En los días en que extrañes ese apego y lo que confundiste con conexión y amor, recuerda la falta de respeto y las noches donde no podías parar de llorar. Suelta, sana y confía que pronto llegará un amor que sí estará a la altura de tu lealtad y tu corazón.
Le doy importancia a lo recíproco. Tú te acercas, yo me acerco. Tú estás distante, yo estoy distante. Tú me buscas, yo te busco. Tú no me incluyes, yo no te incluyo. Tú me mimas, yo te voy a mimar. No exagero mi papel. Trato a los demás como me tratan a mí. Nada más, nada menos.
Las personas toman decisiones conscientes todos los días: dónde quieren estar, con quién quieren compartir su tiempo y dónde ya no quieren estar. Al final, también se nota a quién eligen.
Qué difícil es querer tanto a alguien y, al mismo tiempo, sentir una decepción tan grande por la forma en que te trata. A veces, el cariño sigue ahí, aunque algo dentro de ti ya no sea igual.
Qué triste tener que aprender a poner distancia y aparentar frialdad para proteger un corazón que nunca supo querer a medias. A veces, la dureza que mostramos no es falta de amor, sino la forma que encontramos de cuidar lo que aún queda de nosotros.
Deberíamos dejar de sentir culpa por tomar distancia de personas con las que ya no nos sentimos bien. A veces, alejarnos de quienes nos afectan y nos desgastan es necesario. Cuidar nuestra paz también implica saber cuándo poner límites y elegir de quién queremos estar cerca.