La crisis de la universidad que muchas voces actuales denuncian fue ya señalada en 1930 por el filósofo José Ortega y Gasset. Una crisis, según él, provocada por el #utilitarismo y la pérdida de peso de la cultura humanista en los estudios superiores.
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Democracy’s present difficulties were predictable. History and older theories of democratic stability should have prepared us for both democratic backsliding and the vulnerability of Western democracy we are experiencing today.
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#EncuestaCIEES May/26
👍👎
El optimismo alcanza el 20% en el consolidado (19% en Quito y 20% en Guayaquil), mostrando una recuperación marginal frente a abril.
Sin embargo, el clima general continúa marcado por el predominio del pesimismo.
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Los datos del @CIEESec son claros:
1⃣ El gobierno de Daniel Noboa pierde legitimidad, credibilidad y capacidad de seducción simbólica...
2⃣ Pero nadie en la oposición logra todavía convertirse en una alternativa emocional, política y culturalmente viable para una mayoría social.
3⃣ Gobierno debilitado, al que le salva un sistema político que se mantiene de momento "congelado".
4⃣ La clave está en ese 31% que aún "espera" (zona expectante / abierta), no es apoyo real al gobierno...
5⃣ Es ausencia de una alternativa creíble de poder: la oposición ecuatoriana hoy tiene capacidad de crítica, pero no de reemplazo (nadie en la oposición consigue transformarse en destino político).
6⃣ Hay mucha decepción, pero lo más peligroso para Noboa no es la oposición política actual, sino su conversión en gobierno de inercia (no colapsa, pero más que gobernar... pasa a administrar contingencias).
For the last two decades, democracy has been in retreat. Autocracies now outnumber the world’s democracies, and countries that had made impressive democratic strides have been purposefully undoing those gains.
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Estoy retirado de la política, pero mis convicciones libertarias me impiden callar ante el prepotente atentado a la soberanía del pueblo de Venezuela y el secuestro de su presidente. Ni Bolívar ni Lincoln aceptarían que el gobierno de Estados Unidos actuara como una tiranía mundial.
Presidente Trump: no caiga en la autocomplacencia ni escuche el canto de las sirenas. Mande al carajo a los halcones; usted tiene capacidad para actuar con juicio práctico. No olvide que la efímera victoria de hoy puede ser la contundente derrota del mañana. La política no es imposición.
Recuerde que “el respeto al derecho ajeno es la paz”, como nos enseñó Benito Juárez en el siglo XIX. Soy mexicano con mucho orgullo, pero también latinoamericano. Apoyo incondicionalmente a mi presidenta Claudia Sheinbaum.
Por ahora no le mando un abrazo.
AMLO
1️⃣ Derrocar a un dictador suena moralmente justo. Nadie llora por un tirano. Pero el derecho internacional no se construyó para proteger a los buenos, sino para contener a los poderosos. Por eso prohíbe la fuerza casi sin excepciones: no porque ignore la injusticia, sino porque sabe que, si cada país decide a quién “liberar” a balazos, el mundo vuelve a la ley del más fuerte.
2️⃣ El problema no es Maduro. El problema es el precedente. Cuando la fuerza militar se usa para cambiar gobiernos sin reglas claras, la soberanía deja de ser un límite y se vuelve un estorbo. Hoy es “derrocar a un dictador”; mañana será “corregir una elección”, “proteger intereses”, “restaurar el orden”. El derecho no absuelve dictaduras, pero tampoco legitima cruzadas unilaterales.
3️⃣ La pregunta incómoda no es si un tirano merece caer, sino quién decide cuándo y cómo. Porque la historia enseña algo brutal: sacar al dictador es fácil; construir justicia después, no. Y cuando la legalidad se rompe en nombre del bien, casi siempre lo que sigue no es libertad, sino caos, violencia y nuevas víctimas. El derecho existe para recordarnos eso, incluso cuando incomoda.
Algo que nunca deja de impresionarme de Trump es que maneja un nivel de frontalidad que desconcierta a todo potencial chupamedias proveniente de las derechas con pretendida altura moral e institucional.
Me refiero a esos que se pasaron toda la mañana diciendo que el petróleo no importaba, que el planteo sobre los recursos naturales era de quienes "están anclados en el siglo xx" y no entendían esta época, que lo que estaba en juego era la libertad de Venezuela, que hablar de imperialismo era usar categorías obsoletas y no sé que otra justificación.
