Debo insistir en que lo que está haciendo Joaquín Rivera Chamorro en su canal de YouTube sobre la Guerra Civil (y su anterior serie sobre el camino hacia ella) es impagable.
Para ponerlo en las escuelas.
https://t.co/oliXzwhdN0
@lavv75 Es imposible responder a esa pregunta. Le tengo cariño, no lo negaré, al que sale en esta foto, aunque no lo pondría por encima de todos los demás.
𝗔𝗽𝘂𝗻𝘁𝗲𝘀 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗼 𝗶𝗻𝗻𝗲𝗴𝗼𝗰𝗶𝗮𝗯𝗹𝗲
El cinturón abrochado y el rumor sordo de las turbinas marcan el final de la tregua. Atrás quedan estas semanas en España; días de ruido y furia, pero también de afectos recuperados. Ahora, suspendido en este limbo presurizado a diez mil metros de altura, con la geografía convertida en un mapa mudo al otro lado de la ventanilla, uno recupera la perspectiva que a ras de suelo se pierde. Abro el cuaderno sobre la mesilla plegable. Siento la urgencia de fijar en papel el poso que me han dejado estos días, de destilar lo aprendido antes de que el aterrizaje y la rutina lo borren todo.
S͟o͟b͟r͟e͟ l͟a͟ a͟m͟a͟b͟i͟l͟i͟d͟a͟d͟
Es un valor que no admite regateos. Poco importa la cuna, el trayecto recorrido hasta aquí, el saldo en la cuenta corriente o la nómina a fin de mes. Da igual si uno ostenta títulos nobiliarios o friega letrinas. La amabilidad constituye el mayor de los patrimonios; un tesoro paradójico que crece de forma exponencial y retorna, bumerán de afecto, cuando se ofrece sin extender la mano para cobrar.
S͟o͟b͟r͟e͟ l͟a͟ e͟d͟u͟c͟a͟c͟i͟ó͟n͟
Llego al aeropuerto. En la cola de facturación, un individuo escupe su chicle delante de mis zapatos. Pienso entonces en la palabra educación. Viene del latín educatio, hija de dos verbos rectores: educare, que es criar y nutrir; y educere, extraer, conducir hacia fuera. La educación no consiste en expulsar las miserias propias, ni el chicle, ni la mala leche, ni la frustración acumulada. Consiste en lo contrario: en alimentar el respeto por el prójimo, por los objetos —más allá de su valor material— y por los espacios que habitamos.
S͟o͟b͟r͟e͟ l͟a͟ c͟r͟í͟t͟i͟c͟a͟
El veneno se nos cae de la boca apenas el otro —casi siempre un conocido, un cercano— nos da la espalda. «Está gorda», «es un pesado», «qué jersey más espantoso». Convendría detenerse un instante e imaginar el ejercicio inverso: que alguien te colocara unos auriculares obligándote a escuchar todo lo que el mundo susurra de ti cuando no estás. El juicio ajeno pesa. Antes de emitirlo, piensa en las circunstancias invisibles que carga el otro.
S͟o͟b͟r͟e͟ l͟a͟ d͟i͟s͟t͟a͟n͟c͟i͟a͟
A veces, la necesidad imperiosa es la lejanía. Estar lejos de todo y de todos. Hay que respetar la geometría del aislamiento: esos centímetros, metros o kilómetros que algunos reclaman para recomponerse. El retiro es, a menudo, un acto de supervivencia.
S͟o͟b͟r͟e͟ l͟a͟ a͟n͟s͟i͟e͟d͟a͟d͟
Olvidamos que la mayoría de nosotros, la mayoría de las veces, gozamos de una segunda oportunidad. Para hacer, para ir, para conocer, para enmendar un regalo o saborear otro helado. El mundo rara vez se acaba hoy. Conviene caminar más despacio. No es necesario devorar kilómetros con urgencia. A veces, la medida justa de la vida es ir de papelera en papelera, a paso lento.
S͟o͟b͟r͟e͟ e͟l͟ h͟o͟y͟ y͟ e͟l͟ a͟h͟o͟r͟a͟
Ayer vi un vídeo de mi amigo Arnaud. Lanzaba una pregunta al aire digital: «¿Qué harías si tuvieras una máquina del tiempo?». Ilustraba la duda con imágenes de un concierto donde la gente, despojada de teléfonos móviles, simplemente disfrutaba. Estar y ser en el momento. Porque, a pesar de lo dicho sobre las segundas oportunidades, existe una verdad inapelable: hay vivencias que, si no se atrapan en el «hoy y ahora», no volverán a ocurrir jamás con la intensidad que verdaderamente importa.