🔊 Un perro que ladra día y noche no parece, a simple vista, un problema jurídico. Pero en Guanajuato, un niño de tres años dejó de dormir, su ánimo cambió, su rendimiento escolar bajó, y su cuerpo empezó a mostrar señales de fatiga. El vecino, dueño del husky siberiano, nunca midió el impacto que sus omisiones causaban en la vida de ese pequeño. Lo que para él era ruido, para el niño era insomnio, ansiedad, irritabilidad y cansancio.
👨⚖️ El caso llegó a tribunales. En primera instancia, se desestimó el daño. Pero en apelación, la justicia encontró el fondo: el interés superior del niño exige más. Tres peritajes, testimonios, constancias escolares y médicas demostraron que los ladridos no sólo eran constantes, sino que afectaron directamente el sueño y bienestar del menor. La sentencia fue clara: sí hubo daño moral, sí hubo negligencia, y sí hay que reparar.
⚖️ Este caso no es menor: nos recuerda que el derecho protege lo invisible. Que los daños no siempre sangran, pero sí duelen. Que la infancia necesita silencio para crecer y descanso para florecer. Y que en México, un tribunal supo ver lo que muchos ignoran: que la dignidad de un niño empieza en algo tan simple y tan profundo como poder dormir en paz.
Aquí puedes consultar la sentencia: https://t.co/8cV8HGUYBu
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