Sorprende la indolencia de un presidente que compara las privaciones económicas de una familia vulnerable con no poder salir de vacaciones o estudiar en el extranjero. El problema del gobierno es harto mas que la vocera.
O Brasil continuará a apoiar, em conjunto com o México, a candidatura de Michelle Bachelet ao cargo de Secretária-Geral da ONU. Bachelet é altamente qualificada, com o melhor currículo para a função, tendo sido duas vezes presidenta de seu país, Alta Comissária da ONU para os Direitos Humanos e Diretora Executiva da ONU Mulheres. Ela tem todas as credenciais para ser a primeira mulher latino-americana a liderar a organização, promovendo a paz, fortalecendo o multilateralismo e recolocando o tema do desenvolvimento sustentável no centro da agenda internacional.
¿Me ayudan con un RT, por favor?
Se busca a Nico, andaba por el lugar de la explosión del camión con gas en #Renca y hasta el momento no ha habido noticias de él
Si tienen un contacto en algún lugar donde halla heridos o info oficial por favor avisar 🙏🏻
¿Se acabaron los riesgos para los inversionistas en Venezuela bajo la nueva influencia estadounidense?
En ninguna parte del mundo se acaban los riesgos. En inversión no existe “riesgo cero”. Existe más riesgo o menos riesgo y en nuestro país ese riesgo ha sido, para describirlo técnicamente, “burda” de más.
Pero la regla básica de las finanzas es clara: a mayor riesgo esperado, mayor rendimiento esperado. Algunos inversionistas lo buscan. Otros lo evitan.
En el caso venezolano, la realidad es esta:
La situación hoy es significativamente menos riesgosa que hace unos días atrás. Se está abriendo el mercado petrolero a Occidente, se reducen distorsiones del mercado negro, aumenta la transparencia operativa y el marco legal comienza a moverse hacia un modelo más abierto a la inversión privada.
¿Es perfecto? No. ¿Es inmediato? Tampoco.
Pero la mejora porcentual es enorme y eso cambia el clima de expectativas.
Persisten riesgos políticos. Los cambios han sido más económicos que institucionales. Sigue pendiente un proceso de negociación que permita una transformación sólida, reglas claras y confianza en los mecanismos electorales, para caminar hacia el sistema político que la mayoría quiera. Ese proceso no será simple ni lineal ni rápido. Algunos inversionistas temen que en el camino se puedan revertir los avances.
Pero incluso con esos riesgos, el sector petrolero y gasífero ofrece oportunidades extraordinarias. Es un sector históricamente acostumbrado a operar en entornos complejos. Basta recordar que las grandes petroleras producían en Irak en pleno ataque externo.
Habrá con ello demanda de servicios, tecnología e infraestructura. Habrá consolidación de actores presentes y entrada de nuevos jugadores, primero probablemente medianos que buscan desarrollar proyectos, que luego querrán vender a las grandes corporaciones que necesitan más tiempo para decidir, pero que tarde o temprano van a entrar, pues si su visión es ser una de las petroleras más grandes del mundo, no pueden dejar de estar en la mina más grande del mundo, sobre todo cuando algunos de sus competidores más importantes ya están ahí. El nivel de riesgo determinará quién entra primero, no si alguien entra.
Entonces, ¿hay riesgos? Por supuesto. Nadie invierte ingenuamente.
Pero afirmar que por eso no habrá inversión ni crecimiento es desconocer cómo funciona realmente la economía global y mucho menos la petrolera. Es subestimar el peso del interés estadounidense en la estabilización económica del país, algo que mostrará como su éxito más importante en Venezuela, dejando la política momentáneamente en un segundo plano.
Con o sin explosión inmediata de capitales, esta economía va a crecer.
Y eso, en sí mismo, es una noticia estructuralmente positiva. Algunos asumirán los riesgos inherentes y otro no. Me parece que los segundos lo asumirán también…pero más tarde y con menos rendimiento.
🙏 ORACIÓN SECRETA EN LA BIBLIA PARA ABRIR CAMINOS BLOQUEADOS.
