El laboratorio de Inteligencia Artificial para el Bien de @Microsoft a través de diferentes satélites, analizó 29.027 edificios en Catia La Mar después del doble terremoto (7.2 y 7.5 Mw) para evaluar sus condiciones, de los cuales encontraron que 9.134 edificios (31.5%) sufrieron daños.
Elaboraron un mapa con la geolocalización de cada infraestructura para que así equipos de rescate puedan tener una idea rápida de a dónde ir y suministrar ayuda de manera más rápida y eficiente, ya que publicaron el archivo geopackage con los contornos o polígonos vectoriales que representan la forma y ubicación exacta de cada edificio detectado en las imágenes satelitales (footprints), en la plataforma Humanitarian Data Exchange (HDX).
1.734 edificios no pudieron ser analizados por obstrucción de las nubes.
Los edificios que aparecen marcados en rojo claro y rojo oscuro sufrieron daños severos entre el 60 y 100% de sus estructuras o pérdida total, los de color naranja daños moderados entre 40 y 60%, y los amarillos daños leves a moderados.
Google nos alertó sobre los terremotos segundos antes y salvando vidas, y Microsoft está ayudando con la evaluación de daños y rescates usando modelos avanzados de Inteligencia Artificial.
Un pais donde la gente comun gana literalmente 2 dolares al mes, tiene los centros de acopio llenos... Porque el dicho que toda la vida he escuchado en mi país es: "Donde comen 2, comen 3"
Chao, eso somos.
Una psicóloga de Stanford pasó 4 años demostrando que el simple acto de caminar genera un 60% más de ideas creativas que estar sentado.
Y diseñó el experimento para tumbar todas las explicaciones alternativas.
Es uno de los hallazgos más decisivos de la psicología moderna.
No faltó dinero para camionetas de lujo para funcionarios.
No faltó dinero para conciertos con artistas internacionales.
No faltó dinero para construir un estadio de béisbol enorme.
No faltó dinero para campañas políticas.
No faltó dinero para pagar abogados de un dictador.
No faltó dinero pasa enviar a Cuba y demás países afines.
Pero nunca hubo para los hospitales, ni para los centros de atención, ni para los cuerpos de seguridad, ni para los bomberos, ni para los paramédicos, ni para contingencias.
El que me diga que no hay nada político en esta desgracia, merece una cachetada.
El chavismo debe pagar por esto.
"Un fármaco innovador consigue supervivencias de hasta 13 meses, el doble que con la quimioterapia convencional."
Vuelta de tuerca en el tumor más letal: una terapia dirigida logra duplicar la supervivencia en el cáncer de páncreas https://t.co/PpJOPsIRn8 via @elpais_america
Todo se jodió cuando empezaron a decirle "vuelta al sol" al cumpleaños, "vuela alto" a morirse y "libre desarrollo de la personalidad" a ser un malparido.
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Ha muerto el jodido Ozzy Osbourne, uno de mis grandes ídolos y una auténtica leyenda.
Con su vida loquísima, ya era un milagro que hubiera pasado de los 70, aunque parecía que nos iba a enterrar a todos.
Se fue como el maestro que era: delante de millones de personas en concierto, cantando “Mama, I’m Coming Home” y despidiéndose por última vez.
Siempre te recordaremos, Ozzy 🖤
La inutilidad de renunciar a la esperanza en Venezuela
En los últimos años, se ha popularizado una narrativa que descalifica las expectativas y la esperanza como mecanismos útiles para afrontar la realidad, particularmente en el contexto político y social de Venezuela. Este discurso, que suele acompañarse de una supuesta “superioridad moral”, plantea que es mejor no esperar nada para evitar otra decepción. Lo típico. Sin embargo, renunciar a la esperanza no solo es inviable en una sociedad que busca cambios, sino que también es contraproducente. La esperanza por sí sola no es una estrategia, pero sin ella nada es posible.
Las bases del relato
Quienes promueven el rechazo a las “expectativas”, más allá de los que directamente trabajan para la dictadura, suelen argumentar que esta es una postura que protege de la frustración. Es real que las expectativas no cumplidas pueden ser dolorosas, pero el miedo a la decepción no puede convertirse en la razón para paralizar una sociedad. Mucho menos para condenar a todo un país porque un grupo haya tirado la toalla para cooperar con el poder.
