Aquí tenéis la carta que reciben desde hace 30 años los niños del programa de la Biblioteca de la Imaginación de Dolly cuando llegan a los cinco años, un programa que ha repartido más de 300 Millones de libros a familias rurales desde su inicio,
300 millones de libros.
Repetid conmigo: 300 MILLONES.
¿Y sabéis porqué?
Porque nunca olvidó que su padre era un pobre granjero que nunca supo leer ni escribir.
Porque Coat of Many Colors no es solo una canción: es el testimonio musical del abrigo de retales que su madre, madre de otros once niños más, pobres hasta el hambre, le hizo porque no tenía otra forma de hacerle un abrigo. De retales.
Porque cuando Dolly nació, su padre le pagó al médico con un saco de maíz. Porque eran pobres. No románticamente pobres: dolorosamente pobres. De la pobreza que duele en el estómago cuando no tienes para comer.
Dolly y Carl, ese marido discreto al que le dedicó la canción Jolene cuando una cajera de banco le hizo ojitos y parecía querer robarle al amor de su vida, no tuvieron hijos. Pero tuvieron algo más grande: millones de niños que accedieron a libros gratis, desde bebés hasta los cinco años, niños que según estadísticas demostradas, mejoran los valores de alfabetización con respecto a los no adscritos al programa.
Dolly Parton fue una intérprete excelente, una compositora mayúscula, una diva del escenario, una actriz infravalorada y una mujer con una personalidad a prueba de bombas, sí.
Pero sobre todo era alguien que jamás olvidó de dónde venía.
Y era una buena persona. Y quizás eso sea lo más importante.