Amado Dios, hoy vengo delante de Ti con un corazón humilde, con fe sincera y con la certeza de que Tú eres el Dios que abre puertas donde nadie puede cerrar, y que hace caminos donde parecía imposible avanzar.
Señor, Tú conoces cada lucha que enfrento, cada obstáculo que hoy me detiene, cada situación que parece estancada. Nada está oculto delante de Ti. Por eso hoy deposito en Tus manos mis preocupaciones, mis proyectos, mis decisiones y mis sueños.
Padre, así como abriste el mar para Tu pueblo, abre ahora los caminos de mi vida. Donde hay confusión, trae claridad. Donde hay atraso, trae aceleración divina. Donde hay puertas cerradas, coloca llaves de favor. Donde hay silencio, trae respuestas. Donde hay espera, trae cumplimiento.
Rompe, Señor, todo bloqueo espiritual, emocional, económico y familiar que esté impidiendo mi avance. Cancela toda palabra negativa, toda mala intención, todo miedo y toda duda que haya intentado paralizarme. Hoy declaro que ningún obstáculo es más fuerte que Tu poder.
Aunque hoy no vea salida, confío en que Tú ya estás obrando. Aunque no entienda el proceso, sé que Tú estás preparando algo mejor. Enséñame a esperar sin rendirme, a confiar sin dudar y a avanzar sin temor.
Derrama sobre mí Tu sabiduría para tomar decisiones correctas. Llena mi mente de ideas, mi corazón de paz y mis pasos de dirección. Que cada puerta que se abra venga acompañada de propósito, bendición y estabilidad.
Señor, hoy activo Tus promesas sobre mi vida. Declaro que se abren oportunidades, contratos, soluciones, sanidades y restauraciones. Declaro que esta temporada no es de estancamiento, sino de movimiento, crecimiento y victoria.
Gracias porque lo que hoy parecía imposible, mañana será testimonio. Gracias porque estás convirtiendo mis pruebas en bendiciones y mis lágrimas en alegría.
Si esta oración llegó a tu vida en este momento, es porque Dios está haciendo algo nuevo contigo. Guárdala, compártela y repítela con fe.
En el nombre poderoso de Jesús, Amén 🙏🌿✨
Walter Martínez y el periodismo que incomodó a todos
Durante años se dijo que Walter Martínez había perdido un ojo en alguna guerra lejana. La imagen cerraba perfecto: el corresponsal herido, la cicatriz como credencial moral, el parche como símbolo. Pero la verdad, como suele ocurrir, fue menos cinematográfica y más reveladora.
Walter Martínez no perdió el ojo en Irak. Lo perdió según refieren, mucho antes, en un accidente doméstico, cuando aún no era el rostro reconocible de la geopolítica televisada. No fue una bomba ni una esquirla: fue la vida misma, impredecible y torpe, la que le marcó el rostro. Y sin embargo, ironías de la historia, ese ojo perdido terminó viendo más claro que muchos intactos.
Lo que sí ocurrió en los conflictos internacionales donde Martínez estuvo como corresponsal de guerra, fue otra cosa: allí terminó de romperse cualquier ilusión. Martínez cubrió las intervenciones de los estadounidense y sus aliados con la certeza de quien ya desconfiaba del relato.
Antes de la Guerra del Golfo en 1990, Martínez era un periodista formado en geopolítica, riguroso, incómodo, inscrito en las coordenadas clásicas del oficio. Irak le rompió esa frontera. Después de Bagdad ya no habló como quien interpreta el mundo, sino como quien lo ha visto arder. No era ideología: era memoria corporal.
Ese quiebre se expresó con claridad en Dossier, el espacio que condujo durante muchos años en VTV, y que terminó convirtiéndose en una rareza de la televisión venezolana que trascendió fronteras: un programa de geopolítica sin concesiones.
