Han fallecido personas, hay muchísima gente desaparecida. Muchísimos han perdido todo, desde su propio hogar, hasta familia cercana. Esto no va de política. Esto es serio. No veo que los de arriba se muevan. Solo veo al pueblo moviéndose y sufriendo.
No me he mencionado al respecto. Porque lo único que me veo capaz de hacer es compartir información real, de personas reales, personas que han sufrido y están sufriendo. Porque me genera ansiedad saber qué pasa. Voy por la carretera de Valencia, ¿y sabéis lo que más abunda?
No me imagino lo doloroso y frustrante que debe estar siendo para la gente que ha sufrido y sigue sufriendo allí porque siguen sin existir medidas claras, contundentes y concisas para ayudar ante lo que realmente ha sido una catástrofe.
Nota mental: Priorízate siempre, pon límites en cualquier relación interpersonal desde el principio. No permitas aquello que no está bien nunca. Quien te valora y se interesa por ti estará, quien no que escoja la puerta por la que quiere marcharse y listo.
Es el año que más ilusión me hacía celebrar Halloween. El año que más me apetecía disfrazarme. El año que más esperaba con ansia esta fecha. Y resulta que es justamente el año que estaré encerrada en casa. Universo, dame un respiro.
Y más razón tuvo cuando dijo algo así como: "Tienes que empezar a pensar en ti misma y para ti misma, ser más egoísta. Deja de dar todo, y más cuando no es recrípro. Te has vuelto a caer, lección aprendida y ahora te toca levantarte otra vez".
Soy de darlo todo, lo admito. Siempre me digo que todo o nada. Y le doy todo lo que tengo y todo lo que soy a cualquier persona. Todo en cualquier relación interpersonal. Da igual si es recíproco o no. Pero siempre doy la mejor versión de mí misma y lo mejor que tengo. Todo.
Y aquí viene una de las mejores lecciones que ha podido darme mi madre: "Has dado todo, has cuidado tanto como podías. Nunca jamás des todo esperando que la otra persona te corresponda. Esto es otra lección más aprendida. Sé buena con quien tienes que serlo, no con todos."
Saber que la relación con mi hermano pequeño es tan sana que me envía todas las notas de sus exámenes; porque se siente orgulloso de sacar notazas en bachillerato y yo estoy más orgullosa aún. Ese enano va a llegar lejos, lo sé. Lo presiento.
Y no sólo es eso. Tiene 16 años y es sorprendente la madurez y la responsabilidad emocional que tiene, no sólo consigo mismo, también con las personas que le importan.
Ha sido la suerte de mi vida, y estoy aún más orgullosa de haberle criado y acompañado desde que nació.
Después de tres años, entre psiquiatras, psicólogos, con medicación, con pausas en la medicación, con terapias, por fin tengo un maldito diagnóstico. Sólo han tardado tres años.