Una relación de pareja sana no es la que nunca discute; es la que discute bien. Discutir no es sinónimo de ruptura, es sinónimo de que importan las cosas. Lo que marca la diferencia es cómo lo hacen: sin humillar, sin sacar cuentas del pasado, sin usar palabras como armas. Nos ha tocado ver parejas que evitan el conflicto por miedo y terminan explotando, o parejas que pelean sucio y se destruyen poco a poco. El amor maduro discute con respeto: escucha aunque no esté de acuerdo, pide perdón sin “pero”, busca soluciones en vez de ganar. Si en tu relación pueden enojarse y seguir queriéndose al día siguiente, eso es oro puro. Porque el amor que resiste una buena pelea es el que resiste todo. Peleen bien, perdonen mejor y elijan seguir juntos. Eso es pareja de verdad.
El mejor momento de nuestras vidas es cuando estamos tan bien que no nos importa lo que piensen de nosotros y tampoco nos interesa la vida de los demás.
Es hermoso cuando llega alguien que no te complica la vida, es más, te mejora. Te da tu lugar, te habla claro, te suma en todo, y encima te hace reír hasta cuando estás de mal humor