Me encanta esta etapa de mi vida: tener pocos amigos, no sentir la obligación de responder siempre, no forzar vínculos y dedicarme cada día a mejorar por mí, por mi paz y por la vida que quiero construir.
A medida que envejezco, más entiendo por qué la gente se mete en la agricultura, la repostería, la lectura y largas caminatas. No porque la vida se volviera aburrida sino porque la paz se volvió valiosa.
Mi momento mas maduro ha sido aprender a amar el desapego, si alguien me acompaña, está bien; si no, tambien, si alguien quiere hablar conmigo, lo valoro; si no, lo respeto, cero apegos, mucho amor para quienes me rodean, pero sin expectativas ni obligaciones.