Dossier no era un resumen de noticias ni un panel para equilibrar opiniones; era una disección. Allí Martínez habló de Irak, Afganistán, la OTAN, América Latina como tablero de disputa, la guerra como negocio y la propaganda como arma principal, cuando esos temas todavía no estaban de moda, ni eran cómodos. El programa se mantuvo al aire por muchos años, hasta su salida definitiva de la televisión, no por agotamiento del formato, sino porque hasta en la trinchera donde se sentía cómodo llegó a incomodar.
Paralelamente, la radio fue siempre su otro territorio natural. Martínez era, ante todo, un hombre de voz. En la radio desplegaba una pasión menos encorsetada, más íntima, más libre. Allí se permitía digresiones, silencios, obsesiones. Y una de ellas, quizá la más reveladora, fue el jazz. No como música de fondo, sino como forma de entender el mundo.
Ese estilo editorial forjado en Irak, afinado en Dossier, respirado en la radio, lo volvió implacable. Señaló al imperio, sí, pero también a sus intermediarios locales, a las élites dóciles, a las oposiciones funcionales, a los progresismos de salón que necesitaban verse respetables ante el mismo poder que decían cuestionar. Desconfió del periodismo incrustado, de los relatos oficiales, de la neutralidad como valor supremo. Decía, sin rodeos, que en un mundo profundamente desigual, la neutralidad no es equilibrio: es toma de partido silenciosa.
Eso explica su lugar en la memoria mediática venezolana hoy. Walter Martínez no es una figura de nostalgia ni un nombre de panteón. No fue absorbible por el sistema. No se suavizó con los años, no renegoció su discurso, no pidió indulgencia. Por eso se le cita poco y se le discute menos. Porque revisitarlo obliga a hacerse una pregunta incómoda: ¿y si no exageraba tanto?
Con los años, demasiadas de sus lecturas se fueron confirmando en silencio: la guerra como negocio permanente, el derecho internacional aplicado selectivamente, la propaganda como arma central, la neutralidad como coartada elegante. Falló, quizá, en una cosa: creyó que la evidencia produciría conciencia. El sistema no colapsó. Aprendió a convivir con la contradicción.
Walter Martínez ganó la capacidad de mirar el mundo sin ilusiones, decirlo sin pedir disculpas…
Disponga usted…
Hoy vale la pena poner el foco en una dimensión concreta del momento económico que atraviesa Venezuela. Más allá de los debates necesarios sobre el desarrollo de largo plazo y la solución estructural de los problemas del país, los datos y las dinámicas inmediatas permiten una lectura claramente positiva en el corto plazo.
Un país que viene de una contracción tan profunda tiene, por definición, una capacidad de rebote elevada. Venezuela llega a esta fase luego de una crisis excepcional, en la que se destruyó cerca del setenta y cinco por ciento del producto interno bruto, se atravesaron episodios severos de inflación y devaluación, se amplió de forma persistente la brecha cambiaria, se produjo una pérdida muy significativa del poder adquisitivo y se registró una caída sustancial de la producción petrolera, acompañada por el colapso del almacenamiento y un deterioro extremo de las finanzas públicas. En términos económicos, el país estuvo a final del año pasado en una situación comparable a la de un paciente en terapia intensiva.
Desde esa base, el proceso de apertura que se está produciendo permite anticipar una mejora rápida de la actividad económica. Incluso sin considerar nuevas inversiones petroleras relevantes ni captaciones extraordinarias de recursos, la sola liberación de mercados, la posibilidad de colocar el petróleo actual en destinos que pagan precios internacionales, la eliminación de restricciones operativas y una producción mucho más fluida permiten proyectar aumento de ingresos de millardos de dólares este año y tasas de crecimiento elevadas, con estimaciones que apuntan a expansiones del producto interno bruto superiores al 10% este mismo año.
Ese impulso tiene efectos claros sobre la economía interna. El consumo agregado podría crecer por encima del PIB, acompañado por una progresiva solución del ahogo financiero que ha limitado la actividad en los últimos años. En ese contexto, la moneda, lejos de enfrentar una nueva fase de depreciación desordenada, podría iniciar un proceso de revaluación relativa, con un cierre gradual de la brecha cambiaria y una desaceleración de la inflación que se desbordó en los meses recientes. Todo ello debería traducirse en un incremento del ingreso laboral promedio medido en moneda extranjera y en una mejora tangible de la capacidad de compra de los hogares.
