Ecuador puede estar triste por el futbol, pero no por el ciclismo 🇪🇨🔥
Jhonatan Narváez ganó la etapa 3 Tour de Suiza.
Richard Carapaz hoy fue subcampeón del Tour de Suiza.
Mateo Ramírez hoy fue subcampeón del Giro de Italia Sub 23.
El presente compite.
El futuro ya llegó.
Ecuador está en su prime.
También hay que ver hacia otros deportes.
Durante cincuenta años, Gisèle Pelicot creyó que entendía su vida. Había construido una familia, criado a sus hijos y atravesado las décadas con la certeza de que su matrimonio era sólido, de esos que resisten el paso del tiempo sin hacer ruido. Desde fuera, nadie tenía motivos para dudarlo. Desde dentro, tampoco.
Pero el cuerpo empezó a enviar señales que no encajaban en ninguna explicación lógica. Un cansancio constante, lagunas de memoria, síntomas que los médicos no lograban interpretar. Todo parecía difuso, como si algo no terminara de cuadrar. En un momento de lucidez, llegó a hacer la pregunta más difícil, la que nunca se formula sin miedo: si su propio marido podía estar implicado en aquello que no entendía.
Él lo negó, y ella decidió creerle. No por ingenuidad, sino porque después de tantos años compartidos, la confianza no se rompe sin pruebas. Se sostiene incluso cuando algo dentro empieza a inquietarse.
En 2020, esa confianza se hizo añicos. La detención de Dominique Pelicot por un delito aparentemente aislado llevó a los investigadores a revisar sus dispositivos. Lo que encontraron no solo desbordaba cualquier expectativa, sino que obligaba a replantear toda una vida. Miles de vídeos documentaban una realidad insoportable: durante años, Gisèle había sido drogada sin saberlo, dejada inconsciente en su propia casa, mientras su marido organizaba agresiones con otros hombres y registraba cada acto con una frialdad que convertía lo impensable en rutina.
La violencia no fue un instante, fue un sistema sostenido en el tiempo, oculto bajo una apariencia de normalidad. Ella no recordaba nada. Despertaba confundida, mientras él le ofrecía explicaciones que parecían suficientes para seguir adelante. La traición no solo fue física, sino emocional y psicológica, construida sobre la base de una confianza absoluta.
Cuando la verdad salió a la luz, no solo se rompió su matrimonio, se derrumbó la narrativa completa de su vida. Lo que creía haber vivido quedó atravesado por algo que nunca vio, algo que ocurrió en su propia casa, en su propio cuerpo, sin que pudiera defenderse.
En ese punto, la ley le ofrecía una salida: anonimato, protección, silencio. Podía desaparecer del foco, preservar su intimidad y reconstruirse lejos de la mirada pública. Muchas personas en su lugar habrían elegido ese camino, y nadie lo habría cuestionado.
Pero ella decidió lo contrario. Eligió mostrarse, dar su nombre y exigir que el juicio fuera público. No lo hizo por exposición ni por reconocimiento, sino por una convicción profunda: la vergüenza no debía recaer sobre quien ha sido víctima, sino sobre quienes ejercieron la violencia.
Durante el proceso judicial, estuvo presente, escuchó, sostuvo la mirada de quienes intentaban justificar lo injustificable y se mantuvo firme en algo esencial: una persona inconsciente no puede consentir, y ninguna interpretación puede alterar ese hecho.
En diciembre de 2024, los acusados fueron condenados, pero el alcance de su decisión fue mucho más allá de ese veredicto. Lo que Gisèle hizo fue romper un silencio estructural, abrir una conversación que llevaba demasiado tiempo evitándose y desplazar el foco hacia donde siempre debió estar.
Su historia no es solo la de una víctima que busca justicia, sino la de una mujer que decidió recuperar su voz cuando todo invitaba a callar. Demostró que incluso después de una traición devastadora, es posible reconstruir la dignidad desde la verdad y que el peso de lo ocurrido no debe ser soportado por quien lo ha sufrido.