La renuncia a la esperanza y el bloqueo de las expectativas ajenas también suele venir acompañado de una sensación de superioridad que resulta inútil, como si el escepticismo fuese la única postura inteligente frente a un sistema corrupto y opresivo. Es todo lo contrario: resulta un desperdicio de inteligencia y termina normalizando tanto la corrupción como los horrores, porque los hace parte de un paisaje ajeno, al que la persona cree que no pertenece porque no tiene ilusiones o porque tienen buenas relaciones con los carceleros.
Estos años muchas amistades y espacios de confianza se han perdido justo por eso, porque los valores de quienes se han plegado a la sumisión cambian para adaptarse. El discurso contra la expectativas entonces es otra forma de ocultamiento de ese duelo. Pero en realidad, este enfoque puede ser tan limitado como el “optimismo ingenuo” que tanto critican. O peor, porque no es capaz de crear nuevos escenarios.
El riesgo del desencanto absoluto
En contextos de crisis, el escepticismo puede ser percibido también como un signo de madurez o pragmatismo. Como el discurso de alguien que no es débil frente a sus emociones o que ya viene de vuelta de todos los problemas. Sin embargo, este “realismo” extremo tiene consecuencias graves: Renunciar a toda esperanza no solo inmoviliza a las personas, sino que también valida la narrativa de que el cambio es imposible. Esto es especialmente peligroso en Venezuela, donde el histórico abuso de poder y la corrupción han erosionado la confianza colectiva.
Pero ¿Qué queda cuando se extingue incluso la posibilidad de soñar con algo mejor? La respuesta es clara: la resignación, la negación de la vida plena. Por eso en Venezuela se habla de “gran corrupción”. Hay un sistema corrupto que también corrompe a quienes le orbitan.
La esperanza no es ingenuidad, es resistencia
Lejos de ser un simple acto de ingenuidad, la esperanza es un acto de resistencia. Aristóteles decía: “La esperanza es el sueño del hombre despierto”. Lo complementaba Ernst Bloch diciendo que “la esperanza no pacta con el mundo existente”, porque es capaz de crear cosas nuevas y no tiene que simplemente aceptar las condiciones dadas. Tener expectativas no significa ignorar la gravedad de la situación, sino encontrar en el futuro una razón para seguir luchando.
Si bien la esperanza no garantiza el éxito, sí crea las condiciones para que el cambio sea posible. Sin ella, las acciones pierden dirección, y las luchas sociales se diluyen en el cinismo.
Esto no significa que debamos tener expectativas irreales o ignorar los riesgos. Tener esperanza no exime de planificar, organizarse y actuar con inteligencia. Sin embargo, rechazarla por completo deja a las personas sin la energía emocional necesaria para impulsar cambios significativos.
El escepticismo extremo también puede ser contraproducente. La solución entonces no es eliminar las expectativas, sino ajustarlas. Dejar constancia de que incluso en los momentos más difíciles se hicieron las cosas correctas, bien, lo mejor posible, prepararse para lo peor y actuar con la intención más productiva posible, que significa no facilitarle nada a los perpetradores ni ceder a los chantajes que van surgiendo. Entonces no se trata de una esperanza de esperar sino la de trabajar mucho, fortalecer lazos de confianza, tener proyectos comunes y caminar juntos.
Por qué Venezuela necesita esperanza
En una sociedad como la venezolana, devastada por años de crisis humanitaria y política, la esperanza no es un lujo, es una necesidad. Los cambios sociales y políticos comenzaron con personas que pensaron imposibles, hasta que se hace, como decía Mandela. Así que la esperanza es la semilla de la acción colectiva.
Renunciar a la esperanza es, en el fondo, una forma de ceder ante el poder opresivo que busca perpetuarse y aislar a los que sueñan cambios. Por eso censura, compra o controla las narrativas, los discursos, los medios y trata de buscar facilitadores que multipliquen la desesperanza. Entonces el juego es hacer lo contrario: mantener vivas las expectativas, incluso frente a un sistema que parece inquebrantable, es un acto político y de dignidad humana. Es una elección y es la mejor posible.
Como cierre
Decir que no hay que tener expectativas ni esperanza es un consejo vacío, especialmente para quienes luchan por un cambio político en Venezuela. Es cierto que las expectativas deben ser acompañadas de acción y realismo, pero abandonarlas equivale a rendirse.
La esperanza, bien dirigida, no es ingenuidad: es la fuerza que mueve al ser humano a desafiar lo inmutable y a construir futuros mejores.
En ese futuro, cabes tú. En el país de los desesperanzados, los corruptos y sus aliados, no. Por eso se necesita un cambio.