Lo que no te mata no te vuelve mediocre: te convierte en materia prima. Porque la poesía no nace pulida; nace con las manos llenas de barro, los ojos desvelados y el alma hecha de errores. Quien escribe versos torpes después de una herida no está fracasando: está aprendiendo a sangrar sin morirse, está fermentando en silencio. Llamar mediocridad a ese primer balbuceo es confundir la semilla con el fruto, olvidar que hasta los árboles más altos comenzaron siendo una pequeña raíz a oscuras, sin saber todavía que algún día tocarían el cielo.
Porque lo que verdaderamente nos mata no es escribir mal, sino dejar de intentarlo; no es equivocarnos en un verso, sino quedarnos inmóviles mientras la vida sucede del otro lado del miedo. La poesía no es un estado de perfección, es un río que nos atraviesa, una corriente de heridas, hallazgos y palabras que nos arrastra para devolvernos a nosotros mismos. A veces escribimos para comprender la vida; otras, para que la vida no termine por devorarnos. Y si a ese acto de resistir, de crear desde las ruinas y seguir nombrando la belleza, le llaman mediocridad, entonces que nos encuentre la noche escribiendo, con el corazón lleno de cicatrices y las manos llenas de tinta.
Porque la poesía no necesita que seamos perfectos; necesita que sigamos vivos. Saludos!
¡Que nunca, nunca muera la poesía!
No sé a quién le haga falta leer esto, pero vuelve a romantizar tu creatividad. Escribe, hornea, decora, baila, fotografía, pinta, crea. Haz cosas que te emocionen, aunque nadie las vea. No todo lo que haces tiene que ser útil; algunas cosas simplemente tienen que hacerte feliz.
LA REVELACIÓN DE LAS PIRÁMIDES DE EGIPTO.
DOCUMENTAL QUE ESTÁ SIENDO CENSURADO.
Excepcional documental de Patrice Pooyard basado en la investigación del libro de Jacques Grimault, que plantea una auténtica revolución sobre lo que representa una construcción tan única y fascinante como la Gran Pirámide de Giza.
La fui a ver con mi papá al cine cuando la reestrenaron con escenas inéditas. Tenía como 15 años y no era miedosa. Al salir del cine estaba lloviendo a putos cántaros. Épico. Me cagué de miedo y tuve que dormir más de un mes con la luz prendida. No la he podido volver a ver.