Primeros 5 minutos de conferencia y Trump solito sacó el asunto del petróleo y anunció que su Gobierno se va a hacer cargo de los cambios en la política de explotación y exportación petrolera para habilitar la entrada de capitales estadounidenses.
Después desacreditó a María Corina Machado como posible líder del proceso de transición, negó que tengan contemplado elecciones en el corto plazo porque no pueden "arriesgarse a que gane otro Maduro" y confirmó que su intención es que Estados Unidos gobierne Venezuela, así directo.
Hasta insinuó un posible acuerdo con Delcy Rodríguez, personaje fundamental en el esquema político de Maduro, siempre y cuando se cumplan las condiciones anteriores.
Incluso elogió la doctrina Monroe que habilitaba al control de EE.UU. de todo el continente americano como un derecho natural hace 100 años y se permitió hacer el chiste de que se viene la "doctrina Donroe".
Sin tapujos, dejó pedaleando en el aire a todos aquellos que intentaron darle un marco teórico distinto al que el propio Trump quiere instalar: el del bully pendenciero que hace lo que quiere porque tiene el poder. Esa es la categoría en la que el presidente yanqui quiere ser visto. Por eso escala y empieza a amenazar a otros países.
El único sujeto legitimado por él mismo para discutir en su nombre es el símil libertario de Twitter que sale a decir "lloralo kuka" o "lágrimas de zurdo".
En la frase "Estados Unidos podrá imponer su voluntad en cualquier lugar y en cualquier momento", dicha también en la conferencia de hoy, está el verdadero fondo de la cuestión.
Si el propio Trump no lo esconde, el intento de hacerlo de los exégetas improvisados solo va camino al fracaso.
Sobre lo de Venezuela de hoy. Intento dar mi opinión en este contexto tan propicio para las pasiones y los sesgos y prejuicios de todo tipo. Y cuando digo que lo intento, tómenlo al pie de la letra, pues lo primero de todo que me ocurre es que tengo un mar de contradicciones en mi cabeza.
1) El Derecho Internacional, con la ONU a la cabeza, se ha vuelto bastante inútil y disfuncional, y siempre ha tenido un alto componente de injusticia por el hecho de que en el Consejo de Seguridad de la ONU están, como miembros permanentes y con poder de veto, cinco Estados de los que, ahora mismo, como mínimo tres son candidatos fuertes para violar cualquier norma del Derecho internacional: Rusia, China y EEUU. Repárese en que he dicho ahora mismo.
2) La ONU y el Derecho internacional se vienen mostrando muy impotentes ante todo tipo de violaciones muy graves de los derechos humanos más básicos en muchos países. La capacidad de presión mediante sanciones internacionales solo funciona, si acaso, con países muy débiles y vulnerables. En tiempos recientes, véase la casi nula utilidad que han tenido la ONU y el Derecho internacional todo a la hora de sancionar a Rusia por la invasión de Ucrania o de sancionar matanzas brutales que han ocurrido en los últimos años y décadas en países de muy distinta orientación ideológica. Sí, puede que funcione bien frente a Ruanda..., pero poco más. Tristemente. Por supuesto, en lo que tenga de vulneración del Derecho internacional la acción de EEUU en Venezuela hoy, ninguna esperanza de eficacia, ni siquiera simbólica, del Derecho internacional.
3) Entre los fracasos del ordenamiento jurídico internacional se encuentra no solo la escasísima capacidad para difundir y amparar la democracia y el Estado de Derecho, sino también para evitar el surgimiento descarado de tiranías y nuevas dictaduras sanguinarias, como es el caso de Venezuela. Y también es extrema su debilidad para lograr mejoras en las violaciones de derechos humanos absolutamente básicos, como ocurre con los derechos de las mujeres en ciertos países islámicos. Véase lo que hoy mismo está ocurriendo en Irán, ante la mirada indiferente del mundo, de casi todos los Estados (incluida España) y ante la inoperancia completa de la ONU. En resumen, el actual sistema de Derecho internacional está viciado en origen por el poder arbitrario de cinco países, y está fragmentado porque no ha habido capacidad para imponer la democracia, el Estado de Derecho y la protección de los derechos humanos allá donde más falta hacen, y todo ello debido, entre otras cosas, a discursos posmodernos, cínicos, falsamente multiculturales, etc.
