La danza del Tēcuāni, vocablo náhuatl que define literalmente al «comedor de personas» o «el que come gente», y la festividad de La Tigrada en Guerrero constituyen expresiones del sincretismo mesoamericano orientadas a la petición de lluvias y la fertilidad de la tierra. Dentro de este complejo ritual, los participantes se atavían con trajes de felino y máscaras de madera que aluden al jaguar, entidad vinculada históricamente al resguardo de los cerros y las fuerzas naturales.
El uso de sogas y cadenas por parte de los danzantes cumple una función acústica y operativa específica en el desarrollo de la ceremonia. El golpeteo rítmico de los lazos contra el suelo y el arrastre de los eslabones metálicos emulan el sonido del trueno que precede a las precipitaciones, actuando como un mecanismo de percusión ritual. Asimismo, dentro de la narrativa coreográfica, estos elementos se emplean para representar la persecución, el cerco y la sujeción simbólica del depredador que amenaza a la comunidad.
#Náhuatl
Erling Haaland paid $134,000 for a 430-year-old Viking kings manuscript, then gifted it to his hometown. He said: “I’ve never been a big reader, but I want people to read about those who came from my area.”
Erling Haaland and his father, Alf-Inge Haaland, quietly acquired one of Norway’s greatest literary treasures at auction: a 1594 edition of Snorri Sturluson’s Kongesagaer. Translated by Mattis Størssøn from Old Norse into Danish, it was the first printed history of Norway and helped preserve the stories of the nation’s medieval kings for generations.
Widely regarded as one of the most significant works in Norwegian literary history, the copy purchased by the Haalands was the only complete edition still in private ownership. It sold for 1.3 million Norwegian kroner (about $134,000), setting the record as the most expensive Norwegian book ever sold at auction.
Instead of keeping the rare volume in a private collection, the Haalands donated it to the library in Time Municipality, where Erling grew up. The book is now on public display, and the donation also funded a reading competition to inspire local children and young people to discover Norway’s history and literary heritage.
미국에는 고양이 영상만 상영하는 영화제가 있다. 이름하여 '캣 비디오 페스트'. 연간 15000편의 고양이 영상을 보는 큐레이터가 엄선한 영상이 1시간 넘게 스크린을 가득 채운다. 뉴욕, 시애틀, 휴스턴 등 미국 전역 500개 이상 극장을 돌며 상영된다. 수익 일부는 지역 고양이 보호소에 기부된다.
@ImpermanenciaV El ruido es una de las peores contaminaciones. Se supone que hay reglamentos sobre decibeles en espacios habitacionales, pero nunca falta a quienes les vale. Qué bueno que tienes un espacio así. 😃
@GabrilondaSoler Esto se está acabando. Mi favorito, que era Noruega, se ha ido. Vamos con España, o con cualquier otro, excepto con los puercos de Argentina.
tlacahuililli en náhuatl es «espacio o lugar vacío, ordenado y preparado para recibir objetos».
En algunas zonas de la Huasteca aún se denomina wililli a una canastilla elaborada con ixtle que se sostiene mediante un aro hecho de bejuco, sujeta al techo con cuerdas.
Este artefacto, cuyo uso ha disminuido notablemente, servía para mantener frescos y ventilados ciertos alimentos. Permitía conservar carne seca y salada, así como tortillas excedentes que, tras endurecerse, se destinaban a la preparación de chilaquiles. Asimismo, solía colocarse piloncillo o jabón en su interior para que el humo los secara y prolongara su vida útil.
En ciertos pueblos y haciendas del Bajío este dispositivo recibía el nombre de garabato. Tenía la misma función, y de esta práctica proviene el refrán popular «un ojo al gato y otro al garabato», empleado para advertir la necesidad de cuidar los alimentos de los animales domésticos.
La presencia del wililli era habitual en las viviendas de la Huasteca; actualmente su uso es escaso debido a la proliferación de los sistemas de refrigeración.
No obstante, algunas cocinas huastecas aún lo conservan.