Este conjunto de factores hace razonable pensar que la economía puede responder con rapidez y firmeza en positivo, abriendo oportunidades y mejorando la calidad de vida de la población en el corto plazo. La metáfora médica sigue siendo útil. Cuando un paciente estuvo al borde de la muerte y sus signos vitales mejoran lo suficiente como para salir de terapia intensiva y pasar a una habitación y muy probablemente a casa, lo relevante es acompañar esa recuperación inicial, estabilizarla y consolidarla.
Nada de esto implica que los problemas estructurales hayan desaparecido ni que el camino hacia el desarrollo esté despejado. Persistirán retos importantes para la población y para sectores específicos, como el manufacturero, que deberá adaptarse a mayores niveles de competencia externa en un entorno más abierto y retador. Habrá que discutir productividad, políticas públicas y sostenibilidad de largo plazo.
Pero quedarse anclado únicamente en lo que aún no está resuelto no es la noticia central hoy. Frente a un país que estuvo tan cerca del colapso, la noticia relevante es que los signos son positivos, alentadores y abren una posibilidad real de mejora, que conviene entender, acompañar y consolidar.
Hoy es 13 enero, Día Mundial de la Lucha contra la Depresión.
A una persona deprimida no se le dice que todo se soluciona pensando positivo, que le falta fuerza interior o que esta exagerando.
Meterte con la salud mental de alguien más, es lo más horrible y sin corazón que puedes hacer.
No se cura con un "no te preocupes, tienes que salir más".
La depresión silenciosamente termina apoderándose de ti.
No es un juego, busca ayuda.
📷: Astronauta Emocional.
Voy a decirlo sin rodeos: esto no va de Maduro. Va de quién ha gestionado su final y para qué. Cuando un presidente es apresado y no hay caos interno ni fractura visible en la cúpula, cuando no hay histeria militar ni sangre en las calles, estamos ante una operación controlada. Las revoluciones reales son ruidosas. Las transiciones pactadas son silenciosas.
Aquí no hay heroicidades ni épica. Hay negociación fría. Y la negociación no se hace con el pueblo, se hace con la élite que garantiza orden. Quien crea que Estados Unidos —o la estructura que marca la pauta— busca justicia, democracia o reparación histórica, no ha entendido cómo funciona el poder. Lo que se busca es estabilidad, acceso a recursos y cierre de un ciclo incómodo. Todo lo demás es decorado.
Por eso insisto: el elemento clave es la traición funcional del entorno de Maduro. No ideológica, no moral: funcional. La traición que se produce cuando se comprende que el régimen ya ha caído y que es mejor recolocarse que resistir. Ahí es donde entran nombres concretos, no por conspiración, sino por lógica de poder: Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López. No como salvadores ni como demonios, sino como gestores del aterrizaje.
El detalle verdaderamente inquietante, para mí, no es un vídeo ni una filtración. Es la calma reveladora. La calma de quien ya sabe que no va a caer al vacío. La calma de quien ha recibido garantías. Nadie está tranquilo en mitad de una tormenta si no tiene un refugio pactado. Esa serenidad no es inocente; es estratégica.
Y aquí viene lo más incómodo: las transiciones tuteladas no liberan países, los reordenan. Cambian el relato, redistribuyen poder, blanquean a unos y sacrifican a otros. El ciudadano no entra en la ecuación más que como coartada. Se le promete futuro mientras se decide el reparto en despachos cerrados.
Esto no va acerca de izquierdas o de derechas. Va de quién controla las riquezas, el dinero, las armas y la narrativa cuando se baja el telón. Y si el proceso avanza sin sobresaltos no es porque el sistema se haya humanizado, sino porque ya se ha pactado quién paga y quién se salva.
Lo demás es ruido. Y el ruido, casi siempre, es para que no mires dónde de verdad se está decidiendo todo. Seguiremos informando. Sin anestesia.