Estados Unidos va a ser cuando Marruecos active la invasión de Ceuta y Melilla.
Alguno se va a sorprender viendo de qué lado van a caer las bombas yanquis.
Insisto porque el punto es central. Si Trump puede secuestrar al presidente de Venezuela sin consecuencias reales, Xi Jinping también podría hacer lo mismo con el presidente de Taiwán o Putin con Zelensky. Cuando el derecho internacional, la soberanía y el principio de no injerencia se aplican de manera selectiva, dejan de ser reglas y pasan a ser excusas. En ese escenario no hay límites jurídicos, solo poder. Y cuando el poder reemplaza al derecho, el conflicto deja de ser excepcional y se vuelve norma.
No importa la opinión que se tenga de Nicolás Maduro y de su gobierno en Venezuela. Ninguna invasión estadounidense a algún estado de América ha resultado en un mejoramiento de las condiciones de vida de la población intervenida. Y de ello hay evidencia histórica suficiente.
Breve recordatorio de que Estados Unidos, y su compañero Israel, son aliados primordiales de Marruecos.
Veo a muchos españoles contentos hoy, pero cuando nos toque a nosotros, los helicópteros yanquis no van a volar a nuestro favor, precisamente.
Ni EEUU ha recibido un ataque previo por parte de Venezuela ni existe mandato alguno del Consejo General de Seguridad de la ONU que justifique una intervención militar. Se llama violación del Derecho Internacional. Tan peligroso y tóxico como el tradicional imperialismo USA!!
Antes, en los años de Nixon, Reagan o Bush, intentaban disimular y se escudaban en combatir el comunismo, en llevar “democracia” o en las armas de destrucción masiva.
Ahora es que ni se cortan.
Esto no va de defender o no a Maduro, reducirlo a eso es absurdo.
Esto va de que EEUU no puede hacer lo que le salga de los cojones donde y cuando quiera para asegurarse influencia política y recursos estratégicos.
En el último año han bombardeado a SIETE países.
1️⃣ Derrocar a un dictador suena moralmente justo. Nadie llora por un tirano. Pero el derecho internacional no se construyó para proteger a los buenos, sino para contener a los poderosos. Por eso prohíbe la fuerza casi sin excepciones: no porque ignore la injusticia, sino porque sabe que, si cada país decide a quién “liberar” a balazos, el mundo vuelve a la ley del más fuerte.
2️⃣ El problema no es Maduro. El problema es el precedente. Cuando la fuerza militar se usa para cambiar gobiernos sin reglas claras, la soberanía deja de ser un límite y se vuelve un estorbo. Hoy es “derrocar a un dictador”; mañana será “corregir una elección”, “proteger intereses”, “restaurar el orden”. El derecho no absuelve dictaduras, pero tampoco legitima cruzadas unilaterales.
3️⃣ La pregunta incómoda no es si un tirano merece caer, sino quién decide cuándo y cómo. Porque la historia enseña algo brutal: sacar al dictador es fácil; construir justicia después, no. Y cuando la legalidad se rompe en nombre del bien, casi siempre lo que sigue no es libertad, sino caos, violencia y nuevas víctimas. El derecho existe para recordarnos eso, incluso cuando incomoda.
En los años 70 y 80, en condiciones mucho más favorables a las de ahora, con bloques militares bien definidos, nadie desde las fuerzas progresistas exigía a la URSS intervenir militarmente ante los incontables golpes de ultraderecha e invasiones de EEUU en lo que consideraban y consideran su "patio trasero". En estos momentos vemos cómo se exige a Rusia y a China que intervengan en Venezuela o Palestina. Es como si se pretendiera que el cambio hacia un nuevo orden internacional justo llegara sustituyendo al gendarme malo por unos nuevos gendarmes buenos en un alarde de infantilismo "izquierdista". Y además sin tener en cuenta que estamos en una fase de transición muy peligrosa, caracterizada por la decadencia de un imperialismo occidental armado hasta los dientes y con miles de ojivas nucleares que pretende morir matando. El parto de un nuevo mundo va a ser duro y doloroso y en él va a haber pasos adelante junto a pasos atrás y contradicciones, pero el devenir histórico es inexorable. La impaciencia irreflexiva o el derrotismo nunca son buenos compañeros de viaje. Templanza y firmeza. Visión global y análisis concreto.
Solidaridad con Venezuela y con el pueblo palestino.
No se puede con todo. Punto.
No se puede currar ocho horas (o más), seguir formándote, hacer ejercicio, mantener la casa medio decente, comer sano, cuidar a los tuyos y además tener vida social. No entra. No cabe.
Un señor de 80 años al que no le llegaba la pensión para pagar la hipoteca se ha quitado la vida porque lo estaban desahuciando. Era muy importante que el puto banco se quedase con su casa.
Mientras la vivienda sea un negocio nadie tendrá asegurado un sitio donde vivir.