Pisa y corre de ratas.
Cuatro jóvenes terminan de comer tranquilamente, la mesera les sirve con toda la amabilidad… y en cuanto ella se distrae un segundo, se levantan y se van sin pagar ni un peso.
Al final, la empleada tuvo que cubrir toda la cuenta de su propio bolsillo.
¿Quién educa a esta clase de personas? Jóvenes que roban el esfuerzo de quien trabaja honradamente para llevar el pan a su casa.
Que circule el video. Que alguien los reconozca. Que paguen lo que deben y sientan la vergüenza que merecen.
COMUNICADO A NUESTROS PASAJEROS Y A LA CIUDADANÍA
Ante la situación que atraviesa actualmente el sistema de transporte público en Paraguay, desde Magno S.A. y San Isidro S.R.L, expresamos los siguiente;
Hoy vi a una mujer gritarle a un cajero automático.
La gente se reía.
Yo también pensé que estaba “loca”.
Luego dijo en voz alta, sin mirar a nadie:
—Perdón… es que llevo 3 intentos y no me deja sacar lo que necesito para el entierro de mi hijo.
El banco estaba en silencio.
Nadie sabía dónde mirar.
Un chico que estaba detrás de ella sacó su tarjeta, retiró dinero y se lo dio sin decir nada.
Ella no lo aceptó al principio.
Lloró. Temblaba.
—Te lo devuelvo —dijo—, lo prometo.
El chico respondió:
—No hace falta. Hoy tampoco iba a comprarle flores a nadie.
La mujer se fue abrazando ese dinero como si fuera oxígeno.
Desde hoy día entendí algo:
no siempre vemos el dolor…
pero casi siempre juzgamos demasiado rápido.
No quiero bajar la caña a nadie, ni juzgar a quienes aman profundamente a sus mascotas. Al contrario: cuidar, respetar y amar a un animal habla bien de una persona.
Pero últimamente estoy viendo y leyendo cada vez más comentarios sobre los “perrihijos”, “gathijos” y comparaciones directas entre bebés y animales, como si fueran equivalentes. Y como personal de la salud, creo que vale la pena hacer una reflexión sobre este tema.
Antes que nada: considero que un animal es una excelente compañía. Todos deberíamos cuidar y amar a nuestras mascotas, porque son parte de nuestra vida y merecen bienestar. Pero una cosa es amar… y otra es humanizar, comparando su rol con el de un hijo.
Un animal no es un hijo
Un hijo es un ser humano en desarrollo, con necesidades emocionales, cognitivas, sociales y educativas complejas.
Requiere presencia, límites, crianza, protección y responsabilidad.
Una mascota merece cuidado, afecto, salud y respeto, pero no puede ocupar el mismo rol que un niño sin que se distorsione el sentido de la crianza humana.
¿Por qué se está normalizando?
Desde la salud infantil y la salud mental, esto suele aparecer en contextos como:
-soledad y aislamiento emocional
duelos y pérdidas
-miedo al compromiso o a la crianza
-necesidad de afecto, pertenencia y validación social.
El problema no es amar a una mascota.
El problema es reemplazar vínculos humanos esenciales por un vínculo que no puede devolver lo mismo.
-El riesgo social: relativizar el valor de la infancia
Cuando la sociedad empieza a comparar un perro con un hijo, ocurre algo delicado: se relativiza el valor de la infancia.
Y esto se ve en frases cada vez más comunes:
“Yo también soy mamá, tengo perrijos”
“Un perro es igual a un hijo”
“Es lo mismo, porque yo lo amo igual”
“Feliz día de las madres para mí, que soy mamá de un perro”
“Primero mi mascota que estuvo antes, después mis hijos”
⛔ compartir la cama con el perro como si fuera un hijo
No, no es lo mismo.
Porque un niño no solo necesita amor
niños expuestos a situaciones que sí pueden ser peligrosas.
Es importante decirlo con respeto:
una mascota no reemplaza a un hijo, ni la crianza humana.
Según el influencer se debe restringir las salidas a las personas con TEA, donde hay fiesta, sonidos, gente. Me recuerda a ciertos sicarios mediáticos burlándose de condiciones personales al aire, y a esto se llega; pretenden normalizar la discriminación. Indignante es poco.
Una niña pidió permiso para ir al baño poco después del recreo, pero la maestra le respondió que no, porque “debía haber ido en el recreo”. Este tipo de prácticas, muy habituales en las escuelas, parecen inofensivas, pero pueden tener consecuencias serias para la salud y el bienestar de los niños.
Retener la orina no solo genera incomodidad, sino que aumenta el riesgo de desarrollar infecciones urinarias. En la infancia, estas infecciones son frecuentes y, si no se tratan adecuadamente, pueden producir fiebre, dolor abdominal, alteraciones en los riñones y hasta complicaciones a largo plazo. Muchos niños terminan en consultorios pediátricos con diagnósticos de infecciones urinarias justamente por hábitos adquiridos: no ir al baño cuando sienten la necesidad o posponer demasiado tiempo el momento.
La interocepción —la capacidad de escuchar y responder a las señales del propio cuerpo— es una habilidad vital que se construye en la infancia. Cuando los adultos condicionamos a los niños a “aguantar” porque no es el momento adecuado, les enseñamos a ignorar esas señales.
A este problema se suma otro, igualmente preocupante: la seguridad en los baños escolares. Muchos niños evitan ir al sanitario no solo por miedo a ser reprendidos, sino porque lo asocian con experiencias negativas: bromas pesadas, bullying o, en casos más graves, situaciones de abuso.
Por eso, además de permitirles ir cuando lo necesitan, las instituciones educativas deberían garantizar que los sanitarios sean espacios seguros. Una medida concreta sería contar con un cuidador o personal responsable en el área de baños, especialmente en los niveles iniciales y de primaria, para supervisar y acompañar de manera discreta. Esto ayudaría a prevenir incidentes y a dar confianza tanto a los niños como a las familias.
Entiendo que algunos docentes puedan pensar que estas salidas interrumpen la clase, pero debemos poner en la balanza: un derecho básico como ir al baño, la prevención de infecciones urinarias y la seguridad emocional y física de los niños siempre deben estar por encima de unos minutos de enseñanza.
También existen alternativas prácticas que ya aplican muchos maestros, como establecer señales con la mano para pedir permiso sin interrumpir demasiado, o llevar un registro discreto si un niño pide ir con demasiada frecuencia, de modo a detectar si hay una causa médica, ansiedad o simplemente necesidad de movimiento.
Al final, lo esencial es no perder de vista que los niños confían en nosotros para que respetemos sus necesidades y cuidemos de su integridad.
Ir al baño es un derecho humano básico, una necesidad fisiológica y también una oportunidad para educar en la escucha del propio cuerpo y en la seguridad dentro de la escuela.
🔴 Vergüenza internacional
🔸 El aeropuerto Silvio Pettirossi está repleto de gente.
👉🏼 Los baños están fuera de servicio, lamenta un oyente.
✍🏾 "¿No sabían de los Juegos Panamericanos y que íbamos a recibir miles de visitantes? ¡Que inútiles nuestras “autoridades“!", escribió.
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@vanev87@Petropargov En que mundo, termo vivis? En Py ? Desde el jueves todas las estaciones de servicio alzaron los precios de combustible. Sos o te haces ?
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