4) Lo anterior no quiere decir ni pretendo que diga que ya no merezca la pena o tenga sentido reivindicar el respeto al Derecho internacional. El que hay es un desastre, es incapaz y es injusto, pero su desaparición implicaría calamidades todavía mayores y la vuelta (ya más que probable, al parecer) a escenarios anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Por eso tiene alguna importancia que quienes nos alegramos intensísimamente por el final (si es que lo es) de la asquerosa y ladrona dictadura en Venezuela no dejemos de lamentar o hacer ver que habría sido claramente preferible que la caída de Maduro se hubiera debido a la presión legal de la sociedad internacional y no a una acción de agresión o guerra por parte de EEUU, completamente al margen de la legalidad internacional, creo. Pero aquí vienen las mil paradojas: si no se refunda un Derecho internacional eficaz y justo, las alternativas están podridas: o bien damos por bueno, en aras del respeto a las normas internacionales, que se perpetúen dictaduras sucias y asesinas, o bien damos por bueno que los países más fuertes recurran a la violencia y la guerra para acabar con dictadores... o para otras mil cosas (véase la injustificable guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, no menos grave, por supuesto, que lo que EEUU acaba de hacer en Venezuela). La situación tal vez recuerda lo ocurrido cuando se enfrentaban la Alemania nazi y la Rusia estalinista: ganara quien ganara, ganaban los malos.
Y concluyo. En mi opinión, es muy difícil pensar que a las buenas gentes de Venezuela les pueda ocurrir algo peor de lo que les pasó con el chavismo, y más en los tiempos de Maduro, pase lo que pase. Mi padre vivió en la dictadura de Franco y fue joven en la época más dura de la represión y la hambruna, los años cuarenta. Muchas veces le oí decir cómo soñaban él y otros con que después de 1945 EEUU o los aliados invadieran España para acabar con la pesadilla. Ahora bien, también opino otra cosa que no me anima nada: parece probable que con Trump se consume el triste final del modelo de Estado de Derecho que conocimos y del que, en buena medida, EEUU era muestra y guía. Probablemente vamos, también en EEUU hacia nuevos modelos de autoritarismo, uso alegal de la fuerza, concentración de poder dentro del Estado y en las relaciones internacionales, reparto del mundo entre EEUU, China y Rusia. Nada bueno. Así que lo mucho que me alegro hoy por los venezolanos ya lo estoy lamentando por mis hijos o eventuales nietos.
Algunas reflexiones tentativas y urgentes sobre la agresión militar de los Estados Unidos contra Venezuela (y las iré actualizando).
1) Trump NO TIENE el control político, militar ni territorial en Venezuela. No hubo de momento una invasión militar a gran escala sino una "acción cinética" tendiente a secuestrar a un presidente en funciones y utilizarlo como herramienta de presión y eventual moneda de cambio. Ni siquiera la totalidad de los activos militares desplegados en los últimos meses en el Gran Caribe son suficientes para tomar control, ya ni hablemos de la accidentada y extensa geografía venezolana, sino tan siquiera de la capital Caracas y sus inmensas y organizadas barriadas populares (para tener en cuenta la escala, la invasión de la pequeña Panamá demandó en 1989 la movilización de más de 30 mil efectivos). En suma, los bombardeos y ataques contra infraestructuras militares fueron la cobertura operacional de lo que eufemísticamente la jerga imperial denomina una "extracción".
2) Creo, y esto es por supuesto una hipótesis, que el principal objetivo no fue ni es tomar el país por asalto, sino descabezar a la conducción política del proceso e inducir una fractura significativa en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, algo que durante más de 20 años los Estados Unidos y la oposición local han intentado sin éxito. El talón de Aquiles de la agresión imperial contra Venezuela es la ausencia de una fuerza vasalla endógena, con poder de fuego y capacidad de masas, que pueda proclamar algo parecido a una rebelión nacional "legítima" contra la "tiranía", dando una seudo coartada democrática a la agresión. VENEZUELA NO ES SIRIA ni en este ni en muchos otros sentidos. No hay algo ni siquiera homologable al HTS, y la unidad político-militar-territorial es en Venezuela y en nuestra región por lo general mucho más sólida que en otros escenarios de referencia de Asia occidental.
