Te banque en las buenas, en las malas, en los títulos y cuando no nos salía nada. Me levantaba temprano para ver a Barcelona, me pelee con medio mundo cuando se cuestionaba tu actitud. Pase lo que pase, vas a ser mi máximo ídolo, pero en esta no cuentes conmigo.
No te comparo con Maradona, no te pido gestos políticos, hasta te puedo dejar pasar que no quieras empatizar con la sociedad de tu país, pero en esta no. Tomaste la decisión de no ir a la Casa Rosada a mostrarle la copa a tu pueblo, pero vas a la Casa Blanca a exhibir el titulo de una liga pedorra con un presidente que acaba de iniciar una guerra en Medio Oriente.
Te ganaste el derecho de hacer lo que quieras, pero darle la espalda al país que lloró y se golpeó el pecho de orgullo por vos, duele. Ojalá puedas darla vuelta.
Así era el palacio de Golestan, en Teheran. Patrimonio de la Humanidad, residencia de los antiguos emperadores de Persia, testigo de 500 años de historia, unos jardines alucinantes, mosaicos... puro refinamiento persa.
Lo destruyeron ayer un genocida y un amigo de Epstein.
1️⃣ Derrocar a un dictador suena moralmente justo. Nadie llora por un tirano. Pero el derecho internacional no se construyó para proteger a los buenos, sino para contener a los poderosos. Por eso prohíbe la fuerza casi sin excepciones: no porque ignore la injusticia, sino porque sabe que, si cada país decide a quién “liberar” a balazos, el mundo vuelve a la ley del más fuerte.
2️⃣ El problema no es Maduro. El problema es el precedente. Cuando la fuerza militar se usa para cambiar gobiernos sin reglas claras, la soberanía deja de ser un límite y se vuelve un estorbo. Hoy es “derrocar a un dictador”; mañana será “corregir una elección”, “proteger intereses”, “restaurar el orden”. El derecho no absuelve dictaduras, pero tampoco legitima cruzadas unilaterales.
3️⃣ La pregunta incómoda no es si un tirano merece caer, sino quién decide cuándo y cómo. Porque la historia enseña algo brutal: sacar al dictador es fácil; construir justicia después, no. Y cuando la legalidad se rompe en nombre del bien, casi siempre lo que sigue no es libertad, sino caos, violencia y nuevas víctimas. El derecho existe para recordarnos eso, incluso cuando incomoda.
Imaginate explicarle a un redneck de Alabama que votó “America first” que sus impuestos ahora se usarán para financiar un dólar artificialmente bajo en un país perdido del Sur global para que un tipo que usa cuatro camperas gane una elección.
y nunca se olviden que la escasez en la teoría económica no es natural, es socialmente determinada, solo sirve para justificar el programa económico de austeridad y destrucción ambiental