No, no es cierto que un hogar se pueda salvar a punta de rezos. No, no es cierto que haya que aguantarlo todo porque “la mujer edifica su hogar”. No, no es cierto que estemos hechas para apoyar, aguantar y soportar TODO.
No sigamos replicando esas narrativas que tanto daño nos han hecho a las mujeres.
Hay lugares tóxicos de los que toca irse a tiempo. Hay personas que toca soltar, así las amemos. Hay que aprender a ponernos en primer lugar, a protegernos y a entender que nuestra vida y nuestra dignidad también importan.
Y no se vale usar a Dios para justificar que una mujer se quede en lugares donde no debería estar, mucho menos para pedirle que acepte porquerías que nadie debería aceptar.