3) Esto explica el que Trump haya amenazado con otra ronda de ataques, y el que nosotros no podamos descartar que esto sí pueda escalar a una invasión total en las próximas horas o días, sobre todo si la región y la "comunidad internacional" no atinan a ejercer ningún tipo de acción disuasoria eficaz, ya sea en el campo diplomático, económico o militar. Si el objetivo era inducir una rebelión militar de proporciones, una insurrección popular (o una conjunción de ambas), y ésta no se produjo por el motivo que fuera, es natural esperar que la presión armada sobre la cadena de mando se agudice y que el Pentágono busque compensar por vía militar lo que no se está consiguiendo en principio por vía política, que es la rendición incondicional de su enemigo.
4) Esto explica una verdad paradojal pero incontrovertible. En este extraño ajedrez geopolítico Estados Unidos jaqueó al rey (capturó a Maduro), pero no por eso ganó la partida. De momento (todo puede cambiar desde ya) el control de Caracas y el país por las fuerzas leales del Estado es total, o al menos es lo que puedo concluir después de haber hablado con varias decenas de venezolanos en diferentes puntos de la capital y el país en diferentes roles y funciones. No hay combates entre facciones militares, conatos de rebelión ni "guarimbas" de ningún tipo (2026 no es 2014 ni 2017). Las únicas movilizaciones, a pie o con motorizados, se están produciendo desde el campo del chavismo, aunque por supuesto esto tampoco es 2002 (cuando el golpe y restitución de Chávez). Considerando la gravedad de las circunstancias reina una relativa calma, con la salvedad de las obvias colas de las familias para abastecerse de víveres ante un escenario de incertidumbre.
5) Prueba de todo lo anterior, y sobre todo de la debilidad del frente interno imperial, es que en vez de anunciar a un "mandatario legítimo" Trump se encargó otra vez de ningunear a María Corina Machado, a quién consideró públicamente incompetente para tomar las riendas del país. Por eso anunció que los Estados Unidos se harían cargo de momento de la "transición". Aquí no podemos descartar que la fuerza invasora pueda intentar tomar control de los pozos e infraestructuras petroleras, para financiar así la operación y empezar lo que podría ser una larga e imprevisible estrategia de balcanización territorial como se ha hecho con frecuencia en otros teatros de operaciones (aunque, de nuevo, América Latina no es Asia Occidental). Recordemos que según el "corolario Trump" a la Doctrina Monroe, los recursos estratégicos de Venezuela le pertenecerían a Estados Unidos en virtud de las nacionalizaciones de la década del 70 y de comienzos de este siglo.
6) Puede parecer inoportuno hacer leña ahora del árbol caído, pero no podemos dejar de mencionar que esta agresión fue preparada y anunciada durante meses a ojos vistas de todo el mundo, y que la mayoría de actores (gubernamentales, multilaterales, comunicacionales, intelectuales, etc) decidieron hacer oídos sordos ante los tambores de guerra que sonaban en el Gran Caribe. Aún es tiempo de enmendar los errores y corregir las malas lecturas, pero eso exige actuar de forma contundente y decidida en todos los planos, en particular de parte de los otros países que hoy fueron amenazados también con la espada de Damocles de la intervención: México, Colombia, Brasil, Cuba, etcétera. Como tantas y tantos venimos sosteniendo (aunque nos trataran de pesimistas, conspiranoicos o trasnochados), esto nunca tuvo nada que ver con la democracia, los derechos humanos, los cárteles o el combate al narcotráfico, sino con el relanzamiento de la geopolítica imperial más descarada y belicosa, el dominio geopolítica de nuestra región y el saqueo colonial de nuestros recursos naturales. Para muestra basta un botón: la conferencia de prensa de Trump de hoy, que de seguro quedará para siempre en los anales de la infamia y el cinismo.
Insisto porque el punto es central. Si Trump puede secuestrar al presidente de Venezuela sin consecuencias reales, Xi Jinping también podría hacer lo mismo con el presidente de Taiwán o Putin con Zelensky. Cuando el derecho internacional, la soberanía y el principio de no injerencia se aplican de manera selectiva, dejan de ser reglas y pasan a ser excusas. En ese escenario no hay límites jurídicos, solo poder. Y cuando el poder reemplaza al derecho, el conflicto deja de ser excepcional y se vuelve norma.
La newsletter de hoy (que tenía que salir ayer 😬):
El titular más importante de la consulta popular no es que el gobierno perdió sino que perdió *por igual* en todas partes, especialmente en los territorios donde siempre recibe apoyo mayoritario.
https://t.co/acglauq7il
"El voto por Noboa en las presidenciales (...) fue un voto frágil. No fue por convicción, sino q fue reactivo. [Movido por] el miedo al correísmo, un deseo de estabilidad (...) Vino de la mano de una paciencia condicionada. Esa adhesión [es] fácil de romper" @selenelo1711👏
Las preguntas difíciles pensando más allá del resultado.
