Hay una pelea interna que no es solo futbolera. Es más humana que deportiva.
Cuesta aceptar que alguien que fue símbolo de claridad, de carácter y de conducción hoy no pueda encontrar una sola respuesta. Porque cuando un líder cae, no cae solo él, se mueve algo nuestro. Se desmorona una etapa que nos hizo felices. Se fisura un recuerdo que parecía intocable.
Pero el tiempo no firma contratos de eternidad.
El liderazgo también está sujeto a ciclos. Hay momentos para construir desde el hambre, desde el desafío, desde la rebeldía. Y hay momentos donde lo construido pesa. Donde la obligación reemplaza al impulso. Donde la historia empieza a exigir más de lo que protege.
Y ahora nos pasa que el corazón quiere cuidar el mito, pero la razón pide leer el presente.
Tal vez la madurez, esté en entender que los liderazgos no son eternos, pero las huellas sí. Que alguien puede dejar de ser la respuesta actual sin dejar de ser parte esencial de nuestra historia.
El tiempo no borra lo que pasó.
Pero tampoco se detiene por respeto a lo que fue.
Y aceptar eso duele, pero significa crecer.
Genocidio futbolístico lo de Gallardo. Hubo una época en la que todo lo que tocaba lo mejoraba. Hoy todo lo que toca lo empeora. Sin obviar los niveles insostenibles de muchos jugadores, pero cada decisión del DT es más inexplicable que la anterior desde hace varios meses. Los nombres, los cambios, la postura del equipo. Todo. Vergonzoso y decepcionante de punta a punta lo de River. No se salva nadie.
Equipo horrendo e inmirable que le falta el respeto al escudo. Si River no clasifica a la Libertadores que viene será merecido. Si sale campeón de algo sería una hazaña histórica. Y en una Liga seria de 20 equipos ni siquiera merecería clasificar a la Sudamericana. Un asco el nivel futbolístico y cada una de las decisiones de Gallardo.
Podridos de este tipo de eliminaciones. Totalmente podridos de sentir que tarde o temprano la vamos a cagar y que ni siquiera estamos en condiciones de pelear en serio por ganar un título. De este Gallardo perdido. De saber que al plantel no le da. Mucha tristeza e impotencia.
Te ganó con 32. Con 33. Con 35. Con 38. Y con 39 siendo figura total. En semis y finales. En el Monumental y la Bombonera. En Mendoza y en Europa. En ligas y en Libertadores. Te bailó adentro y te burló afuera. No se puede discutir nunca jamás el liderazgo de un ídolo de River.
Estuve casi una década entera cerrando los ojos y confiando ciegamente en River. Desde el 30 de marzo del 2014 hasta mediados del 2023. Sintiendo que había un ida y vuelta permanente de adentro hacia afuera y viceversa. Viéndome representado en un grupo de jugadores y en tres cuerpos técnicos que durante ese lapso hablaron el mismo idioma que el nuestro. Con hechos concretos en la cancha apoyando lo que decían ellos mismos en los micrófonos, con una identidad innegociable, y con un espíritu competitivo que más allá de algunas derrotas duras siempre estuvo a la altura de la camiseta.
El River de los últimos 10 meses rompió religiosamente todas esas cadenas que parecían inquebrantables. Nos decepcionó varias veces de la peor manera. Por las malas decisiones desde afuera del técnico bancando jugadores que ya cumplieron su ciclo en el club y con falta de reacción en los momentos adversos para cambiar la ecuación, y por la triste falta de personalidad y carácter desde adentro de un gran puñado de futbolistas. Con líderes mudos, y con un equipo que en los partidos definitorios solamente jugó bien un segundo tiempo contra Estudiantes. Y para colmo de males nos bancamos el hecho de ser claramente superados futbolísticamente en los mano a mano por el cĺasico rival después de una pila de años.
Por eso estoy dolido. No por un solo mal resultado. No por un papelón contra Temperley, que nos ganó merecidamente porque esos pibes sí jugaron con hambre y creyeron hasta el final, como creíamos nosotros durante esos 9 años ya mencionados. Estoy triste por la suma de todos esos males. Estoy con un nudo en la garganta porque hace un tiempo dejé de creer en nuestro equipo y de sentirme representado como tal, y eso duele como la puta madre. Porque no es algo que tenga arreglo de la noche a la mañana.
Para los fanáticos de las estadísticas esto es un empate, o sea digamos que River solo perdió dos partidos en el año. Buenos números, debemos estar muy bien.