El Estado de Missouri aprobó hace unos años, en sesión parlamentaria especial, la ley SB 5.
Esa norma otorga libertad a los empresarios para despedir a mujeres que se hayan sometido a un aborto legal, a las que utilicen métodos anticonceptivos o, simplemente, a quienes queden embarazadas fuera del matrimonio. Los propietarios también pueden desahuciar a las arrendatarias de sus propiedades con esos mismos criterios.
En Texas se debate otra ley que faculta a profesionales de la ginecología para mentir a las madres sobre las malformaciones de los fetos si sospechan que pueden abortar. Por lo tanto, no debe extrañar a nadie el proyecto del #PNL conocido como “escucha su corazón”, va en la misma línea de la fanaticada de ultraderecha global.
Y ahora llega Erika Kirk, dirigente de la organización conservadora Turning Point USA y viuda de Charlie Kirk junto con otras referentes del movimiento "tradwife", exigiendo el denominado “voto por hogar”, un sistema mediante el cual el esposo emitiría un único voto en representación de toda la familia. Vaya, la recuperación de la figura del "Pater familias" romano.
Gracias…
—Muchas gracias —gritó el joven.
—¡Graciaaaas! —dijo la dama de blusa roja, alargando la “a”.
Y así se repitió en los dos paraderos que me quedaban antes de llegar en bus a la estación de Metro. El o la pasajera que bajaba agradecía al chofer por el traslado. Lo había leído: ese gesto llamaba la atención a los turistas. “Deben ser porque hay gente que no paga o que se sube por la puerta trasera”, me dije.
Hoy me había quedado sin auto, tomé el bus y entonces me di cuenta de mi error. La gente agradecía. El chofer hace su trabajo, claro, pero la gente igual le da las gracias: por llegar al lugar previsto, por llegar sano y salvo, por el aire acondicionado, por el silencio del motor eléctrico. Todo eso se agradece.
Y claro, se cumplen cuatro años de quien tuvimos al volante del país durante este periodo. Era joven el chofer que elegimos, casi sin experiencia. No usaba corbata, tenía tatuajes. Cuando partió tenía polola. Buen lector: sabía de escritores y literatura, conocía poemas de memoria. Le gusta la música e iba a conciertos; se sabía canciones de Serrat y de Los Prisioneros. Aprendió a bailar cueca. Apenas podía, se arrancaba a Punta Arenas para ver a su mamá. Tenía —y tiene— un tremendo corazón.
Los primeros en descubrirlo fueron los niños. Siempre querían sacarse fotos con él. Le llevaban cartas, poemas o dibujos de regalo cuando sabían que estaría en el barrio o en su región. Se encariñaron con el Presi.
Los más viejos, o los mayores, lo observábamos. Sabíamos de su capacidad de aguante. En el estallido de octubre lo bañaron en agua y cerveza en una banca del Parque Forestal. Días después se convirtió en uno de los que permitió acordar un plebiscito para cambiar la Constitución y votar sobre el tema.
Las encuestas no le favorecían. Se convirtió en candidato y lo elegimos presidente: uno de los cuatro presidentes más jóvenes del mundo. Austero, genuino, digno, defensor de sus ideales, respetuoso de las minorías, humanista y defensor de los derechos humanos.
Se ganó el cariño de la gente. No pudo hacer todo lo que quería. Pero nos ha dejado con la frente en alto ante el resto de los países. Es más joven que mis dos hijos.
Han pasado cuatro años. Se nos emparejó: fue papá. Guaguatea con su hija Violeta; ahora los regalos de los niños son para ella. Sería larga la lista de logros. Podrán decir algunos que me pagaron por escribir, pero no tengo ni tuve cargo alguno en su gobierno. Solo una foto junto a mi colega y amigo Jorge “Gato” Escalante, para el Día del Periodista en La Moneda, en que se homenajeó a los que ya no están.
Llegamos al final del recorrido. Nos tenemos que bajar; también el chofer. Solo me resta darle las gracias. Fue un viaje sin grandes tropiezos y muchos logros. Y ahora, con más años, todavía queda camino por recorrer.
Gracias, presidente…