Cuando Camila Flores pida sororidad y respeto, recuerden que se mandó declaraciones como esta y otras peores. Esa mujer no merece ninguna consideración
@Ricardo80072800 Nada que comprender porque su presidente se paró a hablar promesas y dar premisas que cualquiera puede decir.
"La educación es el futuro del país "
"La delincuencia es mala"
"Los chilenos están cansados de promesas"
Disfrute la cagá que votó. #Cuentapublica2026
TREMENDO MATAMALA
Logró que un egocéntrico, envidioso y mitómano como Kast , reconociera que el presidente Boric había expulsado delincuentes a sus países de orígenes.
VIOLENCIA SIMBÓLICA
La victimización del victimario.
Hay una forma de violencia particularmente perversa. No rompe vidrios, no deja hematomas, no dispara balines ni lanza piedras. No necesita gritar porque sabe que puede herir susurrando. Es la violencia simbólica: esa modalidad refinada de agresión que se disfraza de opinión, performance o simple libertad de expresión, mientras inocula desprecio, humillación y provocación calculada.
La violencia física es condenable. La verbal también. Sobre ello existe un consenso razonable. Sin embargo, hay una categoría más sofisticada y escurridiza que suele escapar al escrutinio público porque opera desde la ambigüedad. Su fuerza radica precisamente en que puede negar su propia existencia. Golpea y luego afirma que jamás levantó la mano.
La violencia simbólica consiste en utilizar símbolos, mensajes, imágenes o conductas destinadas a provocar, degradar o imponer una visión sobre otros, especialmente cuando dichos símbolos evocan experiencias traumáticas, abusos o episodios dolorosos para una parte significativa de la sociedad.
Quien se viste deliberadamente evocando a un dictador, quien reivindica represiones que dejaron víctimas o quien transforma el sufrimiento ajeno en una puesta en escena política, sabe muy bien lo que está haciendo. No hay ingenuidad posible. La provocación calculada rara vez es un accidente.
Lo fascinante, y al mismo tiempo miserable, es que los cultores de esta práctica suelen presentarse como paladines de la tolerancia. Lanzan la piedra simbólica y esconden la mano. Instalan el agravio y luego exigen respeto. Provocan hasta el límite y, cuando alguien reacciona, se apresuran a ocupar el papel de víctimas.
Es una operación política de una pobreza intelectual notable. Consiste en reemplazar las ideas por la provocación, el debate por el espectáculo y los argumentos por la manipulación emocional. No se busca convencer; se busca irritar. No se pretende construir; se pretende detonar.
El procedimiento es conocido. Primero se introduce un símbolo destinado a herir sensibilidades. Luego se espera la reacción. Finalmente, cuando esta llega, se denuncia intolerancia, censura o fanatismo. El agresor se transforma mágicamente en agredido. El victimario se disfraza de víctima. Y la discusión pública queda reducida a una representación grotesca donde la responsabilidad desaparece.
Nada de esto justifica insultos, amenazas o agresiones físicas. La violencia nunca es una respuesta legítima. Pero tampoco puede aceptarse la ficción de que la provocación permanente carece de consecuencias. La convivencia democrática exige derechos, pero también responsabilidades.
Las democracias saludables descansan sobre desacuerdos profundos administrados mediante reglas compartidas de respeto. Cuando actores políticos convierten la provocación en estrategia, erosionan precisamente esas reglas. Transforman el espacio público en una arena donde el objetivo ya no es deliberar, sino exasperar.
La violencia simbólica es especialmente dañina porque es persistente. No actúa como un golpe aislado, sino como una gotera constante que deteriora lentamente la confianza social. Va normalizando el desprecio, trivializando el dolor ajeno y degradando el lenguaje político hasta convertirlo en una competencia de provocaciones cada vez más extremas.
Por eso resulta tan peligrosa. Porque destruye la convivencia mientras proclama defenderla, y agrede mientras reclama respeto. Porque ofende mientras exige consideración. Y porque, en su versión más ruin, convierte la reacción de los otros en combustible para su propio relato victimista.
Provocar deliberadamente para obtener una respuesta y luego denunciar al provocado no es valentía. Tampoco es libertad. Mucho menos política. Es una forma de cobardía. Una de las más refinadas y miserables. La cobardía de quien no tiene nada que ofrecer salvo el agravio. La mediocridad de quien, incapaz de construir una idea, decide construir una trampa.
@MisColumnas
Atacan a ambientalista Cristóbal Sepúlveda de ONG "No + Zonas de Sacrificio": Terminó con fractura de cráneo.
La víctima fue atacada por tres sujetos Punta Arenas.
Espero la condena del @ChilePDGcl
y del @PresidenteKast esto no era fútbol.
https://t.co/MHwqkTdHT4
Un payaso patético y cobarde, @JavierOlivares que hace apología de un criminal y ladrón como Pinochet, que agravia a las víctimas del exterminio y a una sociedad que fue oprimida, ahora llora y se victimiza porque recibió lo que merecía,
@thecliniccl Recuerden estos rostros y al @ChilePDGcl se vendieron a la ultraderecha y si ahora tu vida cambio con la aprovacion a la reconstruccion nacional, terminaremos muy mal y todo sera para los grandes empresarios y para el resto pagar todo y mas.
No vamos a permitir que avance una reforma tributaria que obliga a apagar a los más pobres, lo que no quieren pagar los más ricos.
El regalo de Kast al 1% más rico de Chile, por 4.500 millones de dólares sin compensación fiscal, es un escándalo y un abuso contra la clase media y familias trabajadoras.
#cadenanacional #reformatributaria #regalazoalosricos