En un mundo donde muchas historias similares permanecen ocultas, su decisión marca un punto de inflexión. No porque cambie todo de inmediato, sino porque obliga a mirar, a cuestionar y a reconocer lo que durante demasiado tiempo se ha querido ignorar.
Noelia ha decido morir, dicen los medios. Pero no cuentan que es una víctima de agresión sexual múltiple. Y que sus agresores son los responsables de hacerle tan difícil la vida, que solo piense que encontrará paz en la muert3.
Pero no solo eso: Noelia es el reflejo del fracaso social en la atención a víctimas. En la prevención de la violencia. En la gestión de los miles de casos que, por desgracia, suceden en nuestro país.
Noelia sufrió una agresión y su dolor fue, lógicamente, terrible. No llegó la ayuda que necesita, el equipo multidisciplinar que se requiere ni la justicia. No tuvo una sociedad a la altura ni en evitar el daño ni en gestionarlo.
Así que fue tan grande que no pudo más. Porque nadie puede con el peso de tanto. Por eso la responsabilidad es social. Por eso cuando sus agresores y el dolor que le causaron la llevaron a precipitarse al vacío desde un quinto piso solo quería paz. Paz que no encontró sobreviviendo, y que ahora encuentra en la última carta que decidió jugar: la eutanasia.
Una decisión personalmente legítima, pero socialmente un tremendo fracaso: no la ayudamos. No llegamos a aliviarle su dolor. Ni mucho menos a prevenir que viviera algo tan atroz. Esta es la consecuencia de no apostar por las víctimas, por un sistema eficaz basado en la evidencia: les truncan la vida sin poder creer que un mañana mejor es posible. Y siempre quedará la duda de si podríamos llegar a ella, de si de haberos encontrado antes podría haber sido diferente. Quiero creer que sí. Que otros sistema puede ser, y que debemos apostar por hacerlo posible.
Una historia para reflexionar sobre todo lo que fallamos y nos queda por mejor. Siento mucho que no haya podido ser de otra forma. Por ella, y por todas, seguiremos luchando 💪🏼💜
Hoy, en el #DíaInternacionaldelDerechoALaVerdad, el CEDEC recuerda que conocer la verdad sobre graves violaciones de derechos humanos es fundamental para garantizar la justicia, la reparación y la dignidad de las víctimas.
En este Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos reconocemos la entereza de víctimas y familiares.
La verdad y la justicia son #DerechosHumanos.
✍️Comentario de Jan Jarab, jefe de @ONU_derechos: https://t.co/tUKgeY0MZo
Hoy, en el Día Internacional del Derecho a la Verdad, recordemos que las víctimas siempre tienen derecho a saber:
Qué ocurrió y por qué.
Quiénes fueron los responsables.
Dónde y cómo están sus seres queridos.
En los casos de desaparición forzada, la incertidumbre es parte del daño. Y prolongarla en el tiempo es, una forma de perpetuar ese daño.
La Convención contra la Desaparición Forzada fue el primer tratado de derechos humanos en reconocer expresamente el derecho a la verdad. No como una declaración retórica o como una concesión del Estado a las víctimas y a la sociedad, sino como una obligación concreta.
Desde el Comité contra la Desaparición Forzada, ese es un punto de partida innegociable: insistir en que los Estados investiguen, esclarezcan, busquen y den respuestas.
#DerechoALaVerdad #CED #DerechosHumanos #CED20
102 mujeres firmamos esta carta —y seremos más— para acompañar a Lina Castillo, la joven que denunció a Hollman Morris y que mientras espera que la Justicia sea garante de sus derechos y se ocupe de su caso, enfrenta un proceso judicial que la ha revictimizado.
Cada 24 de marzo se conmemora el Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y la Dignidad de las Víctimas, una fecha que resalta la importancia de conocer lo ocurrido, preservar la memoria y garantizar justicia frente a hechos que han marcado profundamente a las personas, sus familias y a la sociedad en su conjunto.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos subraya que el derecho a la verdad constituye un pilar fundamental para la reparación integral de las víctimas y la no repetición de graves violaciones, reafirmando la obligación de los Estados de investigar, esclarecer los hechos y asegurar el acceso a la información.
