No creo que nadie haya hecho nueve partidos seguidos de Copa del Mundo como los que lleva Messi.
No en los últimos treinta años al menos.
Es de una grandeza infinita. Verlo in situ es simplemente imposible de explicar. Grandeza absoluta.
Es oficial. Teletextino Pérez estará en el cargo de forma vitalicia. Fallecerá en el cargo y será enterrado en el Mausoleo Santiago Bernabéu, ya que tampoco sirve para otra cosa.
La necrópolis será sellada herméticamente. Al presidente le acompañarán en su eterno descanso sus riquezas, mascotas y sus, todavía vivos, sirvientes: Santiago Solari, Álvaro Arbeloa, Chendo y Gladys, su cuidadora.
Su espíritu atormentará eternamente a RuidoBernabéu y a un becario del ABC que dijo que estaba cansado.
Si la patria es solo "la gente que habita en ella" entonces se extingue y se refunda cada generación. Cervantes ya no es patria porque no habita. Los caídos en Lepanto tampoco. Tus nietos aún no. La definición disuelve lo que pretende defender.
Cicerón hablaba de vínculo con los antepasados, las leyes y el suelo. Burke en 1790 la define como contrato entre los muertos, los vivos y los que aún no han nacido, vinculados a un territorio. Chesterton lo llama la democracia de los muertos. Eso es la patria, no un censo actualizado al minuto.
La democracia liberal es el sistema político que Estados Unidos exige a sus subordinados por ser el más sencillo de parasitar e integrar en su esfera imperial.
No hay en esta premisa intención moral o empatía alguna.
La democracia liberal es ideal porque:
1) Genera una fractura política interna perpetua y esclerótica, haciendo que los países abandonen su soberanía en un conflicto constante entre facciones creadas artificialmente.
2) La democracia liberal diluye el patriotismo y, en lugar de unir a la ciudadanía en una causa común, la divide en facciones carentes de poder real para beneficiar a la sociedad en su conjunto.
3) Permite la liberalización total de la economía, de modo que Estados Unidos solo necesita emplear su poder financiero y el dólar para parasitar sectores estratégicos.
4) Evita que Estados Unidos tenga que administrar directamente otros Estados; basta con financiar a los actores adecuados para impulsar sus intereses.
5) Ofrece a los pueblos una falsa sensación de libertad, haciéndoles creer que tienen un poder real sobre la soberanía de su país, cuando en realidad participan en un concurso de popularidad periódico impulsado por los aparatos propagandísticos de cada nación y de los propios Estados Unidos.
Vanguardia Española repudia la intervención militar imperialista depredadora anglosajona en la hermana nación de Venezuela. EEUU vuelve a la Doctrina Monroe más descarnada y bombardea una nación iberófona, tras la última vez en 1989, cuando lo hizo con Panamá. Expresamos todo nuestro apoyo a la organización hermana de Vanguardia Venezolana y al resto del pueblo venezolano, tanto partidarios del capturado Nicolás Maduro como a sus opositores. La soberanía nacional está por encima de cualquier ideología.
Trump quiere el petróleo de Venezuela y asegurar que las fauces yankis nunca dejen de morder al mundo hispano. La unidad de las Vanguardias Socialistas Iberófonas en esta cuestión es inquebrantable. Asímismo, esperamos que los denominados "hispanistas" estén a la altura de las circunstancias, y demuestren que su defensa de la Hispanidad sea algo más que mero folclore, nostalgia del fenecido Imperio Español y subordinación a EEUU y al europeísmo. Que los árboles no nos impidan ver todo el bosque. Este es un episodio más de nuestros Dos Siglos de Humillación.
1️⃣ Derrocar a un dictador suena moralmente justo. Nadie llora por un tirano. Pero el derecho internacional no se construyó para proteger a los buenos, sino para contener a los poderosos. Por eso prohíbe la fuerza casi sin excepciones: no porque ignore la injusticia, sino porque sabe que, si cada país decide a quién “liberar” a balazos, el mundo vuelve a la ley del más fuerte.
2️⃣ El problema no es Maduro. El problema es el precedente. Cuando la fuerza militar se usa para cambiar gobiernos sin reglas claras, la soberanía deja de ser un límite y se vuelve un estorbo. Hoy es “derrocar a un dictador”; mañana será “corregir una elección”, “proteger intereses”, “restaurar el orden”. El derecho no absuelve dictaduras, pero tampoco legitima cruzadas unilaterales.
3️⃣ La pregunta incómoda no es si un tirano merece caer, sino quién decide cuándo y cómo. Porque la historia enseña algo brutal: sacar al dictador es fácil; construir justicia después, no. Y cuando la legalidad se rompe en nombre del bien, casi siempre lo que sigue no es libertad, sino caos, violencia y nuevas víctimas. El derecho existe para recordarnos eso, incluso cuando incomoda.