Ganó el NO y eso es una derrota para el gobierno, pero la derrota es por mucho o por poco y con respecto a qué.
Puntos de comparación:
-Consulta de 2024 (abril)
-Resultados 2da vuelta 2025
1/6
¿Por qué la gente vota NO?
El NO crece no necesariamente porque exista una alternativa articulada, sino porque expresa una sensación acumulada de incertidumbre, desconfianza y cansancio. Es el voto de quienes sienten que el rumbo del país no está claro y que las decisiones del gobierno han generado más dudas que certezas.
✅ El NO es una reacción a la falta de claridad presidencial. Las preguntas más sensibles —como la 1 y la 4— llegaron sin una explicación convincente del proyecto de país que las sostiene. Cuando el votante no entiende hacia dónde va un cambio, prefiere quedarse con lo conocido.
✅ el NO recoge el malestar con el estilo de conducción del gobierno. La comunicación errática y los episodios autoritarios han erosionado la confianza. Quienes desean cambios de fondo sienten que este gobierno no ha mostrado coherencia para liderarlos.
✅ el NO conecta con una búsqueda de estabilidad. La crisis de seguridad, el aumento de la violencia y la sensación de un Estado desbordado generan miedo. En momentos así, la población suele desconfiar de reformas que parecen abrir más frentes de incertidumbre.
✅ el NO también reúne a quienes rechazan a la clase política, pero no desde la esperanza, sino desde la desilusión: dudan de que cualquier reforma —especialmente una constituyente mal explicada— mejore un sistema que perciben capturado por intereses.
Y, finalmente, el NO moviliza el recuerdo del Paro Nacional. Se exigió diálogo sobre la imposición autoritaria. Esa memoria pesa. Hay un sector que vota NO como recordatorio de que los cambios deben construirse con la gente, no desde arriba.
En resumen, la gente vota NO porque no confía, no entiende a esta administración y no ve resultados. Es un voto emocional, pero profundamente racional en su lógica: la urgencia de soluciones aunque no bajo la dirección de un proyecto que no termina de convencer.
La Constitución de la República del Ecuador fue ratificada por el pueblo ecuatoriano en 2008 con 63,93%. Hoy, 17 años después, ha recibido su segunda ratificación con 61%. Inédito en la historia. Es la hoja de ruta de este país para su futuro. Tengamos la humildad de merecerla.
El avance del NO no se explica por una sola variable. Muestra una ciudadanía que combina desconfianza, lectura del contexto y cautela democrática. Ojo, esto no es un triunfo partidista, sino el resultado de las diversas movilizaciones y resistencias que emergieron desde la gente.
Evidencia empírica del cambio cultural: del pudor intelectual al exhibicionismo opinativo.
▶️ Durante gran parte de la modernidad, el desconocimiento sobre un tema solía vivirse como algo vergonzante: el pudor intelectual imponía cierta autocensura antes de opinar en público.
▶️ En las últimas décadas, ese freno social se ha debilitado por factores como:
▶️▶️ Relativismo cultural y “posverdad”: se difumina la diferencia entre hechos y opiniones; “sentir que algo es cierto” pasa a tener el mismo valor que demostrarlo.
▶️▶️ Democratización radical de la voz pública: redes sociales y foros abiertos permiten que cualquiera pueda expresarse ante audiencias masivas sin mediación de autoridades epistémicas.
▶️▶️ Cultura del espectáculo: el entretenimiento prioriza el impacto emocional y la visibilidad sobre la calidad argumental.
▶️▶️ Efecto Dunning-Kruger: personas con bajo nivel de conocimiento tienden a sobreestimar su competencia.
▶️▶️ Sesgo de confirmación: los algoritmos de efecto burbuja y la búsqueda selectiva de información refuerza creencias previas y evita el disenso.
▶️▶️ Identidad tribal: la validez de la afirmación depende más de quién la dice (mi grupo) que de si es verdadera.
▶️▶️ Recompensa emocional: el aplauso digital y la sensación de pertenencia superan el costo de equivocarse, decir estupideces e incluso mentir.
▶️▶️ Populismo mediático: el uso del anti-intelectualismo como marca de autenticidad.
▶️▶️ Espectacularización del error: convierte, sin pudor, la ignorancia en recurso de marketing político.