Creo en los cafés,
en el diálogo,
creo en la dignidad
de la persona,
en la libertad.
Siento nostalgia, casi ansiedad
de un infinito —pero humano,
a nuestra medida.
No quiero promesas que mueran al sol,
solo que te quedes, sin miedo, sin rol.
Que digas mi nombre como quien reza,
y que tu voz me envuelva, suave, sin prisa, sin malicia, sin ninguna condena.