«La mejor forma de saber si puedes confiar en alguien es confiando» - Hemingway
Nos aconsejan todo el rato que seamos desconfiados: “No seas ingenuo”, “ten cuidado”, “piensa mal y acertarás”.
Pero este enfoque tiene un coste.
Cuando partimos de la desconfianza, todo se vuelve más lento, más caro y más solitario.
Y los estudios demuestran que los humanos somos mejores de lo que pensamos.
- Miles donan sangre de forma anónima, sin esperar nada a cambio.
- Desconocidos ayudan en la calle cuando ven a alguien en apuros.
- Compañeros de trabajo se esfuerzan incluso cuando nadie los vigila.
En un estudio reciente, investigadores dejaron 17.000 carteras en las calles de 355 ciudades. Cada una contenía algo de dinero y los datos de contacto de su “dueño”.
En algunos países, más del 70 % de las personas las devolvieron.
Y, curiosamente, cuanto más dinero tuviera la cartera, más probabilidad había de que fuera devuelta.
Como tú, la mayoría de las personas intenta hacer lo correcto.
De hecho, los actos honestos son tan numerosos que pasan desapercibidos. La bondad es silenciosa.
Por el contrario, la maldad es ruidosa: violencia, robos, estafas…
Esto es lo que sale en los telediarios, y esto es lo que recordamos.
Como explico en Sabia Mente, las noticias tienden a distorsionar la realidad. Hacen que la excepción parezca la norma. Pero las noticias son noticias precisamente por su rareza.
Lo que nadie nos cuenta es que la desconfianza nos puede salir muy cara.
Rompe relaciones, mata oportunidades, nos llena de ansiedad y sospecha.
El progreso, la colaboración y la amistad necesitan confianza.
Recuerda también que la gente suele responder como es tratada. Si alguien percibe desconfianza por tu parte, responderá con desconfianza por la suya.
Tampoco se trata de confiar ciegamente en todo el mundo, por supuesto. Toma precauciones y no corras riesgos innecesarios.
Pero intenta que los muros de tu desconfianza no sean muy altos. Aunque te pro