#CorteIDH
#DerechosHumanos
🛑✋ Garantizar una vida libre de violencia para mujeres y niñas es una prioridad urgente.
Ninguna muerte por razones de género debe quedar impune. #PorYParaTodas
Aunque respetable, personalmente disiento con el criterio de @ismaelquintanag. Me parece que no da cuenta del carácter polisémico de los términos jurídicos.
La desaparición forzada, en efecto, es un delito de lesa humanidad. Sin embargo, también es un supuesto para que proceda la acción de hábeas corpus (LOGJCC 43 (2)). Asimismo, es una vulneración de algunos derechos constitucionales como la libertad ambulatoria, la vida, la verdad, entre otros. Al ser un acto atribuible a servidores del Estado, también es un hecho generador de responsabilidad extracontractual objetiva.
Desde mi perspectiva, estos distintos planos demandan análisis diferenciados, marcados por el objeto y finalidad de cada proceso. Calificar de desaparición forzada a un hecho a efectos de conceder una acción de hábeas corpus y establecer reparaciones no es lo mismo que imputar la comisión de un delito a un individuo, porque el hábeas corpus no tiene por finalidad establecer responsabilidad penal por la comisión de la infracción.
Incluso, las normas procesales y de valoración de la prueba varían entre un caso y otro, pues para el hábeas corpus rige la presunción de veracidad de los hechos planteados en la demanda, mientras que en los procesos penales se requiere la destrucción de la presunción de inocencia para revertir ese estado mediante sentencia ejecutoriada.
De seguir una línea de razonamiento como la que plantea Ismael, se podría caer en exigir prejudicialidad penal para que proceda el hábeas corpus, o para exigir reparación por parte del Estado en estos casos. En mi criterio, una decisión de ese tipo restaría toda efectividad a la garantía. Por esta razón, no observo la contradicción señalada en la sentencia de la sentencia de la @CorteConstEcu.
Esta sentencia es de lectura obligatoria para todas y todos, incluidas las personas que hacemos periodismo en 🇪🇨.
La Corte reconoció la desaparición forzada de Ismael, Josué, Nehemías y Steven, rostro de otras 47 personas desaparecidas durante operaciones militares en el CANI.
La sentencia de la Corte Constitucional sobre el caso de los 4 niños de las Malvinas, debería llamarnos a una profunda reflexión.
Es una herida como país que debemos aprender a sanar y hacer todo lo posible para que no se vuelva a repetir. Nosotros los civiles, desconfiamos cada vez más, de estas Fuerzas.
Las Fuerzas Armadas deberían trabajar para que nunca más sus miembros se conviertan en asesinos de niños a sangre fría.
🔵 #BoletínCC | La Corte Constitucional conoció el caso de los cuatro niños de Las Malvinas y desarrolló el alcance del hábeas corpus instructivo como garantía del derecho a la verdad.
Conoce más aquí ⤵️
https://t.co/olYJ8WJrZX
#ProtegemosDerechos
#Ecuador 🇪🇨
#LasMalvinas Sentencia que declaró culpables a 16 militares por la desaparición de cuatro menores de edad es un “paso significativo” contra la impunidad, aseguró el Representante de @ONU_derechos Jan Jarab.
Comunicado✍️ https://t.co/mLdgVgh30e
Hay suficiente comida en el mundo para todas las personas.
Sin embargo, millones se acuestan a dormir con hambre, mientras 1.000 millones de platos de comida se desperdician todos los días.
Cuando vayas al supermercado hoy, compra solo lo que necesitas.
📣 Difunde y que más gente se sume. 🌎
Via @WFP_es
En @elespectador Dedicamos el editorial de hoy de a Gisèle Pelicot. "Por supuesto, no todos los hombres son agresores sexuales, pero ninguno es ajeno a las desigualdades de género".
Recomendado. Pasen a leer: https://t.co/TY0bpmTg5E