COMUNICADO
Hola amigos.
Me resulta desolador tener que dar de nuevo explicaciones que he repetido, una y otra vez, sobre mis objetivos en mis proyectos teatrales.
La ruina de la que se me hace víctima en determinados medios no existe. Lo siento por aquellos que pudiesen encontrar un cierto placer en que esto fuese así.
El proyecto del Teatro del Soho CaixaBank es un proyecto donde solo me planteo un objetivo: hacer las cosas como creo que se deben hacer y tratar de buscar la excelencia en nuestras producciones, más allá del déficit económico que estos acarreen, y que, gracias a Dios, puedo asumir sin ningún problema. Ese es el pacto con mi pasión por el teatro, por mi ciudad, y conmigo mismo.
Si hubiese querido ganar dinero habría sido muy fácil. Pero he preferido hacer producciones grandes, donde he dado trabajo a cientos de personas, y he disfrutado como no lo habia hecho en toda mi carrera.
La noticia es que voy a seguir haciéndolo. Lo he dicho en ruedas de prensa y en diferentes entrevistas en incontables ocasiones.
El Teatro del Soho CaixaBank es una empresa privada sin ánimo de lucro que más bien opera como un teatro público. Eso quiere decir que el proyecto no recibe subvenciones de dinero público y no lo hará mientras yo esté vivo. Me hago cargo de los gastos derivados de acometer proyectos carísimos que difícilmente veréis en empresas que han de presentar una cuenta de resultados. Y aquí me gustaría agradecer la destacada participación de los magníficos patrocinadores que me acompañan en esta aventura.
El año pasado metimos en el Soho, contando con la producción que recaló en Madrid, casi 200.000 espectadores. Hemos logrado romper moldes en estos años y lo vamos a seguir haciendo. No, amigos míos, no estoy arruinado, estoy a tope! Y soy amenazantemente feliz!
Hasta la vista babies.
Llevo varios días recordándole a mi hijo de siete años que se acerca el día del Padre. Por aquello de que vaya preparando algún regalo. Ayer, convenientemente informado por sus profesores, me dijo que no. Que yo estaba mal informado y que el 19 de marzo no es el día del Padre, sino el día del Colegio. Ante tal afrenta a mi paternidad (y a la de todos los que somos padres) le dije que no, que me dolía decirlo, pero que le habían engañado. Le conté que desde hace unos años, por aquello de que niños sin padre se podrían sentir molestos, muchos centros educativos habían decidido eliminar la mención a los padres. "Y yo", le dije "no estoy de acuerdo con eso".
Le dije a mi hijo que se puede celebrar el día de la Hispanidad sin ser español, que se puede celebrar el día de Navidad sin ser cristiano y que, por supuesto, se puede celebrar el día del Padre aunque no se tenga padre. Le dije que en las celebraciones nunca nos celebramos a nosotros mismos, sino que lo que se celebran son valores y principios universales independientemente de la historia personal de cada uno. Y que quienes no tienen padre, lejos de sentirse molestos, deberían también celebrar a los padres de los demás. Porque la vida no consiste en adaptar la realidad para que nadie se sienta incómodo. La vida va de aprender a convivir con ella, de entenderla y, si es necesario, de transformarla desde la madurez, no desde la negación. Evitar cualquier referencia a lo que no todos tienen (a lo que, a menudo, se les ha negado) no es inclusión, sino simple y despiadada amputación cultural.
Un mes antes de quitarse la vida, Kira hizo un vídeo para el colegio recomendando un libro que acababa de leerse, precisamente trataba sobre bullying. Kira siempre buscaba la oportunidad para hablar de violencia y acoso escolar. Esto es solo un fragmento, pero a mí me marcó un camino. Ahora soy yo la que escribe la historia de una niña de 15 años que tuvo que soportar años de burlas y humillaciones #eldiariodekira es mi terapia, me lo dice el psiquiatra que lleva mi duelo. Ayudará a otros y me ayudará a mi, por desgarrador que sea.
Pronto veréis tambalearse muchos cimientos. Esto no ha hecho más que empezar. Por Kira y por todas las víctimas.
Siempre 3 🦋💕 @JMporKiraLopez